El padre regala un piso a su hija tras la boda, pero la madre del novio monta en cólera e intenta meter a toda su familia en la casa

Mira, te cuento lo que nos pasó hace poco. Nuestra hija, Lucía, se casó hace unos meses con un chico majete, Javier, que no viene precisamente de una familia adinerada, pero el tío es muy sensato y trabajador. Mi marido, Álvaro, y yo, pues bueno, no estábamos saltando de alegría al principio, pero fue la elección de Lucía y la apoyamos.

Con motivo de la boda, Álvaro decidió regalarle a nuestra hija un piso precioso en el centro de Madrid, para que no tuvieran que andar pagando alquiler ni agobiarse con buscar donde vivir. El regalo les encantó a los dos, perote lo puedes imaginarlos padres de Javier estaban especialmente entusiasmados.

No te exagero, cada vez que venían a verles, los suegros no paraban de alabar el piso, que si esto, que si lo otro, que vaya vistas y vaya suerte. Y la madre de Javier, Teresa, empezó a pasarse por casa como si fuera la suya. Lucía me llamaba a veces agobiada, diciéndome que su suegra no se iba ni aunque hiciera falta, y que ni poder llamar tranquilamente a sus amigas.

Y escucha esto, que es para flipar: hace poco, la suegra le suelta a Lucía que por qué no la registra a ella y al resto de su familia en el mismo piso. Según Teresa, así podría vender su propio piso, juntar el dinero y comprar uno más grande entre todos. Por supuesto, ese piso ya no sería solo de Lucía, sino para toda la familia, como debe ser en una familia unida, decía la señora.

Lucía, con toda la educación del mundo, le dijo que no, que aquello le parecía una idea rarísima. Pero Teresa no se rindió, cada dos por tres llamaba a Lucía, algunas veces casi rogando y otras directamente echándole la bronca, diciéndole que si de verdad quisiera a su hijo no se negaría, que si no lo hace van a tener que divorciarse y que le va a quitar el piso a Javier en el proceso. Y Javier ahí, intentando poner paz, pero su madre ni caso.

Nosotros, al principio, decidimos no meternos, creyendo que los chavales tenían que solucionar sus cosas solos. Pero claro, cuando Lucía nos llamó hecha polvo y llorando, ya no aguantamos más. Así que Álvaro, que normalmente es un hombre calmado, se plantó en casa de Teresa y le dijo bien clarito que dejara de molestar a nuestra hija o tendría que ir directamente a la policía.

La suegra, en ese momento, cambió el chip completamente, empezó a decir que todo era un malentendido y que solo quería lo mejor para la pareja. Desde entonces, Lucía ha podido vivir tranquila con Javier, la tensión ha desaparecido y ahora sí que la veo feliz de verdad.

Ya ves, cuando se dice que lo mejor es dar espacio, pero también hay veces que hay que poner límites, chica… Madrid tiene cada historia, de verdad.

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MagistrUm
El padre regala un piso a su hija tras la boda, pero la madre del novio monta en cólera e intenta meter a toda su familia en la casa