Estábamos sentados en la cocina tomando café, y el hijo de mi amigo estaba viendo dibujos animados. Unos minutos después, se escuchó un estruendo terrible.

Hoy ha sido uno de esos días en los que uno espera descansar. Era mi día libre y me puse a hacer tareas en casa, intentando aprovechar para limpiar un poco a fondo. Para mi sorpresa, recibí una llamada de una conocida, Pilar, que, sin darme opción, me notificó que ella y su hijo venían de camino. Por mucho que le expliqué que estaba liado con la limpieza, parecía que hablaba con la pared.

En cuestión de diez minutos ya estaban llamando al timbre. Reconozco que no me hizo ninguna gracia que viniese con Pablo, porque siempre ha sido un chiquillo bastante inquieto.

Nos sentamos en la cocina tomando café, mientras Pablo se entretenía viendo dibujos animados en el salón. Al poco rato, escuchamos un estruendo enorme. Cuando entré en el salón, me encontré el acuario hecho pedazos, los peces desperdigados por la alfombra y el agua metiéndose por todos los rincones.

Pilar corrió a comprobar que Pablo estuviera bien, mientras yo me puse a sacar agua con una bayeta para evitar que se colara al piso de los vecinos. Cuando terminé, Pilar me dijo que se iban.

¿Me ayudas a llevar la alfombra a la tintorería? le pregunté.
No, Pablo está muy asustado y necesita tranquilidad.

Le pregunté a Pablo qué hacía cerca del acuario. Me dijo que se le había caído un avión de papel y que intentó sacarlo. Lo más curioso fue que no había ningún papel a la vista. Pablo señaló el armario y ahí encontré lo que había usado: mi certificado de matrimonio. Lo había convertido en un avión de papel.

Pues haz otro, ¿no? Tampoco es para tanto me soltó Pilar.

No solo me toca reponer el acuario, rehacer el certificado, y pagar posibles arreglos en el piso de los vecinos. Pilar, además, me echó la culpa porque tenía el documento a mano, como si fuera un pecado.

Después de que se fueron, bajé a ver al vecino, para asegurarme de que todo estaba en orden. Tras limpiar y dejar todo medio apañado, me fui a descansar un rato. Más tarde, Pilar me envió un mensaje diciendo que le debía dinero porque habían llevado a Pablo a una psicóloga y el niño estaba traumatizado.

Ni respondí. Bloqueé su número. Hoy he aprendido que no todos los favores merecen la pena, y que hay que cuidar mucho a quién se le abre la puerta de casa.

Rate article
MagistrUm
Estábamos sentados en la cocina tomando café, y el hijo de mi amigo estaba viendo dibujos animados. Unos minutos después, se escuchó un estruendo terrible.