El vecino indeseable

Existe un tipo de persona con la que simplemente no soportas estar. Pocos disfrutan la compañía de las que solemos llamar personas tóxicas. Os contaré un caso real, basado en la experiencia de una buena amiga mía. La narración recoge las impresiones que me transmitió ella sobre lo sucedido.

Mantengo una relación muy cercana con una pariente mía, Isabel. Siempre somos sinceras, nos visitamos a menudo. Esta vez fui a casa de Isabel para tomar un té juntas. Compré unas pastas y me acerqué a su piso en el centro de Valladolid.

No fue la mejor elección de momento, pues Isabel ya tenía visita: estaba allí Alba, su vecina. Una mujer mayor, con la tez apagada, que desde hace años gasta toda su pensión en vino y licores baratos. Alba detesta beber sola, así que merodea constantemente por el rellano buscando compañía. Resulta muy entrometida y pesada.

Intento evitar a Alba siempre que puedo. Su presencia me resulta insoportable. Habla sin parar, sin ningún filtro. Da la impresión de que ni siquiera es consciente de lo que dice o hace. Por eso la trato siempre con la mayor frialdad. De hecho, ya estaba a punto de marcharme, pero Isabel me pidió encarecidamente que me quedase. Decidí no discutir. Total, tampoco pensaba quedarme mucho rato. Mientras la tetera hervía en la cocina, Alba arrancó a soltar sus historias.

No todo el mundo sabe aguantar a una persona tan asfixiante. A veces me saca las lágrimas de la risa y de la desesperación. Nunca he entendido cómo Isabel tiene ese aguante. Si yo fuera ella, no admitiría a alguien tan sumamente fastidioso en mi casa.

A los cinco minutos ya no podía más y anuncié que me marchaba. Estaba harta de escuchar bobadas. Al rato, Isabel me escribió contándome lo que sucedió después de mi partida. Otra amiga suya, Carmen, pasó a visitarla. Al principio todo transcurría en calma, pero Alba empezó, como siempre, a buscar protagonismo y a sembrar el mal ambiente.

La situación fue tan tensa que Isabel y Carmen terminaron discutiendo airadamente.

No te lo imaginas me contaba Isabel, aún azorada por el disgusto. Alba nos sacó tanto de nuestras casillas que casi acabamos a gritos. Nunca me había pasado algo así

De golpe comprendí el verdadero significado de toxicidad. Alba era la encarnación exacta de esa palabra. Con ella, una pelea estalla sin previo aviso. Todo el bloque lo sabe, nadie quiere tratarla. Sólo Isabel le tolera sus excentricidades.

Pero ahora empieza a comprender. Como me explicó Isabel después:

Mira, Carmen es mi mejor amiga. Llevamos juntas desde la adolescencia, hemos pasado de todo. Y ahora resulta que Alba es una experta en enfrentarnos… Peleamos por tonterías. Le pregunté a Carmen cómo se sentía y me dijo que era como si le hubieran echado mal de ojo. ¿Tú crees que eso puede pasar?

Al fin Isabel abrió los ojos. Hay gente con la que no merece la pena ni intentar dialogar. Lo mejor es evitar a esas mujeres. Yo, por mi parte, me sentí afortunada por vivir donde vivo: en mi edificio todos los vecinos son gente normal.

Unas semanas después, Isabel me contó que Alba se había mudado. Su piso está en venta, y ahora reside con su hija, debido a problemas familiares. Desde entonces en el edificio reina la tranquilidad. Así es la vida Una sola persona puede amargarle los días a toda una comunidad.

El ambiente en el que vivimos es importantísimo. De corazón, deseo que todos tengamos familia y vecinos agradables. No tenemos suficientes nervios para aguantar a tanto bicho raro suelto.

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El vecino indeseable