Hace tres años me divorcié de mi marido. No teníamos nada en común salvo nuestro hijo. Ni siquiera m…

Hace ya tres años que me separé de mi esposo, Álvaro. Nada nos unía ya, salvo nuestro hijo, Leonardo. Por eso, no me sorprendió cuando, apenas un mes después del divorcio, Álvaro empezó una relación con una joven llamada Estrella. Hace apenas tres meses, ellos contrajeron matrimonio.
Hoy lo rememoro y puedo decir, con sinceridad, que aquel asunto dejó de importarme hace tiempo. Sin embargo, ayer recibí una carta de Estrella, que me dejó perpleja. En ella me instaba a dejar en paz a Álvaro y a dejar de reclamarle ningún dinero, advirtiéndome que, a partir de ahora, no recibiríamos ya nada de su parte.
Leonardo, mi hijo, tiene cinco años. Durante un tiempo, yo estuve de baja por maternidad y en ese periodo fue Álvaro quien cubría todos los gastos de nuestro hijo. Ahora trabajo a media jornada.
Después de la separación, decidimos vender nuestro piso de tres habitaciones en Salamanca para comprar dos más pequeños: uno para él y otro para mí y Leonardo.
Álvaro cumple con la pensión alimenticia y es suficiente para los gastos del pequeño. Pero mi deseo siempre ha sido valerme por mí misma, así que aún hoy acudo a entrevistas buscando un puesto a jornada completa. Todo el dinero que Álvaro nos pasa queda destinado íntegramente a Leonardo: la guardería, las actividades extraescolares, los juguetes y su alimentación. Solo una pequeña parte la dedico al recibo de la luz y el agua.
Leonardo empezó a mostrar interés por el judo, pero para apuntarle hacen falta más euros de los que dispongo.
Este verano, Álvaro nos envió un poco más de dinero con la condición de que llevase a nuestro hijo de vacaciones. Así que nos fuimos a la Sierra de Gredos. La alegría de Leonardo aquel día es algo que guardaré siempre en mi memoria.
Me reconforta que Álvaro, pese al divorcio, no se olvide de su hijo. Incluso cuando yo he tenido asuntos urgentes, él recogía a Leonardo y lo llevaba a pasear por la Plaza Mayor, al cine o simplemente a merendar. Sin embargo, mi hijo nunca ha estado en la nueva casa de su padre.
Siempre supuse que esto era por la nueva esposa de Álvaro. No me preocupaba, hasta que recibí aquel mensaje.
Hace poco, Estrella incluso se atrevió a llamarme. Me acusó de no tener corazón, porque, según ella, mi exmarido gasta en nosotros casi todo su sueldo. No guardé silencio y le conté toda la historia a Álvaro. Él reaccionó con mucha rabia y, según supe, le exigió a Estrella que no se metiera en sus asuntos personales, ni mucho menos en el manejo de su dinero.
Y, sin embargo, sigo temiendo que Estrella logre convencer a Álvaro de reducir la cantidad de euros que destina a nuestro hijo. Siento que, si eso ocurre, tendré que negarle a Leonardo muchas de las cosas que ahora le hacen feliz.
Sólo espero que Álvaro conserve la honradez, la sencillez y la bondad que un día me hicieron enamorarme de él.

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MagistrUm
Hace tres años me divorcié de mi marido. No teníamos nada en común salvo nuestro hijo. Ni siquiera m…