El último vestido
Hija, la hija de mi compañera de trabajo, doña Carmen Salinas, va a casarse y quiere que tú le hagas el vestido de novia. ¿Te animas a aceptarlo?
No, mamá, tengo muchísimo trabajo y no llego a nada. Mejor que busque a otra modista.
Ella solo quería que se lo hicieses tú, dicen que tienes unas manos de oro, todas te recomiendan.
De verdad que no puedo, madre…
Bueno, hija. Se lo diré… Seguro que se llevarán un disgusto.
Sofía trabajaba en casa y no le faltaban clientas, tenía tanta demanda que a menudo debía rechazar encargos. Desde niña supo que cosería ropa; ya vestía a sus muñecas con trajes hechos a mano. Al terminar el colegio tenía clarísimo lo que quería estudiar.
Cose con esmero, sus prendas caen perfectas en la figura; sus clientas quedan encantadas. El trabajo le da alegría y le proporciona buenos ingresos. Aunque las tiendas están llenas de ropa de todo tipo, muchos prefieren el toque único del encargo personal.
Una semana después, su madre llegó llorando a casa.
Hija mía, qué desgracia… La hija de Carmen, Inés, la que quería el vestido, ha muerto en un accidente de tráfico con su novio. Fueron a visitar a unos familiares en Barcelona y de noche el muchacho, Pablo, se quedó dormido al volante. El coche se salió de la carretera y chocó contra un árbol. Eran tan jóvenes, tan felices; se preparaban para la boda Y mira, qué destino tan cruel… En vez de boda, ahora hay que preparar el entierro, es horrible…
Sofía sintió un nudo en el estómago. Qué injusta puede ser la vida…
Ahora los padres tendrán que comprar un vestido de novia para enterrar a su Inesita… No llegaron a tiempo a encargarlo… Qué horror, enterrar a una hija…
Sofía estuvo cosiendo hasta altas horas de la madrugada, y todo el rato pensaba en la tragedia. Nunca tuvo hijos, los médicos le dijeron que era estéril. Al principio sufrió mucho, hasta que llegó la resignación.
Ya no era joven; hacía poco había cumplido los cuarenta y tres. Se puso a imaginar el dolor de enterrar a un hijo, y sentía verdadera compasión por los padres de los novios.
De repente, una ráfaga abrió la ventana. Sofía, sin entender, fue a cerrarla. No recordaba haberla dejado abierta…
Al volver a la mesa de trabajo, vio a una chica junto a la máquina de coser. Era translúcida, como si por ella se filtrara la luz de la estancia.
Ya me dio por trabajar demasiado Ahora empiezo a imaginar fantasmas de verdad Debo irme a dormir
Por favor, ¿podrías coserme el vestido? No llegué a casarme en esta vida; al menos, quisiera despedirme con el vestido que ansío Será mi último vestido… Pablo y yo estaremos juntos para siempre. Es lo que nos tenía reservado el destino
¿Chica, quién eres? ¿Esto es alguna broma?
Soy Inés. Solo tú puedes hacerme el vestido como yo lo he soñado…
He podido ver lo que me espera más allá, y, ¿sabes?, es maravilloso, no tengo miedo de marchar Sobre todo, si mi amor está conmigo. Pero me gustaría irme luciendo bonita, por última vez
Sofía se quedó petrificada. ¿Eso le estaba ocurriendo de verdad? Solo en las películas pasaban cosas así, qué disparate…
Tenía que acostarse. Seguramente la impresión de la desgracia la tenía viendo apariciones de novias…
Se fue a la habitación y se quedó profundamente dormida. Por la mañana volvió a trabajar. Lo sucedido en la noche lo atribuyó al cansancio y a su imaginación.
Por la tarde decidió acostarse temprano. Mientras recogía el taller, volvió a ver a la joven, flotando en una neblina traslúcida.
Empiezo a familiarizarme con esto… Pero me angustia ver a mi madre destrozada. He intentado comunicarme con ella, pero su dolor la bloquea. Tú sí puedes notar mi presencia, no todos pueden…
Inés, ¿y después? Cuando te entierren, ¿qué ocurrirá? ¿Te irás al cielo? ¿Cómo funciona eso?
Mi guía dice que primero me quedaré un tiempo aquí, donde vivía. Luego él vendrá a buscarme para llevarme No puedo contarte más, no está permitido. Se me han mostrado muchas cosas. La muerte no da miedo, es otro estado, un mundo diferente donde seguiré existiendo. Y algo más: volveré algún día en otro cuerpo, y puede que no sea de niña. Pero quiero terminar este camino en la Tierra como una novia hermosa. Por favor, ayúdame
Sofía encogió los hombros. ¿Cómo era posible coser un vestido por encargo de quien ya no está viva?
