Creo que cuantos más niños tengamos, mejor…

Hoy, al mirar hacia atrás, me doy cuenta de cuánto ha cambiado mi vida. Mi esposa, Carmen, y yo tenemos ya cuarenta y cuatro años. Hace mes y medio, la familia volvió a crecer: nuestra hija ha llegado al mundo, la primera después de cinco hijos varones. ¡Por fin una niña en casa!

Nuestra historia juntos empezó muy pronto, en el instituto de Madrid. Éramos jóvenes, apenas adolescentes, y Carmen dio a luz a nuestro primer hijo cuando tenía dieciséis años. Aunque muchos pensaron que eso sería una carga, para nosotros solo fortaleció lo nuestro. Nos casamos enseguida, sabiendo que no había nada que nos separase.

Mis padres siempre nos apoyaron, y recuerdo la alegría de toda la familia cuando, a los veinte años, supimos que venía nuestro segundo hijo. La casa se llenó de voces, risas y abrazos.

Una tarde, mientras tomábamos café en el patio, mi madre me confesó que siempre habría querido tener al menos dos hijos, pero por circunstancias, mis padres solo me tuvieron a mí. Sin embargo, les encanta ser abuelos y disfrutan cada momento cuidando a sus nietos.

Ser padre no es sencillo. Hay días de miedo, como cuando los niños se ponen enfermos, y también momentos divertidos, como cuando todos se pelean por la última porción de tortilla. Después de alguna discusión familiar, me siento triste, pero nunca dejo de querer a Carmen ni a mis hijos. Estoy convencido de que, mientras tengamos fuerzas y salud, deberíamos traer hijos al mundo; es una bendición.

Nos sentimos satisfechos, felices, y ambos compartimos el deseo de ampliar aún más nuestra familia. Quién sabe, quizá Madrid tenga pronto otro habitante pequeño de la familia Gómez.

¿Estoy equivocado al pensar así? A veces me lo pregunto, pero no encuentro motivos para arrepentirme.

Cierro el diario, sonrío y sigo adelante.

Rate article
MagistrUm
Creo que cuantos más niños tengamos, mejor…