Hace tres años me separé de Ignacio. La verdad, ya casi no teníamos nada en común, salvo nuestro hijo, Martín. Ni siquiera me sorprendió cuando, al mes de firmar el divorcio, Ignacio apareció con una chica bastante más joven. Hace tres meses se casaron.
Mira, te juro que yo ya estoy en otra etapa y estas cosas me resbalan. Pero, ¿sabes qué? Ayer me llegó un mensaje de ella, la nueva mujer de Ignacio, y me dejó a cuadros. Decía que deberíamos dejar en paz a Ignacio y no pedirle más dinero, que no pensáramos que íbamos a sacar ni un euro más de él.
Martín tiene cinco años. Yo antes, tras dar a luz, estuve de baja por maternidad y fue Ignacio quien se encargaba de todos los gastos. Ahora trabajo en una tienda por las mañanas, media jornada.
Nada más separarnos, quedamos en vender el piso de tres habitaciones y comprar dos más pequeños: uno para Ignacio y su mujer, y otro para mí y Martín. Ignacio me pasa una manutención que está bien, la verdad. Pero mi idea siempre ha sido volver a ser totalmente independiente, así que no paro de buscar trabajo a tiempo completo. El dinero que Ignacio me da cada mes va enterito para los gastos de Martín: el cole, actividades extraescolares, juguetes, comida y algo utilizo para pagar la luz y el agua.
Ahora Martín quiere apuntarse a judo y eso también supone otro gasto extra.
Este verano, Ignacio me mandó algo más de dinero si a cambio llevaba a Martín de vacaciones. Así que nos fuimos a la Sierra de Guadarrama. ¡Martín estaba feliz, no te imaginas!
La verdad es que me alegra que Ignacio, aunque estemos divorciados, siga preocupado por nuestro hijo. Incluso cuando yo necesitaba ayuda, él se lo llevaba a dar una vuelta, al cine o al centro comercial. Eso sí, Martín nunca ha ido a su casa.
Siempre pensé que era por la nueva mujer, y francamente, mientras Martín estuviera bien, no le di mayor importancia hasta el dichoso mensaje de ayer.
Hace poco, incluso me llamó por teléfono. Me reprochó que no tenía vergüenza, que Ignacio se gastaba casi todo su sueldo en nosotros. Yo, claro, no me callé. Fui directa y se lo conté todo a Ignacio. Se enfadó muchísimo. Me dijo que le quedó clarísimo que ella no tenía que inmiscuirse en estos temas, y mucho menos en cómo reparte su dinero.
Pero a mí sigue doliéndome la idea de que ella pueda convencerle para que recorte lo que pasa para Martín. Si eso pasa, tendré que empezar a negarle muchas cosas al niño.
Solo espero que Ignacio siga siendo la misma buena persona, con el corazón y la generosidad que me hicieron enamorarme de él en su día.




