Mira, te voy a contar algo que le pasó a unos conocidos en Madrid y la verdad, me dejó pensando. Resulta que Lucas y Jimena se conocen desde que iban a la guardería. Viven puerta con puerta, así que sus padres decidieron apuntarlos juntos al mismo colegio, incluso en la misma clase, y le pidieron a la profesora que los sentara juntos. Claro, pensaron que así Lucas podría cuidar de Jimena si surgía algún problema, que ya sabes cómo pueden ser algunas clases con tantos chavales.
Ellos estaban encantados de empezar el cole, y la verdad es que los estudios les iban genial a los dos. Pero cuando llegaron a tercero de primaria, la madre de Jimena notó algo raro: la niña estaba siempre asustada y no quería ir al cole. Un día, incluso le pidió que la cambiara a otro centro. La madre, flipando, llamó a la madre de Lucas, y resulta que en su casa tampoco pintaban bien las cosas.
Lucas, igual que Jimena, de repente quería cambiarse de colegio. Ese mismo día, tras las clases, la madre de Lucas vio que el niño tenía moratones en los brazos. Así que al día siguiente, ambas madres fueron juntas al colegio a ver qué narices pasaba allí.
La profesora intentó tranquilizarlas, diciéndoles que seguro que era una pelea fuera del colegio, pero justo en ese momento un grupo de chavales irrumpió en clase armando un jaleo bestial. Las madres, mirando alrededor, vieron cómo unos chicos le tiraban de la camiseta a Lucas y más allá hacían lo mismo con Jimena.
Las madres se lanzaron a defender a sus hijos, pero nadie las hacía caso. La profesora tampoco podía poner orden, y una de las niñas salió corriendo a llamar al director. Solo entonces, con el director delante, la cosa se calmó.
Entonces las madres de Lucas y Jimena dijeron que no pensaban dejar el asunto así. O llamaban a los padres de los matones para hablar o se iban directas a la comisaría a poner una denuncia. El director las intentó tranquilizar y les aseguró que al día siguiente citaría a los padres de los niños problemáticos y que ellas también estuvieran presentes.
Antes de irse, el director les confesó algo muy fuerte: esos niños eran hijos de familias adineradas de la ciudad, que nunca hacían caso a nadie, interrumpían las clases y maltrataban a los demás sin ningún respeto. Los padres ya habían sido llamados un montón de veces, pero tampoco servía de nada, porque los mayores tenían aún menos educación que sus hijos.
Al día siguiente, las madres volvieron puntualísimas. Los padres de los problemáticos ya estaban ahí. Y la profesora tenía razón en su aviso: aquello fue un escándalo. Los padres, montando el número, defendiendo lo indefendible y sin escuchar a nadie. Incluso fueron maleducados con la profesora. Solo el director logró calmarlos, y aun así por poco tiempo.
Al final, no se tomó ninguna decisión porque los padres, demasiado soberbios, se fueron de la reunión diciendo que no les molestaran con tonterías. El director, resignado, les dijo: ¿Qué podemos hacer? Esos padres pusieron dinero para arreglar el colegio; no puedo, así como así, pedir que saquen a sus hijos.
Cuando Lucas y Jimena llegaron a casa, les contaron toda la verdad: esos chicos humillaban a todos los demás. Si algún niño dudaba o iba solo por el pasillo, los matones lo acorralaban. A Lucas y Jimena les habían pegado solo por ir juntos, porque eso no les hacía gracia. Al final, las madres decidieron cambiar a sus hijos de colegio. Y la directora, viendo el panorama, también presentó su dimisión. Ni ella quería seguir trabajando entre niños y padres tan maleducados.
Así que ya ves, a veces, ni con dinero ni con poder se arregla la falta de educación Por desgracia, hay padres que enseñan bien poco a sus hijos y luego pasa lo que pasa.






