Descubrí que mi hijo había abandonado a una mujer embarazada. Yo misma pagué el abogado que la defendió.

Diario personal, 7 de marzo

Hoy, de nuevo, he pensado en cómo cambió всичко онази есенна tarde. Cuando supe lo que había hecho mi hijo, sentí cómo el suelo se abría bajo mis pies. No sentí vergüenza, sino una profunda compasión por aquella pobre chica la había visto una vez repartiendo pedidos en moto bajo el inclemente sol de Madrid, las ojeras marcadas, el vientre hinchado de vida, y una tristeza en los ojos que nunca olvido. Y tomé la decisión: tenía que hacer algo yo misma.

Llamé a su puerta un martes por la tarde. Me abrió todavía con el uniforme de trabajo, el embarazo más que evidente y el rostro cansado de alguien que pelea cada día. Se me partió el alma.

¿Sí? murmuró, con cautela.

Soy la madre de ese irresponsable que te ha dejado sola le solté sin rodeos. He venido a arreglar este asunto.

Se le llenaron los ojos de lágrimas.

Señora, no quiero líos

No vengo con problemas, hija. Vengo con soluciones. ¿Sabes quién es el mejor abogado de familia en Madrid? No importa, ya le he pagado yo sus honorarios. Mañana tienes cita con él.

Ella se quedó muda. Yo seguí:

Ese muchacho salió de mi vientre, pero no responde a mi educación. Pagará la pensión de ese niño, aunque tenga que trabajar días y noches para ello.

Y así fue. El abogado hizo un trabajo impecable. Cuando nació mi nieta porque es MI nieta, aunque mi hijo no lo acepte me presenté en el hospital con pañales, ropita y una cuna desmontada en el maletero del coche.

Señora, no hace falta que

Hace falta, sí la interrumpí. Soy tu abuela.

Mi hijo, como era de esperar, dejó de hablarme. Me acusó de traición, de meterme donde no debía, de arruinarle la vida. Yo le contesté que quien arruinó vidas fue él, y que yo sólo estoy enmendando el daño hecho.

Han pasado dos años ya. La joven y mi nieta viven conmigo en nuestro piso de Lavapiés. Ella estudia por las noches para sacarse el título de enfermera, yo cuido de la niña, y formamos la familia más peculiar pero la más unida del barrio. Mi hijo sigue sin dirigirnos la palabra, pero cumple con la pensión puntualmente el abogado es persuasivo.

Ayer, mientras daba el biberón a la peque, la chica se acercó por detrás y me abrazó.

Gracias, mamá susurró.

Mamá.

Y me pregunto: ¿puede haber un regalo mayor que ganar una hija y una nieta, aunque sea perdiendo al menos por un tiempo a un hijo? A veces, la familia no es la que te tocó, sino la que eliges cuidar y proteger.

Esto es una historia de responsabilidad, conciencia y un amor inesperado.

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Descubrí que mi hijo había abandonado a una mujer embarazada. Yo misma pagué el abogado que la defendió.