Estuve en el extranjero durante dos años y al regresar descubrí que mi hijo tuvo una “sorpresa”

Estuve dos años trabajando en el extranjero y, al volver a España, descubrí que mi hijo me había preparado una sorpresa.

Mi hija, Carmen, se había casado con un ciudadano estadounidense y vivíamos los dos últimos años bajo el mismo techo, yo ocupándome del nieto, Diego, y de los quehaceres del hogar. Carmen y su marido, Javier, trabajaban en la misma empresa y sólo volvía a casa al caer la noche. Yo pensaba que seguirían necesitando mi ayuda, pero un día me dijeron que ya no la requerían y que debía marcharme del piso. Un mes después regresé a mi propio apartamento, pero allí tampoco me recibieron con buenos ojos.

Mientras yo estaba en casa de mi hija, mi hijo, Carlos, se había separado de su primera esposa, dejó su piso y se mudó al mío. Además, trajo a su segunda esposa, Sofía, que estaba embarazada, sin siquiera preguntarme si podía quedarse. ¿Qué hago? ¿Echar a Carlos y a su mujer embarazada? ¿Cómo vivir los tres, y pronto los cuatro, en un apartamento de una habitación? Ni Carlos ni yo tenemos dinero para alquilar otro piso.

Llamé a Carmen para explicarle la situación, con la esperanza de que me invitaran a volver. No lo hicieron; su visión del mundo es distinta. El comportamiento de mi hijo me resulta comprensible: no esperaba que regresara. Ahora duermo en el sofá de la cocina y paso el día fuera de casa, haciendo la compra y visitando a amigos. Carlos y Sofía se comunican con normalidad, no hay discusiones, pero la nuera me ignora.

Se nota que no le agrada mi presencia. Jamás imaginé que a los sesenta años fuera un estorbo y que otro se hiciera cargo de mi casa. Carlos sólo piensa en su mujer embarazada y no se preocupa del problema de la vivienda.

Estoy buscando un trabajo a tiempo parcial y quiero gestionar mi propio apartamento. Los nuevos padres viven en una casa de campo. ¿ Debería decirle a Sofía que se vaya a vivir con sus padres? ¿Podrá Carlos encontrar trabajo allí? No sé qué decidir.

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