Durante los últimos veinte años he vivido con mi hija y su marido, pero ya no me quedan fuerzas para seguir aguantando la situación.
Tengo 65 años y soy abuela de siete nietos. Mucha gente podría pensar que soy muy afortunado y, en parte, yo mismo lo consideraría una bendición, si no fuera porque no paro de hacer de niñera y de escuchar el jaleo diario de los niños. Y mi hija parece no darse cuenta de que tiene tantos hijos
Cuando nació mi sexta nieta, me senté con Lucía y le propuse una conversación seria. Nunca creí que llegaría el día en que tendría que hablar de anticonceptivos con mi hija de 35 años. Pero cuando decidieron ir a por el séptimo hijo, empecé a sentirme mareado. En mi casa hay solo cinco habitaciones, y ahora convivimos nueve personas bajo el mismo techo.
Mi hija ha tenido mucha suerte porque mi mujer y yo trabajamos toda la vida para conseguir una vivienda más grande y comprar algo de terreno en la provincia de Albacete. Ahora mi yerno trabaja esa tierra y se llama a sí mismo agricultor. Mi hija le ayuda en todo, mientras yo paso el día entero en la cocina para alimentar a toda esta clase de críos. Los niños crecen, comen más, ninguno quiere repetir la comida del día anterior: solo aceptan platos recién hechos.
Cuando llegó al mundo mi sexta nieta, tenía la esperanza de que Lucía comprendiese por fin mi situación y que, al menos, pudiera descansar un poco del llanto de los bebés y el cambio constante de pañales, pero otra vez todo salió al revés.
Siempre he mantenido contacto con mi hermano Martín, que vive solo desde que su hija emigró a Alemania.
Una tarde, me llamó y me pidió que le visitase porque no se encontraba bien de salud. Por supuesto me preocupé por él, pero la verdad es que también sentí alivio al poder salir de mi rutina agotadora. Ahora Martín está mejor y no sé si tendré ánimos para regresar a casa tras estas vacaciones, donde volvería a escuchar los gritos y carreras de los niños. Al pasar estos días con mi hermano, recordé cuánto disfruto leyendo novelas, escuchando zarzuelas y viendo películas de cine español. Al fin y al cabo, puedo saborear mi vejez, en vez de esperar a que mis nietos se hagan mayores, pero no sé cómo explicárselo a mi familia
Ahora Lucía me llama y me insiste en que vuelva a casa porque no puede manejar ella sola a todos los niños. ¿Qué debo hacer?






