Hace tres años me divorcié de mi marido. No teníamos nada en común salvo nuestro hijo. Ni siquiera m…

Hace tres años que me divorcié de mi marido. Entre nosotros ya no había nada en común salvo nuestro hijo. Ni siquiera me sorprendió cuando, apenas un mes después del divorcio, mi exmarido encontró a una chica joven. Hace tres meses que se casaron.
Sinceramente, ya no me afecta. Pero ayer recibí un mensaje de ella que me dejó bastante desconcertada. Me decía que debíamos dejar a Álvaro tranquilo y dejar de pedirle dinero, porque ya no íbamos a recibir nada.
Nuestro hijo tiene cinco años. Antes, yo estaba de baja por maternidad, así que Álvaro se hacía cargo de todos los gastos. Ahora trabajo media jornada.
Nada más divorciarnos, acordamos vender nuestro piso de tres habitaciones y comprar dos apartamentos distintos: uno para él y otro para mí y nuestro hijo.
Álvaro paga una manutención bastante adecuada. Aun así, quiero cubrir mis propios gastos, por eso no paro de asistir a entrevistas y buscar un trabajo a tiempo completo. El dinero que Álvaro aporta cada mes lo destino íntegramente a nuestro hijo: cubre la guardería, las actividades extraescolares, los juguetes y la comida. De ahí cojo algo para los recibos de la luz y el agua.
Las clases de judo, a las que mi hijo quiere ir, también requieren un dinero adicional.
Este verano, mi exmarido envió más dinero con la condición de que llevara al niño de vacaciones. Así que nos fuimos a la sierra y la felicidad de mi hijo era infinita.
Me alegra que, pese al divorcio, Álvaro no se haya olvidado de su hijo. Incluso cuando yo tenía algo urgente que hacer, solía dejar al niño con él. Mi ex se lo llevaba a centros comerciales, a pasear o al cine. Eso sí, el niño jamás ha estado en la casa de su padre.
Siempre imaginé que era por la nueva pareja de Álvaro. Por supuesto, no le daba mayor importancia, hasta que recibí ese mensaje.
Hace poco se atrevió incluso a llamarme. Me dijo que no tenía vergüenza, que mi exmarido gastaba la mayor parte de su sueldo en nosotros. No me quedé callada. Le conté a Álvaro exactamente lo que me había dicho. Se enfadó muchísimo. Por lo visto, le dijo que no se metiera en sus asuntos ni intentara controlar su dinero.
Aun así, me angustia que ella pueda convencerlo para que reduzca el dinero que le da a nuestro hijo. Entonces tendrá que prescindir de muchas cosas.
Espero que Álvaro conserve todavía la humanidad, sinceridad y bondad por las que un día me enamoré de él.

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MagistrUm
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