Llevo años con mi madre en una relación complicada, ya sabes, siempre esas fricciones que nunca terminan de sanar, pero jamás imaginé que las cosas pudieran llegar tan lejos. Tengo dos peques, una niña de 9 años que se llama Inés, y un niño de 6, Pablo. Vivo sola con ellos desde que me separé, y aunque siempre he sido muy responsable, trabajo mucho y me desvivo por mis hijos, mi madre insiste una y otra vez en que no sirvo para madre. Cada vez que viene a casa, es inspección completa: abre la nevera, pasa el dedo por los muebles buscando polvo, me suelta algún reproche si la ropa no está doblada a su manera o si los niños no están completamente callados mientras ella está.
La semana pasada vino a ayudar porque Pablo estaba resfriado. Dijo que se quedaría un par de días. Pues bien, una tarde, aprovechando que ella había bajado al supermercado, yo rebuscaba una factura en el mueble del salón y entonces lo vi: una libreta negra, gordita, con un separador rojo. Pensé que sería una de las mías, donde apunto los gastos, pero no. La letra que había dentro era la suya. Y nada más abrirla, en la primera página ponía:
Registro por si acaso tengo que actuar legalmente.
Paso la página y me encuentro con fechas exactas y cosas que, según ella, eran mis descuidos. Mira, cosas como:
3 de septiembre: los niños han comido arroz recalentado.
18 de octubre: Inés se acostó a las 22:00 demasiado tarde para su edad.
22 de noviembre: había ropa por doblar en el salón.
15 de diciembre: la he visto cansada mal estado para criar a los niños.
O sea, todo lo que hago, cada pequeño detalle de mi casa, ella lo va apuntando como si fueran delitos. Y además, había cosas completamente inventadas:
29 de noviembre: ha dejado a uno de los niños solo en casa durante 40 minutos.
¡Eso jamás ha pasado!
Pero lo que más me dio miedo fue un apartado que ponía Plan B. Ahí tenía apuntados los nombres de varias tías, esas que supuestamente podrían confirmar que yo vivo estresada, aunque jamás han dicho nada de eso. Incluso tenía impresos mensajes donde le pido que me avise antes de venir porque, claro, estoy liada y ella los guarda como pruebas de que rechazo la ayuda.
Había incluso un párrafo donde explicaba que, si conseguía demostrar que era desordenada o poco organizada como madre, podría pedir la custodia temporal de los niños por su bien.
Cuando volvió del súper, yo estaba temblando. No sabía si enfrentarla, callarme o salir corriendo. Volví a dejar la libreta exactamente donde estaba.
Esa misma noche soltó, como quien no quiere la cosa:
Tal vez los niños estarían mejor con alguien un poco más organizada
Y ahí entendí que lo de la libreta no era un arrebato; era un plan. Frío, pensado, premeditado.
No le dije que lo había visto. Sé que si lo hago, lo negará todo, me hará sentir culpable, le dará la vuelta a la tortilla y todavía podría empeorar más la situación.
No sé qué hacer.
Tengo miedo.
Y me duele hasta el alma.




