Mira, te cuento algo que me tiene la cabeza hecha un lío.
Yo me llamo Gonzalo, tengo ya 65 años. Llevo la friolera de 34 años casado con mi mujer, Carmen, que tiene 62. Tenemos un hijo ya mayor, Álvaro, casado y con críos también. La cosa es que, después de tantos años juntos, siento que entre Carmen y yo se ha ido apagando la chispa, como si ya fuésemos unos completos desconocidos.
Cuando nos jubilamos, a mí me entró el antojo de comprar una casita en un pueblo de Castilla, para vivir tranquilos, entre olivos y cigarras, ¿sabes? A Carmen no le hacía mucha gracia, ella siempre ha sido más de ciudad, de sus libros y de pasar las tardes viendo la tele en el sofá, pero al final la convencí. Nos hicimos con una casita pequeña pero muy coqueta y nos fuimos allí en verano. Yo estaba encantado con esa vida de pueblo, paseos por el campo y cuidando el huerto. Pero a Carmen aquello no le entraba ni a cuentagotas. Se le hacía cuesta arriba y, para colmo, nunca quería echarme una mano fuera, siempre decía que se encontraba regular. Así que al final, me tocaba encargarme de todo a mí solo.
En cuanto llegó el otoño, volvimos a Madrid y, te lo juro, se le iluminó la cara a Carmen. Yo, sin embargo, sentía que necesitaba el aire del pueblo, así que, al poco, hice las maletas y me volví yo solo a la casa rural. Allí me sentía vivo, en paz, de verdad. Desde entonces, Carmen y yo apenas nos vemos.
Y mira tú por dónde, en el pueblo conocí a una mujer, Marisol, que tiene 60 años. Al principio, la cosa fue tranquila, ella apenas me hacía caso, pero poco a poco hemos congeniado y ahora estamos la mar de bien juntos. No sé qué hacer Quiero divorciarme de Carmen y seguir adelante con Marisol, pero me da miedo lo que pueda pensar Álvaro, nuestro hijo. De momento, a Carmen le digo que sigo allí, liado, poniendo en orden la casa y el jardín. Pero en realidad, paso casi todo el tiempo con Marisol, compartiendo cosas que hacía años no sentía.
Carmen no tiene ni idea de todo esto. Yo no soy capaz de sacar el tema, ni de decirle a la cara que quiero separarme, porque no sé ni cómo empezar esa conversación. No tengo ni idea de qué hacer, estoy hecho un lío, de verdad.







