Es tu deber pagarme, porque mi padre hizo lo mismo. ¡Tengo todo el derecho!

¡Tío, no vas a creer lo que me pasó el otro día! Resulta que Aroa, que siempre anda con los pies fríos, decidió que necesitaba unos calcetines nuevos, así que se lanzó a la tienda del centro comercial de la Castellana.

Su hermano mayor, Alejandro, la miró y le soltó: ¿Vas a pagar todo con la pasta que me manda papá para mí? y ella, medio en broma y medio en serio, respondió que sí, que su padre también había hecho lo mismo y que ella tenía todo el derecho.

La madre, María, quiso evitarle la pregunta al hijo. Su exesposo había estado enviándole los alimentos a la cuenta de ella, y ella le había dicho al chico que comprara la ropa que necesitaba porque llevaba años con esas prendas viejas.

¿Qué significa eso? le preguntó María a Alejandro, como si se hubiera escuchado mal. ¿Por qué usas el dinero de los alimentos que me manda papá solo para cosas que tú necesitas?

Al oír eso, María casi se pone a llorar y decide devolver los calcetines al estante. Después, se prueba una sudadera en el probador y dice: Esta está buena, la probaré.

Alejandro, por su parte, se lleva varias sudaderas para ver cuál le queda mejor. María mira la etiqueta y ve que la sudadera cuesta cincuenta euros. Suma el precio de todo lo demás y se da cuenta de que la cantidad de alimentos no alcanza, así que tiene que complementar la pasta.

¡Esto es la leche! exclama Alejandro, saliendo del probador con la sudadera bajo el brazo y tirándola a una cesta con el resto de la compra.

La cajera del centro comercial empieza a embolsar los productos y dice: Son quinientos veinticinco euros, por favor.

María saca su monedero, mira su bolsillo y solo tiene cuatrocientos euros. Le dice a Alejandro: Deja unas cosas que no necesitas ahora. Yo no quiero que te quedes sin nada, pero paga con el dinero que tienes, que mi padre también tiene que ayudarme.

Alejandro se muestra firme: Yo tengo derecho a todo, según la ley.

Aroa, que había estado observando, saca su cartera, mete el dinero y lo deja sobre la caja registradora. Esto es para todo el mes dice. Paga lo que sea, pero no te olvides de la comida, que ya no te voy a dar más pasta. ¡Que te vaya bien! con una mirada seria se va del sitio.

Cuando Alejandro llega a casa de noche con varias bolsas llenas de ropa de marca, se siente triunfante. Se pone los zapatos de cuero que compró y pregunta: ¿Tenemos algo de comida en la nevera? y su madre le responde: Ya tienes esos zapatos, ahora toca que los cocines tú.

Mamá, en serio, estoy cansado de tus bromas.

¿Crees que estoy de broma? le replica ella. Mejor llama a papá, que a ti te está sobrando la conversación.

Así que Alejandro marca al padre, Javier, y le dice: ¿Puedo quedarme contigo un mes? y el tío, que estaba de vacaciones, le responde que no tiene pasta ahora, pero que se verá después.

Tras colgar, Alejandro vuelve a su habitación con la cara cantada y su madre llama a su exesposa para explicarle la situación: Tu hijo piensa que todo le pertenece y que nosotros debemos cargar con todo, dice ella. Pues sí, tiene mucho valor, pero hay que alimentarlo o morirá de hambre, y después puedes deducir lo que le des de los alimentos.

Unas horas más tarde se corta la fibra en casa y Alejandro vuelve a pegarle a su madre con la frustración.

¿Por qué vas a pagar tú el internet ahora? le dice ella. Ya estás como papá, creído.

A partir del próximo mes me mudo con papá, le asegura él. ¿Crees que una familia con tres hijos va a quererme?

María le recuerda que el próximo mes no recibirá alimentos porque ella le alimentará con la pasta que le dé, pero que después restará eso de lo que le corresponde.

Al final, la madre le cuenta cuánto gasta al mes para mantener a los dos, mucho más que los alimentos que recibe. Alejandro se da cuenta de que ha sido grosero, pide perdón a su madre y a su padre y, de paso, se arregla un curro de medio tiempo en vacaciones para ayudar un poco en la casa.

Y así, entre calcetines, sudaderas y llamadas, la familia aprendió a repartirse la pasta y a decir lo siento cuando hace falta. ¡Un drama que terminó bien, colega!

Rate article
MagistrUm
Es tu deber pagarme, porque mi padre hizo lo mismo. ¡Tengo todo el derecho!