Debéis entregarnos al niño. Nosotros somos sus verdaderos padres,” declararon los desconocidos en el umbral de la puerta.

**Tenéis que darnos al niño. Nosotros somos sus verdaderos padres dijeron los desconocidos en la puerta.**

**Mamá, ¿puedo no ir mañana al cole? ¡Otra vez me duele la cabeza! Álex se quedó en el umbral de la cocina, agarrándose al marco.**

Olga se giró desde la cocina, donde removía la sopa. Su hijo parecía pálido, con ojeras marcadas.

**¿Otra vez? Álex, esto ya es la tercera vez en una semana. ¿Seguro que no quieres ir al médico?**

**No hace falta. Solo estoy cansado. ¿Puedo quedarme en casa?**

**Veremos por la mañana. Ahora ve a hacer los deberes.**

**Ya los he hecho.**

**¿Todos? ¿También la tabla de multiplicar?**

**También la tabla de multiplicar.**

Olga se acercó, le puso la mano en la frente. No tenía fiebre. Pero últimamente el niño estaba raro, apagado. Antes no paraba quieto, y ahora se pasaba horas mirando por la ventana.

**Álex, ¿todo bien en el cole? ¿Alguien te molesta?**

**Sí, mamá. Solo me duele la cabeza.**

El niño se fue a su habitación. Olga volvió a la cocina, pero no podía quitárselo de la cabeza. Ocho años criando a un hijo y, de pronto, notas que algo pasa, pero no sabes qué.

Por la noche llegó Sergio, su marido. Venía cansado del trabajo, pero al ver la cara de preocupación de Olga, se puso alerta.

**¿Qué pasa?**

**Álex se queja otra vez del dolor de cabeza. Tercera vez esta semana.**

**Pues al médico.**

**Ya le digo, pero no quiere. ¿No será estrés? Es el final de trimestre, hay exámenes.**

Sergio fue a hablar con su hijo. Olga los oyó murmurar en la habitación. Cuando volvió, se sentó a la mesa.

**Dice que está bien. Pero acepta ir al médico mañana.**

**Mejor. Por la mañana pido cita.**

En la cena, Álex apenas comió. Dio vueltas a las lentejas con el tenedor, bebió un poco de agua y pidió irse a dormir. Olga y Sergio se miraron.

**¿Será que le gusta alguien? aventuró Sergio. A su edad pasa.**

**Es muy pequeño para eso. Solo tiene ocho años.**

**Bueno, los niños de ahora maduran rápido.**

Olga recogió la mesa mientras le daban vueltas las ideas. ¿Habría pasado algo en el colegio? ¿Estaría enfermo de algo grave?

Esa noche entró varias veces en la habitación de su hijo. Álex dormía inquieto, revolviéndose y murmurando. Olga le arropó y le acarició el pelo. El niño entreabrió los ojos.

**Mamá**

**Duérmete, cariño. Todo está bien.**

**Mamá ¿me quieres?**

**Claro que sí. Más que a nada en el mundo.**

**Y si si no soy tuyo.**

Olga se quedó helada.

**¿Qué dices, Álex? Claro que eres mío. Ahora duérmete.**

El niño cerró los ojos y se dio la vuelta. Olga salió de la habitación, pero no podía dormir. ¿De dónde sacaba esas ideas un niño de ocho años?

A la mañana siguiente, Álex se levantó sin que lo llamaran. Desayunó y preparó la mochila.

**Mamá, voy al cole. Ya no me duele la cabeza.**

**¿Seguro? ¿Y el médico?**

**No hace falta. Estoy bien.**

Y se fue corriendo antes de que Olga pudiera reaccionar. Desde la ventana, lo vio alejarse a paso rápido, como si llevara prisa.

El día transcurrió entre trabajo, compras y cocina. Pero la inquietud no se iba. Varias veces pensó en llamar a la tutora de Álex, pero al final no lo hizo. No quería parecer una madre histérica.