Ni sé qué vestido deseas, qué talla tienes… ¿Y cómo le explico esto a tu familia?
Tú cose, confía. Todo se resolverá. Así quiero que sea…
La chica giró en la habitación luciendo un vestido blanco, precioso, de encaje, y se detuvo para que Sofía pudiera observar cada detalle. El vestido era realmente hermosísimo.
Sofía se sentó a dibujar el boceto, fijándose en todos los detalles. Cuando terminó, la figura desapareció, difuminándose como humo.
Por la mañana, al ver el dibujo sobre la mesa, comprendió que no había sido solo un sueño.
Se fue a la mercería y compró el mejor encaje y la tela más fina. La talla la calculó a ojo; Inés era esbelta y menuda. Al llegar a casa se puso a coser y, cuando se quiso dar cuenta, ya había anochecido. Su marido, Javier, la sacó de su ensimismamiento.
Sofi, ¿estás bien? Te veo rara estos días… ¿Te pasa algo?
Te lo contaría, pero no me vas a creer, pensarás que he perdido la razón… Así que, mejor no lo intento; no te enfades…
A los dos días el vestido estaba listo. Jamás se le hizo tan llevadero ni cosió algo tan rápido, como si una mano invisible la guiase. Al colocarlo en el maniquí, Sofía se maravilló de su trabajo. ¡Qué pena que Inés no pudiese estrenarlo en vida!
Aquella tarde llegó su madre con noticias.
¡No te lo imaginas! No han podido enterrar aún a Inés… Primero, el juez tardó en entregar el cuerpo, luego papeleo Y el vestido, ni en Sevilla ni en Madrid consiguen uno, nadie quiere venderles uno así Ocurre algo extraño. Carmen está fuera de sí.
Mamá, he cosido un vestido para Inés… Que se lo lleven. Tiene que ser así, créeme…
Al día siguiente, la familia de Inés pasó por casa a recoger el vestido. Sofía no aceptó ni un solo euro.
Inés y Pablo fueron enterrados el mismo día. El vestido ajustó a la perfección. De algún modo inexplicable, pudieron ponerlo con facilidad; el cuerpo de la joven se volvió blando y manejable por un instante.
Hija, estaba preciosa en el ataúd. Era como si sonriera… Ojalá Dios la acoja en su gloria, igual que a Pablo…
Días después, Sofía soñó con Inés. Bailaba en el jardín de una casa inmensa junto a su novio; tenía el rostro iluminado de sonrisas. Alrededor crecían flores y plantas jamás vistas; el canto de los pájaros mezclaba con el murmullo de un arroyo.
Al terminar el baile, Inés miró a Sofía.
¡Es precioso, gracias! Soy feliz. Y te digo otra cosa Pronto llegará a tu vida Alicia. Yo la he guiado hasta ti…
Sofía despertó de golpe. Inés estaba feliz y era cierto: el vestido le había gustado. Así que todo aquello había tenido sentido… Pero quién sería esa Alicia…
Sofía volvió a dedicar su vida a la costura. De vez en cuando salía a ver a su amiga Maribel para desconectar. Charlaban, tomaban té, evocaban la juventud.
Ay, Mari, me siento fatal últimamente, debería mirarme el estómago. Hace siglos que no voy al ginecólogo. Creo que se me ha retirado la regla, seguro que estoy ya en el climaterio. Mañana me lo miro, iré a privado, para evitar las colas.
¡Eso hace meses que deberías haberlo hecho! Te olvidas de ti por tanto coser…
***
Señora Sofía, está usted embarazada. Sinceramente, es sorprendente; a su edad cuesta ya bastante quedarse en estado
No diga tonterías, llevo años diagnosticada de infertilidad. Revíselo de nuevo, por favor…
No hay duda ninguna. Mire la pantalla: manitas, piececitos, ahí late el corazoncito, todo va perfecto. Y es una niña. ¡Enhorabuena!
Sofía salió de la consulta llorando de alegría. Era como un milagro Tras tantos años de espera ¡Una niña! ¡Así que era de Alicia de quien hablaba Inéssu hija estaba de camino!
Compró un ramo de flores y fue directa al cementerio; no sabía dónde estaba la tumba de Inés, pero sus pasos la guiaron sin dudar, como si los pies la condujeran solos.
Gracias, Inés. Me has regalado el mayor tesoro, un hijo… Espero que tú y Pablo seáis tan felices allá como lo merecéis
Dejó el ramo en la lápida y volvió a casa, sonriendo al acariciarse la tripa. Si no llega a coser ese vestido, su hija nunca hubiera llegado. Haz el bien, que vuelve a ti…







