El hijo ajeno —Tu marido es el padre de mi hijo. Con estas palabras, una desconocida se plantó del…

Tu marido es el padre de mi hijo.

Así, sin anestesia, se plantó una desconocida delante de mí mientras disfrutaba tranquilamente de mi almuerzo. Ni corta ni perezosa, la señora se sentó frente a mí y esperó a ver cómo reaccionaba.

¿Y cuántos años tiene tu niño? contesté sin perder ni un poco la calma, como si esas cosas me pasaran todos los días.

Ocho contestó Marina, apretando los labios con fastidio. Está claro que esperaba cualquier cosa menos esta tranquilidad: ¿no me iba a enfadar, ni a montar un numerito, ni siquiera a desmentirla?

Genial respondí mientras le daba otro bocado a la tarta de cereza, la que sólo hacen deliciosa en esta cafetería. Llevamos apenas tres años casados, así que lo que él hizo antes de conocerme, sinceramente, me da bastante igual. Una sola duda le dediqué cierta curiosidad al preguntarle, ¿lo sabe Arturo?

No respondió la mujer, echándose hacia atrás en la silla. Pero da igual. Voy a pedir la pensión por alimentos. Y va a pagar, ¿está claro?

Por supuesto que sí asentí con calma. A mi marido le encantan los niños, así que si hubiese sabido algo, seguro que no habría dudado en involucrarse en la vida de tu hijo. ¿Por cierto, cómo se llama?

Se llama Diego soltó Marina casi sin pensar, notando enseguida lo rara que soy. ¿De verdad no te molesta que tu querido marido tenga un hijo por ahí?

Insisto, todo lo que pasó antes de nuestra boda me resulta indiferente le respondí con una sonrisa tranquila. Yo sabía perfectamente que no me casaba con un santo recién salido de un convento. Es lógico que un hombre de treinta años tuviera historias antes de casarse. Nada de eso me afecta. Lo importante es que ahora soy la única.

Bueno, nos vemos en el juzgado. Prepara la cartera, porque voy a exigir hasta el último euro que le corresponde al niño.

Marina salió dejando tras de sí un olor a perfume demasiado intenso. Costaba no arrugar la nariz; parecía que se había vaciado medio frasco encima.

En fin, lo que tú digas dije para mis adentros mientras terminaba la tarta. Me pregunto qué cara pondrás cuando te enteres de que el sueldo oficial de Arturo no pasa de mil euros al mes, que todo el negocio está a nombre de su padre y además ahora cuida de su madre enferma Vamos, que te van a quedar las migajas.

La verdad, me sentí un poco mal por el niño, que no tenía ninguna culpa de nada. Quizá debería ir a verles, conocerles y, en caso de que hiciera falta, acordar una cantidad decente cada mes para Diego.

Pero claro, eso si realmente Diego resultaba ser hijo de Arturo. Yo ya me sé cómo va el cuento

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Con dinero todo va más rápido. Pedimos la prueba de ADN y en menos de nada la tuvimos: Diego, efectivamente, era hijo de Arturo.

El chico, por cierto, me causó muy mala espina: demasiado callado y retraído. ¡Un niño de ocho años capaz de estar hora y media sentado sin decir ni mu, mirando a un punto fijo, mientras los adultos rellenan papeles! Ni pidió poner la tele, ni correteó por la sala, nada Muy raro para su edad.

Así que la idea de ir a visitarles me pareció todavía más importante.

La casa era en un buen barrio, con portero en la entrada y un piso de dos habitaciones completamente reformado. Bonita decoración, todo bastante nuevo y de calidad.

No entendía nada. ¿Cómo una mujer que vive así se queja tanto de apuros económicos?

El juicio será la semana que viene bufó Marina abriéndome la puerta. Ahí es donde tendríamos que hablar.

Quería conocer un poco mejor a Diego. Arturo está decidido a formar parte de su vida, incluso llevarle los fines de semana cuando se acostumbre a él.

¡Eso ni pensarlo! saltó la madre, ofendida.

De eso se encargará el juez respondí tranquila. Es su padre y tiene derecho. Por cierto, no veo ni un solo juguete

No tengo un euro extra para tonterías me contestó con desprecio, ya me cuesta comprarle ropa, ¿de qué juguetes me hablas?

¿De verdad? le solté, mirando descaradamente el bolso de marca que tenía en la mesita, la ropa cara tirada por el sofá y el neceser lleno de maquillaje de firma. ¿Segura de que te falta dinero?

Aún soy joven y quiero rehacer mi vida murmuró entre dientes, claramente incómoda con mi tono. ¿Y a usted qué le importa?

¿Y qué haces con el niño mientras buscas novio? empecé a entender por qué el chico era tan retraído.

Ya sabe entretenerse solo, no es tan pequeño. ¿Alguna otra pregunta? Si no, nos vemos en el juzgado.

Exigiré control y justificación de cada euro que se destine a Diego dije ya con ganas de irme de allí. Temo que la sentencia no va a ser de tu agrado

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El tribunal dicta sentencia en el caso de Marina Gómez Villar contra Arturo Molina Ruiz. Se reconoce la paternidad de Diego Gómez Gómez atribuida a Arturo Molina y se ordena inscribir el cambio en el registro civil. Se desestima la demanda de Marina Gómez por pensión alimenticia. Se acepta la demanda de Arturo Molina Ruiz para establecer el domicilio de Diego con su padre

Te juro que no pude reprimir una sonrisa. Se hizo justicia: Diego se venía a vivir con nosotros. Sé que siempre habrá quien me critique por separar a un niño de su madre, pero fue la mejor decisión para él. Todos los vecinos coincidían: a Marina le importaba bien poco su hijo, le gritaba siempre y no le temblaba la mano para darle un azote aun con testigos delante. Hasta el psicólogo infantil que le atendió recomendó dejar de vivir con su madre. Lo mismo decían los profesores y antiguos monitores de Diego.

Ahora Diego tendrá su propia habitación espaciosa, montones de juguetes, un ordenador Pero sobre todo el cariño de sus padres. Porque tanto Arturo como yo, te lo aseguro, ya estamos enamorados de este pequeño campeón.

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MagistrUm
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