Oye, te tengo que contar lo que pasó este finde, porque aún le estoy dando vueltas. Igual soy un poco antigua, o igual ahora estas cosas ya no se llevan, pero en serio, no lo entiendo.
Mira, mi madre nunca ha sido muy de cuando vayas a ver a la familia, llévales algún detalle, nunca me lo inculcó. Pero a mí siempre me ha salido solo, no sé de dónde, igual de tanto leer novelas, ver pelis o teatro, que parece que lo tienes en la sangre.
Este sábado vino a casa el primo de mi marido. El caso es que tenía que venir a Madrid porque falleció un tío suyo, pero el tío era de su familia, no de la mía.
Nos preguntaron antes si podían quedarse a dormir, y claro, les dijimos que sí, que aquí tenían sitio, que ni se preocupasen.
Llegaron por la noche, él, su hijo y la nuera. Yo me puse a cocinar, les hice una buena comida: carne al horno, ensaladas varias Vamos, que me lo curré. Nos sentamos, brindamos por vernos después de tanto tiempo. Luego les preparé las camas y, por la mañana, un desayuno bien apañado: tostadas, café, té, lo de siempre.
Después se fueron al entierro y cuando volvieron, estuvieron un rato más y luego se marcharon a su casa.
Todo parecía bien, pero vinieron de vacío. Ni siquiera una botellita de buen vino, ¿sabes?
El padre de mi marido, que ya falleció, era además el padrino de este primo. Y la madre de mi marido, que ahora vive con nosotros su tía, vaya, él sabe de sobra que está aquí. Te juro que no es por necesidad, pero un detallito para la señora, un bombón aunque sea ella estaba toda la tarde mirando por la ventana, esperando. Hasta se le escapó una lagrimilla, la pobre, de la emoción.
Yo, la verdad, habría hecho otra cosa.
De entrada, habría traído una botella de vino, y seguro que más de una. Y a los niños y a la señora les habría llevado algún dulce, un recuerdo, algo que les hiciera ilusión. Habría pensado en qué les podía gustar a cada uno.
¡Y habría traído hasta sábanas! Por no dar guerra, ya que vienes a dormir
Esta gente no tiene problemas de dinero, te lo digo en serio. No es por eso que me molesta. Pero este primo, cada vez que viene, nunca trae nada, siempre igual. Y mira que otra vez vino por trabajo, solo una noche, también sin ni siquiera un detalle.
Y él dale que te dale, contándome todo el rato que si va a pescar, que si trae no sé cuántos kilos de pescado ¡pues hijo, tráeme una dorada, aunque sea!
No es que me moleste la comida, lo hago encantada cuando vienen invitados, pero me sabe mal, ¿sabes? Siento que me toman el pelo, como que solo vienen aquí a aprovecharse y ya.
Y al final, macho siempre es lo mismo.







