Ya no aguanto las ganas de casarme
Tomeu, ¿vas a llegar pronto?
Ya casi estoy, estoy a puntito de llegar.
Pues venga, date prisa. Que tenemos que hablar.
¿Ha pasado algo? Tomeu se puso nervioso.
No es que haya pasado, pero más vale hablarlo ya Martina no podía ocultar la inquietud, pero parecía que la tragedia aún no había hecho su entrada.
Quince minutos después, el cabeza de familia ya abría la puerta con su llavero enredado, como si el pasillo fuera un túnel sin fin.
Bueno… ¿qué ha pasado aquí? preguntó con cautela a su esposa.
Ve cambiándote y lávate las manos, no hace falta tirar ahora mismo el pan y salvar la galaxia le besó y le empujó suavemente hacia el baño.
Tras cumplir con todos los rituales domésticos, Tomeu salió del pasillo como si saliera del vientre de una ballena. Martina, con pasos firmes, le llevó hasta la habitación de su hija.
En el sofá, repantingada y con los ojos como tomates, estaba Leire. El aire flotaba raro, como si cada palmo estuviera cubierto de niebla de pesadilla.
¿Qué ha pasado? intentó mantener la calma Tomeu.
Pregúntale a la niña bufó Martina, vamos, cuéntale a tu padre qué se te ha pasado por la cabeza.
Leire hinchó aún más las mejillas y giró la cara hacia la ventana, abrazada a sus propios silencios.
A ver, chicas Tomeu dio un golpecito seco en la mesa, que retumbó como eco en una catedral. Ahora o habláis claro y pausado, sin dramas ni teatrillos, o me voy al salón a dormir la siesta, que vengo cansado de trabajar.
Resulta que aquí hay una boda contestó Martina con todo el veneno del sarcasmo. Pero exprés. De hoy para hoy.
¿Cómo? Tomeu se atragantó. ¿Así, de repente? ¿Y con quién, si puede saberse?
Como Leire seguía envuelta en silencio, le tocó a Martina hacer el relato:
Con Álex Madueño. El chaval ese con acné que viene a menudo, ¿sabes?
Ajá… Madueño, sí Tomeu miró a su hija. ¿Sí, hija?
Ella apretó los labios, decidida a no abrir la boca.
Mira, bonita, se acabó el teatro Tomeu levantó la voz y se puso serio. ¿Me tengo que poner a bailar sardanas para arrancarte un dato, o qué?
¡Álex y yo nos queremos! soltó Leire de pronto. Es el mejor, y nos vamos a casar.
Al menos algo que aclarar suspiró Tomeu. ¿Y estudia contigo?
Sí, en mi clase.
Primer año de carrera… Tomeu suspiró, resignado. Sois unos niños…
¡No somos niños! protestó Leire. Ya tenemos dieciocho, somos mayores de edad.
De acuerdo, entonces si sois adultos, hablaremos como adultos.
No quiero hablar Leire resopló. Vais a empezar: Sois jóvenes, esperad, hay que asentar la vida, comprobar los sentimientos… ¡Ya me lo sé! Vosotros, tan listos, tan formales, nunca entendéis lo que de verdad importa: que nos queremos, ¡esto es amor! Lo vuestro es matar lo bonito.
No quiero matar nada, hija Tomeu se dejó caer en una silla, agotado. Sólo quiero entender. Decís que os amáis, ¿verdad? Leire asintió desafiante. ¿Ambos queréis casaros?
No le menosprecies a Álex, papá. Él también quiere.
Muy bien. Tenéis la intención. ¿Y dónde vais a vivir? ¿Qué comeréis? Estas cosas hay que pensarlas…
¡Eso da igual! ¡Si hay amor, todo lo demás se soluciona! lloró Leire con pasión.
Leire, ¿cuántos años tienes? preguntó su padre. Siento que hablo con una cría. El amor no da de comer ni pone techo… ¿Qué sentido tiene correr tanto? Nadie está en contra de Álex, que venga, que hablemos y que conozcamos a sus padres… ¿Verdad, Martina?
Así es. Pero hay detallitos… Ellos tienen prisas de verdad.
¿Álex se va a la mili? Que yo sepa, ni hay servicio militar ni se lleva…
No, no es eso… Leire, ¿no piensas decir nada tú misma?
¡No estoy callada! chasqueó Leire. Es que vamos a tener un hijo.
El salón se congeló. Las paredes temblaban suavemente, como si estuvieran hechas de harina y latidos.
Vaya, esto sí que… musitó el padre. ¿Y qué pensáis hacer?
Casarnos. Tener el bebé. ¡Y ni se os ocurra insistir en lo otro! El niño nacerá.
Tranquila. Nadie va a presionarte. Pero conviene aclarar las cosas. ¿Sus padres saben algo?
Hoy… Hoy teníamos que hablarlo ambos con los nuestros…
¿Y bien? ¿Ya sabe algo?
Todavía no…
Bueno, me lo cuentas cuando te llame. Ahora, déjame cenar, que con tanto susto me va a entrar una lipotimia.
Fueron a la cocina. Martina recalentó una sopa y dispuso pan como quien monta un altar resignado.
¿Y ahora qué hacemos? susurró Martina.
No lo sé. Esperemos a ver qué deciden los otros padres. Hay que tomarlo todos juntos…
Apenas habían terminado la cena, llegó la noticia: los padres de Álex no, de ninguna manera. Hubo bronca monumental, gritos y portazos en el filo del sueño.
