Mira, Marta, tú dime con sinceridad empezó a lamentarse Luis ¿qué más da a quién alquilemos la casa? ¿A conocidos o desconocidos? El dinero es el mismo, euros igual son.
Marta terminó de tender la ropa, mientras pensaba que igual le vendría mejor un poco de ayuda que tanta charla.
Luisito le respondió con paciencia, la diferencia está en que luego a los familiares no hay forma humana de sacarles el dinero.
¿Por Javier lo dices? y lo de Javier no le gustaba nada. ¡Si Javier es mi hermano! Él pagará, de verdad te lo digo. Ni siquiera te pide rebaja. Va a alquilar la casa por el precio completo, todo el verano. Así nos despreocupamos de encontrar inquilinos.
Luis, es una casa en la playa… Sé de sobra que en cinco minutos encuentro a alguien que pague bien.
¿Pero por qué tienes esa manía de alquilar solo a extraños?
Con extraños es fácil: contrato, señal, y si no pagan, los echo y santas pascuas. Con los de casa empiezan con el ay, Martita, entiéndenos, que tenemos niños y el ya te lo pasaremos más adelante o el oye, rompimos la tele, pero no nos vas a cobrar más, ¿verdad?. Créeme, ya lo he visto antes. No sabes cómo acaba eso.
La casa le vino a Marta de sus padres, que también la alquilaban. Ellos vivían en Alicante y aquella casita familiar junto al mar siempre había sido un buen complemento para llegar a fin de mes. Marta hizo lo mismo pero con una regla clara: nada de amigos ni familiares. Había visto de sobra como los amigos de sus padres muchas veces acababan por no pagar ni dar las gracias.
¿Y cómo acababa? preguntó Luis.
Pues porque no pagaban y luego ni una disculpa. Encima te ven con cara de ¿te cuesta tanto dejar que la familia pase unos días? No, Luis. Una cosa es negocio y otra es una pensión gratis para tu parentela.
Resulta que Javier se le había metido en la cabeza pasar tres meses en la playa con su mujer y sus tres niños. El verano era tranquilo en su trabajo y podían permitirse el lujo. Pero Marta intuía lo que pasaría con el pago; vamos, clarísimo estaba que Javier ni pensaba pagar nada.
Javier ni siquiera te pide que se la dejes gratis insistía Luis. Dice que va a pagar.
Todos dicen que sí al principio.
¿Qué nos cuesta, entonces? Siempre hay fila para alquilar la casa en verano, y todos pagan lo suyo, con contrato y sin líos. No quiero líos de amigos ni de familia. Lo justo es justo.
Era complicado hacerle entrar en razón a Marta, pero Luis todavía tenía una baza.
Vale, no te fías de Javier… ¿Pero de mí sí, ¿no?
Marta le miró esperando a ver por dónde le salía.
¿Te fías de mí? repitió Luis.
Claro, ¿y eso?
Si Javier nos falla, yo te pago el alquiler. Te lo prometo.
Muy heroico, sí, pensó Marta.
Menuda solución: me lo pagas tú ¡con nuestro dinero!
Bueno se vino abajo. Si quieres, busco un trabajo extra. Lo que gane, te lo paso a ti, solo a ti, no saldrá de lo nuestro. ¿Trato hecho?
Costó, pero a Marta le tocó la fibra. Si tanto se empeñaba, pensó, igual debía confiar un poco en el marido… aunque no tenía esperanzas con Javier.
Lo tuyo es convencer a cualquiera, Luis le dijo al final. Pero es tu responsabilidad.
Quedaba mucho para el verano aún, así que Marta se relajó y quiso confiar en él.
Llegó junio y, claro, empezó el festival. Luis llamaba a Javier cada tres días, preguntando si podía adelantar aunque fuera un mes de alquiler. Javier siempre prometía.
Sí, Luis, sí, todo bien. ¿El dinero? A la que me paguen un encargo grande que tengo pendiente, te paso la transferencia. Final de mes sin falta. No te preocupes.
Llegó el final de junio.
El dinero, ni rastro.
Marta aguantó el mes entero sin decir nada, aunque las ganas no le faltaban. No quería rebajarle la moral a Luis, pero ya no podía evitarlo:
Entonces, ¿ha pagado ya?
Que no, que el encargo está pendiente todavía, pero en cuanto cobre, lo primero es pagar la casa, de verdad…
La excusa, la misma de siempre.
Tenía en la punta de la lengua un ¿Ves lo que decía yo?
¿Ves por qué no quiero líos de familia? Siempre tienen una causa importantísima para no pagar a tiempo.
Ha sido mala suerte, de verdad, Marta Luis intentando justificarse. Sé que parece lo de siempre, pero de verdad, en unos días lo soluciona.
Ya… Y llegarán a septiembre, harán las maletas y: Gracias por las vacaciones, ya si eso te llamo.
Al final, tú no pierdes nada. Yo buscaré otro trabajo.
¿Vas a hacerlo? ¿Así, de verdad, hoy mismo?
Luis bajó el tono.
Dale un par de semanas más. Si no hay dinero, me pongo yo a ello. Lo prometo.
Nadie te obligó a hacerte cargo, Luis. Pero demuéstrame que tu hermano es tan honesto como dices.
Desde ese día, las cosas en la casa se pusieron un poco frías. Luis ni miraba a Marta igual.
Julio. Calor asfixiante. Y Marta todos los días pillaba a Luis mirando ofertas de trabajo online, pero sin atreverse a llamar a ninguno.
