Ha venido mi amiga de la infancia. Nunca tuvo hijos. Decidió no ser madre porque quería vivir para s…

Hoy ha regresado una vieja amiga de la infancia. Jamás tuvo hijos. Fue una decisión suya, quiso vivir su vida a su manera.

Nos encontramos esta tarde después de tantos años. Las dos tenemos sesenta recién cumplidos. Cuando nos licenciamos en la universidad, ella cogió un tren, hizo sus maletas y desapareció de nuestro pueblo de Castilla la Vieja. Apenas intercambiamos un par de cartas y muy pronto el contacto se perdió en el tiempo.

Durante años, sólo supe de ella por conocidos en común: que no estaba quieta en ningún sitio, que recorría España y media Europa, que cambiaba de pareja. Para cuando cumplió los cincuenta, ya había tenido tres maridos. Con el último también terminó por divorciarse. Nunca fue madre y nunca entendí bien por qué: muchas mujeres, aunque las cosas no vayan bien con sus parejas, al menos tienen hijos, y luego nietos a los que cuidar.

Ahora, de regreso al pueblo, venía a vender lo poco que le quedaba aquí: antes alquilaba un piso, pero ya no le hace falta.

Nos sentamos juntas en la plaza mayor y hablamos largo rato. Le conté de mis hijos, de mis días sin descanso, de mi nieta Lucía. Ella me escucha, se enciende un cigarro y sonríe. Al fin le pregunto:

Mujer, ¿por qué tu vida fue así? ¿Por qué nunca tuviste hijos? Al menos para ti, para que alguien te alcance un vaso de agua cuando no puedas levantarte.

Me miró con esa risa afilada de siempre y contestó:

¿Un vaso de agua, Carmen? ¿Tú crees que tus hijos te traerán algo cuando estés sola? Los hijos en España hoy apenas cuidan de los padres mayores. Es mejor ahorrar y contratar a una buena enfermera que depender de hijos y cargarles esa responsabilidad.

No fui madre porque no quería. No nací para criar ni preocuparme eternamente por alguien, ni para dar mi sueldo para mantener a otros. Elegí pensar en mí: viajar, recorrer ciudades, conocer gente, ganar mi propio dinero. Mis maridos se marcharon sólo porque yo no quise hijos.

Sigo disfrutando de mi vida ahora continuó. No tengo que aguantar nietos ni hacerle de banco a mis hijos adultos. No tengo que ahorrar la pensión para alimentar bocas que nunca aprendieron a ganarse la vida.

No me arrepiento de nada. Al contrario, me dan pena los que parieron una docena y ahora están solos, con sus hijos en Alemania o Madrid, que apenas llaman, que se olvidaron de sus padres. Yo no tengo esas penas.

Ese es mi punto de vista.

La escuché y de repente vi la verdad de sus palabras. ¿Para qué traer hijos al mundo si no los deseas? ¿Para qué vivir esperando que a cambio te cuiden en la vejez?

Rate article
MagistrUm
Ha venido mi amiga de la infancia. Nunca tuvo hijos. Decidió no ser madre porque quería vivir para s…