Alba nu se podía creer la suerte que había tenido cuando consiguió aquel trabajo que parecía un sueño hecho realidad. Al entrar a servir en una familia acomodada de Madrid, le ofrecieron la oportunidad de vivir en una elegante casa de Las Rozas, mientras cuidaba de dos niños mellizos de cinco años, inquietos y despiertos. La familia tenía algo inusual: el matrimonio parecía siempre distante y frío el uno con el otro. La esposa, Rocío, rara vez se interesaba por los pequeños, mientras que su marido, Javier, valoraba profundamente cada instante que compartía con sus hijos.
Durante las horas interminables que Alba pasaba junto a Javier y los niños en el jardín o en la vasta biblioteca de la casa, no podía evitar sentir cómo, poco a poco, surgían en su interior emociones difíciles de contener por aquel hombre entregado y generoso, aunque era plenamente consciente de que estaba casado. A su asombro, una tarde de lluvia, Javier le confesó en voz baja que se había enamorado de ella. Tomando una decisión inesperada, anunció que pediría el divorcio: comprendía que lo único que le unía a su esposa eran los hijos, pues Rocío parecía serle indiferente incluso a ellos.
Alba quedó atónita ante la confesión de Javier; jamás habría esperado que la historia diera semejante giro. Sabía bien que involucrarse con un hombre casado en España podría ser un escándalo y traer consigo graves problemas, pero le resultaba imposible negar lo que sentía por él. Se debatía entre su pasión y la sensatez que le recordaba que su vínculo tendría que superar muchas barreras, rumores y dudas.
A medida que los días pasaban, mientras Alba desempeñaba su trabajo, cuidaba a los pequeños y disfrutaba cada vez más de la compañía de Javier, se perdía en pensamientos acerca de lo que el destino les tendría preparado. Sabía que debía actuar con cautela y ponderar bien las consecuencias de embarcarse en una relación con un hombre en pleno proceso de divorcio.
El corazón de Alba latía con desgarramiento y ansiedad, sabiendo que el camino por delante estaría plagado de incertidumbre y decisiones difíciles. Sabía que tendría que sopesar cada posibilidad con atención, priorizando su propio bienestar y la felicidad de aquellos niños que tanto la necesitaban. Sin importar lo que escogiese, sólo ansiaba que ese paso la acercase a un futuro donde la felicidad y el amor en España pudieran, por fin, ser suyos.





