En mi familia hay cinco pisos, pero aun así tenemos que alquilar uno para vivir.
Ya estoy tan acostumbrado a esta situación que nada me sorprende. Os voy a contar cómo es posible que tengamos cinco viviendas en la familia y, sin embargo, sigamos alquilando.
Los padres de mi esposa tienen su propio piso y además son dueños de otros dos pisos repartidos por Madrid; los alquilan cada mes. Siempre nos dicen, casi burlándose, que todo lo que poseen lo han conseguido con su propio esfuerzo, así que esperan lo mismo de nosotros. Parece que olvidan que, antes, el Estado a veces te daba una casa, o podías conseguir una trabajando en una empresa grande. Actualmente, ahorrar suficiente para comprar un piso propio es casi imposible, sobre todo cuando hay que pagar un alquiler cada mes.
Mis propios padres, para ser sincero, no son muy diferentes de mis suegros. Cuando falleció mi abuela, dejó su piso a mi nombre, pero entonces yo era sólo un niño y mis padres decidieron alquilarlo hasta que cumpliera la mayoría de edad. Ahora soy adulto, pero parece que se han acostumbrado tanto a recibir ese dinero extra que no me dejan vivir allí.
Llevamos años mi mujer y yo alquilando un pequeño estudio de una sola habitación. Se nos va casi todo el sueldo en el alquiler. Ha habido meses que casi no nos alcanzaba para comprar comida. Ahora estoy de baja por paternidad. Mi sueldo nunca ha sido gran cosa, pero antes, sin niños, lográbamos arreglarnos. Mi esposa esfuerza mucho también y hasta trabaja en dos sitios diferentes. Pero hoy en día, para ganar bien hay que tener carrera universitaria, y ella no llegó a tenerla. Terminó el instituto y enseguida se fue a trabajar; allí fue donde nos conocimos, así que no tuvo oportunidad de estudiar.
Lo más frustrante de todo es que mi madre, casi cada semana, viene a pedirme ayuda para elegir vestidos y blusas nuevas, mientras yo sufro porque no hay dinero para vitaminas ni fruta fresca. Además no para de repetirnos que debemos ser independientes económicamente. Dice que deberíamos ayudarles, porque ellos sueñan con viajar y conocer mundo.
Por supuesto, me molesta mucho la actitud de los padres de mi esposa y los míos. Tienen de todo; podrían facilitarle la vida a sus hijos, y ni lo intentan. Comprendo que no deben sacrificarse ni renunciar a sus cosas, pero si pueden ayudarnos sin problemas, ¿por qué no hacerlo? No concibo esa frialdad con sus propios hijos. Por eso, cuando yo tenga hijos, no les faltará de nada y les daré todo lo que pueda.
Los amigos y conocidos intentan consolarnos diciendo que algún día heredaremos todo ese patrimonio. Pero, sinceramente, estoy tan decepcionado que ya ni lo quiero. Que se lleven sus pisos a la tumba, si así lo desean.







