El suegro puso a prueba deliberadamente a su yerno para comprobar si era un hombre adecuado para su hija.

Los amigos decían que el tipo era un verdadero pupas con su mujer, pero todavía más con sus suegros.

La muchacha venía de familia bien acomodada y no conocía la palabra no en su vida. La mandaron a la mejor universidad de Madrid y la ayudaron con absolutamente todo. Al terminar la carrera, buscó trabajo, pero lo que ganaba era para sus caprichos: a su cuenta, por supuesto. Su padre no podía estar más orgulloso de lo que él llamaba capacidad de ahorro capitalista, aunque de paso no dejaba escapar ocasión de echarle en cara al yerno que no traía suficiente dinero a casa.

Tienes que ser un roble, hijo, para que mi hija se resguarde tras de ti como si fueras la muralla de Ávila. ¿Vas a poder mantenerla si un día le da una gripe? ¿Tienes euros suficientes para llevarla de viaje a París, por ejemplo?

La verdad es que el tema del dinero nunca preocupó mucho a la pareja. Ellos estaban encantados compartiendo lo que tenían, pero al suegro le gustaba sacudir el monedero privado del yerno cada vez que se veían. El chico llegó a desarrollar auténtico pánico cada vez que tocaba comida familiar y buscaba cualquier excusa para ausentarse esos días. Así que, cuando llegó el cumpleaños del suegro, él rezó a todos los santos para escaquearse, pero la esposa le cazó al vuelo, le dio el tirón de orejas reglamentario y lo puso en la mesa con sonrisa de anuncio para recibir a los colegas del padre.

¿Y tu yerno, a qué se dedica exactamente? soltó de pronto una señora, abanicándose sin compasión.

Un funcionario del montón respondió el cumpleañero con una mezcla de sorna y ojeriza. La que lleva dinero de verdad a casa es mi hija, ella sí que mantiene el cotarro…

El pobre se hartó de aquel teatrillo. Le había aguantado suficientes desplantes y bromitas; la situación era tan irritante como desmoralizadora.

Para empezar, no soy un funcionario del montón; coordino todo el equipo de planificación, y mi sueldo tampoco es calderilla. Y, por cierto, pagamos todo a pachas. Ya me gustaría a mí, con un chasquido, hacerme director y regalarle a tu hija cochazos y pisos en la Castellana, pero si tanto querías lo mejor para ella, ¿por qué no nos echaste un cable con una casa?

Al suegro le faltó tiempo para entonar algo parecido a un fandango. Estaba claro que disfrutaba con el cabreo ajeno.

Más tarde, tras la tarta, el cava y las velas, el chico salió a la terraza a por un cigarro y el suegro lo siguió.

Nada mal dijo el padre, pensativo. Se nota que espabilas. No eres tonto; te sabes defender, y eso cuenta. No todo en la vida es resignarse… Si no reclamas lo tuyo, se te suben todos a la chepa.

El yerno entendió en ese momento que todo era una prueba: el suegro le pinchaba hasta ver hasta dónde aguantaba. Porque, al final, no era cuestión de euros, sino de tener coraje para defenderse a uno mismo y a la persona que ama. Y sí, desde aquel cumpleaños, en opinión de los suegros, el chaval ganó muchos puntos; se volvió más serio, más firme ytodo sea dichomucho más interesante.

Rate article
MagistrUm
El suegro puso a prueba deliberadamente a su yerno para comprobar si era un hombre adecuado para su hija.