La mujer sale corriendo de casa y abandona a su marido y a sus hijos. Dos días después, recibe una carta.
Al regresar del trabajo, el padre decide ver tranquilamente el partido de fútbol, sin asumir ninguna responsabilidad doméstica ni paternal. No quiere acostar a los niños, que no dejan de gritar.
Sin embargo, esa noche todo cambia: su esposa, perdiendo la paciencia, sale de casa dando un portazo. Ellos se quedan con su padre. De repente, la apacible vida de un hombre con una cerveza en el sofá se trastoca por completo. Esto es lo que le escribe el marido a su esposa unos días después:
Querida Carmen:
Tuvimos una discusión hace unos días. Llegué a casa agotado. Eran las 20:00 y lo único que quería era tumbarme en el sofá y ver el partido.
Tú estabas de mal humor y extenuada. Los niños peleaban y gritaban mientras tú intentabas acostarles.
Subí el volumen para no oírles.
¿No te vendría mal ayudar un poco y poner de tu parte en la crianza?, dijiste, bajando el sonido del televisor.
Desesperado, respondí: He trabajado todo el día para que puedas quedarte en casa y jugar con la casa de muñecas.
Empezó la discusión y las razones se sucedían. Lloraste de cansancio y rabia. Dije muchas cosas. Gritaste que no podías más. Y saliste de casa, dejándome con los niños.
Tuve que darles de cenar yo solo y acostarles. Al día siguiente, no volviste. Pedí unos días libres en el trabajo y me quedé en casa con los pequeños.
Pasé por todos los llantos y quejas.
Corría de un lado a otro sin tener ni un momento para darme una ducha.
Estaba todo el día en casa y no podía hablar con nadie mayor de diez años.
No tuve la oportunidad de sentarme a comer en paz, tenía que cuidar de los niños sin pausa.
Me sentía tan exhausto que podría haber dormido durante 20 horas seguidas, pero imposible: siempre hay uno que se despierta llorando cada tres horas.
He estado sin ti dos días y una noche. Y ahora lo entiendo todo.
He comprendido lo agotada que estás.
He entendido que ser madre es un sacrificio constante.
Es mucho más duro que pasar diez horas en una oficina tomando decisiones importantes sobre dinero.
Me he dado cuenta de que has renunciado a tu carrera y a tu independencia económica para volcarte en el cuidado de nuestros hijos.
He comprendido lo difícil que resulta depender económicamente de la pareja.
Ahora veo el sacrificio que supone renunciar a una cena, a una sesión de gimnasio, a un rato con amigas, a tus propios hobbies y hasta a dormir bien.
Entiendo lo que sientes estando encerrada en casa con los críos y viendo cómo pasa la vida afuera sin ti.
Entiendo por qué te duele cuando mi madre cuestiona tu forma de educarles. Nadie conoce ni cuida a nuestros hijos como tú.
He entendido que las madres asumen la mayor responsabilidad dentro de nuestra sociedad. Tristemente, nadie lo agradece ni lo valora como merece.
No escribo esta carta solo para decirte cuánto te echo de menos. No quiero que pase un solo día más sin que escuches estas palabras:
Eres valiente, haces un trabajo admirable y te admiro muchísimo.
El papel de esposa, madre y encargada del hogar, aunque es el más importante, sigue siendo el menos reconocido. Comparte esta carta con las mujeres de tu vida para que empecemos, por fin, a valorar el oficio más importante del mundo: ser madre.Cuando termines de leer estopor favor, vuelve. No te prometo perfección, pero sí una nueva mirada y dos manos dispuestas a compartir el peso. Porque la casa, los hijos, y la vida entera, sólo tiene sentido si la llevamos juntos.
Te espero, con la puerta y el corazón abiertos. Esta vez, también pondré yo a dormir a los niños.
Con amor y admiración,
Andrés