Oye, ¿sabes que hoy ya es treinta de julio? Dos tercios del verano y ni un euro de alquiler se lo recordó ella.
Sigo sin noticias buenas… Pero en cuanto cobre…
En cuanto cobre, sí, lo sé.
Nos pagará… y hasta nos compensará con algo más, seguro.
Yo ya no me creo nada. Me diste tu palabra: si él no paga, pagas tú. ¿Dónde está ese trabajo extra?
Lo cierto es que aquello de trabajar en dos sitios a Luis ya le parecía otra cosa mucho más sencillo prometer que cumplir, ¿no?
Lo estoy buscando, pero no estoy para cargar cajas, la espalda me mata.
Mejor sería que le digas eso a tu hermano, a ver si él sí se anima. O haces algo o llamo yo a Javier y le digo que si el viernes no tengo al menos la mitad, les toca irse, y la deuda la reclama un juez.
A Luis le empezó a sudar la frente.
¡Ni se te ocurra! ¿Un juicio? ¿Qué le digo yo a mi madre? ¿Que he denunciado a mi hermano? ¡Qué vergüenza!
Javier no quería pagar, Luis tampoco hacerse cargo, pero tampoco quería hacerse el malo, así que optó por hacer responsable a Marta.
¿Sabes? Muy bonito eso de preocuparte tanto por mí. Vas a dejar que me parta el lomo en dos curros para pagarte a TI, a mi mujer, la deuda que me ha dejado mi hermano.
Nadie te obligó, Luis. Te empeñaste tú solo.
Pero no imaginé que Javier nos iba a dejar tirados.
Eso lo sabía yo, por experiencia. Pero no me escuchaste.
Ya lo veo suspiró él, haciéndose el ofendido. Pero tú tampoco, Marta, ¿eh? Vaya manera de quererme Prefieres el dinero que mi salud. Aunque me dé un infarto, te da igual.
No tergiverses. Solo cumplo el trato que tú propusiste.
¡Pues pongo a currar a muerte y pago yo, si es lo que quieres!
Y eso hizo, a regañadientes, empezó a trabajar de repartidor por las tardes y miraba a Marta como con rabia.
Todo esto tu culpa le dijo un día.
¿Mía?
Sí.
Ojalá te sirva para aprender soltó Marta. Es muy fácil quedar bien a costa de los demás. A ver si pagas el alquiler de tu hermano y ves la realidad.
En el fondo, Marta seguía esperando que Javier de repente tuviese un poco de vergüenza y pagara lo suyo. Y mira por dónde, una tarde, Javier la llamó a ella directamente, no a Luis.
¿Sería para pagar?
Marta, una cosa
Javier, no tengo tiempo para historias. Teníais que haber pagado agosto y seguimos esperando el de julio. Ahora, el marrón es de Luis, que se comprometió.
Sí, sí, me lo ha dicho. Pobre, de verdad Mira, el coche me ha dado un disgusto, se me ha roto y me lo he dejado todo en el taller. Tengo que sacar a los críos y a mi mujer de aquí, y la renta… pues ya veremos.
Lo de siempre. Marta colgó.
Luis lo vio todo clarísimo con su cara.
Vale reconozco que confié demasiado. Pero tú tampoco me das margen para equivocarme. Y en vez de apoyarme, solo me presionas
¿Acaso tenía que quitarme yo el pan para que la familia de tu hermano veraneara gratis, y todo para que encima me lo eches en cara?
Sí, insistí yo, pero no esperaba que realmente me dejaras buscarme la vida solo por unos euros. ¿No tienes ni pizca de cariño?
¿Y tu hermano sí te quiere tanto?
No es mal tipo, le ha salido mal eso es todo.
Claro, pobre, con dejarme sin cobrar y meterte a ti en el lío, sigue siendo buenísimo. Pero yo, que solo reclamo lo mío, soy la mala.
Luis se quedó callado.
Parece que se avecinan tiempos complicados en casaDurante dos días no cruzaron palabra. Marta salía temprano, volvía tarde, y Luis apuraba cada minuto recogiendo pedidos en la moto, mascando su orgullo bajo el casco.
El viernes, justo al caer el sol, Marta encontró un sobre en la mesa de la cocina. Dentro había dinero en efectivo y un recibo del banco con la primera transferenciano era todo, pero era mucho más de lo esperado.
Luis entró tras ella, ojeras profundas pero los hombros algo menos caídos.
Lo prometido es deuda le dijo, mordiéndose los labios. No me llega para el mes entero, pero el martes cobro otro turno.
la miró, sin pedir perdón ni esperar palmaditas.
Marta apretó los dedos en el sobre; no por el dinero, sino por la rabia y el cariño juntos, revueltos. Su marido, a regañadientes pero digno, había hecho lo que Javier no: cumplir.
No necesitaba que estuvieras de acuerdo dijo Marta, dejando el sobre sobre la mesa. Solo que respetaras cómo hago las cosas. Y que, cuando eligieras, tuvieras claro por quién te partes la espalda.
A lo lejos, un pitido de móvil: mensaje de Javier, una foto de los niños en la playa, Mil gracias, bro, sois unos cracks. Sin un euro.
Luis resopló, agotado. Pero, por raro que fuera, sintió que en la derrota había aprendido algo. Y mientras Marta preparaba un café sólo uno, como antes supo que el próximo verano, ese café sería en su propia casa. Y solo para dos.







