Felipe y Estrella parecían llevarse bien como pareja, pero existía un claro problema de desigualdad económica. Felipe gastaba constantemente dinero para sí mismo, comprando ropa deportiva y yendo a la peluquería, mientras que Estrella era ahorradora y prudente, cortándose el pelo ella misma en casa. Ella aportaba de manera significativa al presupuesto familiar, pero Felipe no parecía valorar sus esfuerzos.
Una tarde, Estrella le pidió a Felipe que la acompañara a casa de su madre para entregarle un televisor. Mientras esperaba en el baño, Felipe oyó una conversación entre su esposa y la madre de Estrella, donde se enteró de que Estrella había comprado un piso en el centro de Madrid sin consultarle. La noticia le enfadó y exigió una explicación.
Estrella dijo que había pedido dinero prestado a su primo, pero Felipe sintió que había más detrás de la historia. Confrontó al primo, quien simplemente se rió ante la pregunta y le aconsejó que hablara con Estrella sobre todo lo que le preocupaba. Más tarde, cuando Felipe volvió a hablar con Estrella, ella continuó con la versión de que había pedido el dinero a su hermana. Desilusionado y sentido, Felipe le dio un ultimátum: o le devuelve la mitad del valor del piso, o se separan.
Estrella aceptó el divorcio y se distanciaron. Ahora vive con su madre en el nuevo piso de dos habitaciones que compró en el centro. Esta historia refleja la falta de comunicación y confianza en su relación, lo que finalmente llevó a un desenlace triste y definitivo.





