Incómodo – tener hijos de distintos hombres

Tengo unos vecinos que son un matrimonio mayor y su hija, Lucía, vive con ellos junto a sus tres hijas. Dicen por el barrio que Lucía es huérfana de padre por eso de que tiene tres niñas y cada una con un padre distinto. Sobre Lucía cuentan que se casó por primera vez cuando apenas tenía 18 años. El chico estaba locamente enamorado de ella y sus padres, más blandos que un flan, aceptaron de buena gana. Al fin y al cabo, ¿quién no quiere ver a su hija contenta?

Estuvieron juntos unos cinco años, pero por algún motivo, lo de tener hijos no se les daba. Como suele pasar, la culpa se la echaban a Lucía, que si de joven había sido tan juerguista que ya no servía para tener hijos, que si otra cosa… En fin, chismes de escalera.

La suegra de Lucía, que había nacido en un pueblo de León y tenía más refranes que la RAE, no perdía ocasión de recordarle al hijo que eso de una mujer sin hijos, ni es mujer ni es nada. El caso es que el hijo, más influenciable que una hoja al viento, terminó haciéndole caso a la madre y dejando a Lucía. Tocó divorcio, pero Lucía decidió no cambiarse el apellido. Total, para qué, con lo que tardan estos papeles en España, decía ella.

Luego conoció a otro chico y, como quien no quiere la cosa, se quedó embarazada. Resulta que la del problema no era Lucía, sino el primer marido, pero claro, a ver quién devuelve los cotilleos una vez lanzados. El padre salió corriendo antes de oír el primer llanto, así que Lucía, muy práctica, inscribió a la niña con los apellidos del primer marido. Menos quebraderos de cabeza.

Su madre, Carmen, estaba encantada con la nieta, porque llevaba años diciéndole que se le pasa el arroz. Pasaron los meses y Lucía anunció otra vez embarazo. Por si acaso, esta vez se casó de nuevo. El nuevo marido, sin embargo, tenía otros planes; los niños no entraban en ellos, por lo menos tan pronto. Mala suerte. La niña nació con algunos problemas de salud y el padre puso pies en polvorosa, ni se molestó en pedir el divorcio.

Más tarde, Lucía encontró otro señor y, aunque sus padres pusieron el grito en el cielo por la dificultad de mantener tantas bocas con los sueldos españoles y la subida del pan, Lucía tiró para adelante. Tuvo a la tercera hija y, cómo no, el padre desapareció más rápido que un billete de cincuenta en Navidad. Le puso otro apellido y a seguir.

Menos mal que entre todos, y sobre todo con un poco de ayuda de sus padres (y un préstamo del banco, cómo no), Lucía consiguió comprarse un pisito, aunque fuera a las afueras de Valladolid. Después de una buena bronca con sus padres, Lucía cayó en la cuenta de que había que buscar dinero para sacar adelante a las tres crías, así que decidió pedir la manutención. Pero ¿qué creen? Nadie quería hacer de padre, ni reconocer a las niñas ni a tiros. Algunos fingieron no conocerla, otros incluso la amenazaron, como si ella fuera el problema.

Así es la vida de Lucía. Tiene hijas, sí, pero ¿y qué? Aquí la ves, otra vez, en un lío más grande que el acueducto de Segovia.

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Incómodo – tener hijos de distintos hombres