El hijo de mi exmarido, fruto de su segundo matrimonio, está enfermo y mi ex me ha pedido ayuda económica. Le he dicho que no.
Tengo 37 años. Llevo divorciada bastante tiempo, exactamente diez años. Él me fue infiel y nunca se lo he perdonado. Ahora vive con aquella mujer.
Ella se quedó embarazada de él, tuvo al niño y él acabó casándose con ella. Desde entonces preferí no tener relación con ellos. No tengo idea de cómo les va la vida.
No me falta el dinero tengo un puesto y un salario muy buenos. Y justo la semana pasada mi ex apareció en mi puerta. Hacía años que no nos veíamos, así que me sorprendió mucho verle. Quería decírselo, pero fue él quien empezó a hablar primero. Me dijo que a su hijo le habían diagnosticado cáncer. El tratamiento es caro. Él y su mujer no pueden permitírselo, así que ha decidido recurrir a mí.
Dispongo de ese dinero porque vendí hace poco una casa que heredé de mi abuela. Él se enteró y por eso ha venido. Al final, la situación le favorece. Qué suerte tiene, ¿no?
Todavía no he decidido en qué gastar el dinero. Quería comprarme un coche bueno, aunque antes tengo que aprender a conducir. Apenas tengo tiempo. El caso es que no es poca suma, y tampoco me urge gastarla. Me pregunto si él me prestaría dinero si yo estuviese enferma. Lo dudo mucho.
¿Te imaginas lo desesperados que estamos? me dice. Pero nunca pensó en cómo me sentía yo. Ni su mujer tampoco. En su momento me cambió por ella sin pensárselo. En el divorcio dividimos todo a la mitad. Decía que todo le venía bien para empezar su nueva familia. Incluso quería quitarme el piso, pero lo compré antes de casarnos, eso me salvó. Qué lastimero se mostraba entonces. Y ahora está aquí, exigiendo dinero. Hablando de sus sentimientos.
Me dijo que si no le creía, podía mostrarme todos los papeles médicos. Yo no los quiero ver. Ni siquiera quiero reflexionar sobre el asunto. Aunque jure que me devolverán cada euro. Además, el niño necesitará rehabilitación después, otro gasto considerable. Sinceramente, dudo muchísimo que me devuelvan nada.
¿Por qué no pides un préstamo al banco? le pregunté.
Se lo solté así, sin rodeos. Empezó a gritar, hasta propuso ponerse de rodillas. Pero no lo deseo ni lo necesito. ¿Para qué humillarlo? Yo simplemente no quiero saber nada de él ni verle más. Él me traicionó en su momento. Por mí, que se busque la vida. Me dijo que volverá cuando recapacite. No hay nada que pensar.
Puede que algunos digan que no tengo corazón. Lo cierto es que quiero gestionar mi dinero como yo decida. No pienso compartirlo con nadie más. Tras la conversación me siento algo mal, pero no voy a ayudarles; será un aprendizaje y una justa consecuencia para ellos por sus actos.