A las tres, llamaron a la puerta. Olga abrió. Había un hombre y una mujer desconocidos. Él, alto, de unos cuarenta años. Ella, más joven, con cara de nervios.

**Buenas tardes dijo el hombre. ¿Es usted Olga Martínez?**

**Sí. ¿Quiénes son?**

**Me llamo Javier López. Esta es mi mujer, Marta. Necesitamos hablar con usted.**

**¿De qué?**

El hombre miró a su mujer, que asintió con la cabeza.

**De su hijo. De Álex.**

Olga se tensó.

**¿Qué pasa con Álex? ¿Ha pasado algo en el cole?**

**No, en el cole está todo bien. ¿Podemos pasar? Es algo complicado.**

**No les conozco. ¿De qué quieren hablar?**

La mujer dio un paso adelante. Tenía los ojos llorosos.

**Por favor. Es muy importante. Se trata de que Nos tiene que dar a su hijo. Nosotros somos sus verdaderos padres.**

Olga retrocedió como si la hubieran golpeado.

**¿Qué? ¡Pero qué tontería es esta! ¡Álex es mi hijo!**

**Escuche el hombre sacó unos papeles de una carpeta. Tenemos pruebas. Hace ocho años, en el hospital, hubo un error. Intercambiaron a los bebés.**

**¡Largo de aquí! ¡O llamo a la policía!**

**Olga, por favor la mujer sollozó. Nosotros también hemos criado a un niño ocho años. Lo queríamos. Y luego descubrimos**

**¿Qué descubrieron?**

**Nuestro hijo bueno, el niño que creíamos nuestro se puso enfermo. Necesitaba una transfusión. Y vimos que el grupo sanguíneo no coincidía. Ni con el mío, ni con el de mi marido. Hicimos pruebas de ADN.**

Olga se agarró al marco de la puerta. Las piernas le flaqueaban.

**¿Y?**

**No era nuestro hijo biológico. Investigamos, fuimos al hospital. Esa noche solo nacieron dos niños. El nuestro y el suyo.**

**Esto es un error. Un malentendido.**

**Hicimos la prueba con el niño que habíamos criado. Luego conseguimos una muestra de ADN de su hijo.**

**¿Cómo? ¿Cuándo?**

El hombre bajó la mirada.

**Perdone. Le seguimos unos días. Cogimos un vaso de zumo que tiró a la basura. Fue suficiente.**

**¿Han espiado a mi hijo? ¡Esto es ilegal!**

**Necesitábamos saber la verdad. La prueba confirmó que Álex es nuestro hijo biológico.**

Olga sintió que se mareaba. Retrocedió hasta el recibidor y se sentó. Los desconocidos seguían en la puerta.

**Enséñenme los papeles.**

El hombre le pasó la carpeta. Resultados de ADN, informes del hospital. Olga los miraba, pero las letras se le borraban.

**Esto no puede ser verdad.**

**Nosotros tampoco queríamos creerlo susurró la mujer. Ocho años. Ocho años criando a un niño que no era nuestro.**

**¡Sí es nuestro! dijo el hombre con firmeza. Pablo es nuestro hijo. No biológico, pero nuestro. Lo queremos.**

**Y nosotros queremos a Álex Olga levantó la mirada. Y no se lo vamos a dar a nadie.**

**Pero él es de nuestra sangre**

**¡De sangre! ¿Y quién lo ha criado? ¿Quién no dormía cuando le salían los dientes? ¿Quién lo llevaba al médico? ¿Quién le hacía los deberes?**

**Lo entendemos el hombre se agachó a su altura. Créame, nosotros estamos igual. Pablo es nuestro hijo. Pero**

**¿Pero qué?**

**Nos

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MagistrUm
Debéis entregarnos al niño. Nosotros somos sus verdaderos padres,” declararon los desconocidos en el umbral de la puerta.