Quince minutos después, Leire apareció en el salón con el móvil, la pantalla brillando como un faro triste:
Es la madre de Álex… Quiere hablar con uno de vosotros…
Martina se cruzó de brazos:
Habla tú, cariño, que yo… no puedo.
Tomeu recogió el teléfono, pulsó el altavoz y gesticuló silencio con los labios tensos.
Buenas noches, soy el padre de Leire, Tomeu Morales.
Lucía. Madre de Álex. Mi hijo nos ha informado de que sale con su hija y, a tenor de los hechos, han hecho lo que no debían… y planean iniciar una vida juntos. ¿Están al tanto?
Sí, acaba de contárnoslo.
Perfecto. Permítanme aclarar que estamos en contra de semejantes… el tono goteaba sarcasmo …planes. Nuestro hijo tiene que terminar la carrera, tener un trabajo digno, construir una vida. Casarse en primero y menos aún con un bebé por medio no entra en nuestros planes.
Créame, tampoco eran los nuestros. Pero aquí hay un bebé, su nieto quizá, y ¿cómo cree que se soluciona esto?
Eso, perdone, es un problema de ustedes. Ni siquiera estoy segura de que sea de Álex. Y si lo es, tampoco vamos a aceptar el numerito: me caso porque estoy embarazada. Entiendo que su hija busque un buen partido: Álex no es ningún don nadie, tiene casa, futuro… Pero como madre voy a impedir que la atosiguen. Es la posición de toda la familia. Hemos hablado con Álex, y está de acuerdo. Dígale a su hija que no le moleste. Si quiere abortar o tenerlo, es su vida. Buenas noches.
Se oyó el pitido seco de una llamada enmudecida por el sueño.
Tomeu miró largo a las dos mujeres, como si la noche fuese una iglesia sin ventanas.
¿Habéis escuchado bien? Aquí no va a haber ningún aborto, nadie va a empujar a Leire a ninguna barbaridad. Cuando llegue el momento, pedirás un permiso, volverás luego a los estudios, te ayudaremos. Y al niño, lo cuidas y lo quieres. De los otros… ya hablaremos. ¡Hay que ver, qué poca vergüenza! Bueno, tomad una tila, llorad lo que haga falta, pero mañana será otro día. Lo superaremos.
Llevó aparte a Martina y susurró:
Esta noche, que Leire duerma contigo, para que no haga tonterías. Le susurras, la calmas. Yo dormiré en su cuarto.
Una hora después, alguien llamó a la puerta.
¿Quién será a estas horas? masculló Tomeu, y fue a abrir.
Poco después apareció con un chico de pelo revuelto, gafas empañadas y acné inquietante.
¡Álex! Leire se lanzó a su cuello. ¿Has venido por mí?
Sí, he venido por ti. Tomeu, Martina, vengo a llevarme a Leire.
¿Llevártela dónde, si se puede saber?
No sé todavía. Buscaremos un piso de alquiler. Somos mayores de edad, así que por favor, no nos pongáis trabas. ¿Vienes conmigo? preguntó a Leire.
¡Donde sea!
Un momento, chicos el padre levantó la mano. Un par de cuestiones básicas. Tu madre asegura que estás de acuerdo con ellos.
No del todo Álex contestó con una naturalidad rara. Mi madre manda y mi padre acepta sin rechistar. Yo les dije que sí para que no me corten el grifo. Cogí mi DNI, mi tarjeta y me vine.
Vaya… musitó Tomeu, sorprendido. ¿Y cómo piensas manteneros?
He ido ahorrando, curraba por las tardes, tengo mi propio canal y seguidores, me da para el alquiler un par de meses y comida. Después, buscaré más trabajo.
No está nada mal… ¿Qué opinas, Martina? ¿La dejamos volar?
No sé… de noche… me da cosa…
Claro, no se va nadie esta noche. Vamos a calmarnos. A ver, si vais a casaros…
¡Sí! respondieron los dos.
Y mantener al bebé…
¡Sí!
Os apoyamos. Pero varias condiciones: Álex, insistes en reconciliarte con tus padres y Leire te apoya. Esta noche te quedas aquí como amigo, en el sofá. Avísales de que duermes en casa de compañeros. Poco a poco les decís la verdad, pero sin guerras. ¡Y nada de dejar la carrera! Sobre todo tú, Álex. Leire ya pedirá su baja maternal. Nosotros os ayudamos, pero el trabajo es cosa vuestra. Boda discreta por ahora, que los euros vuelan, ya celebraremos cuando toque. ¿Tratamos?
¡Sí! Álex no dudó.
A mí me habría gustado una boda con iglesia, vestido y limusina… musitó Leire.
Ahora no toca le cortó Álex. Firmamos, y en unos años lo celebramos a lo grande.
Como tú digas.
Bueno, hijos, plan hecho. ¡Todos a dormir, que mañana canta el gallo!
Martina atrapó a Tomeu en la cocina, mientras se servía un vaso de agua temblorosa.
Oye, quería preguntarte, ¿por qué has cambiado de opinión tan de golpe?
¿De golpe? Después de escuchar a esa víbora de madre, se me revolvió todo… Y aparece este chaval, todo tímido, y resulta ser un hombre de verdad, que no abandona a su chica. Por alguien así sí merece la pena dar la mano de una hija.
Siempre tienes razón, cariño ella lo besó suavemente y fue a repartir a todos por sus lechos, como si en ese piso hubiese sitio para todos los sueños del mundo.







