Cómo mi esposo mantenía a escondidas a su madre mientras yo no tenía ni con qué vestir a nuestra hija Mi marido y yo no vivimos con grandes lujos; intentamos salir adelante lo mejor que podemos. Ambos trabajamos, pero nuestros sueldos no son altos, diría más bien que son bastante ajustados. Además, tenemos una hija de cuatro años. Imaginaréis lo caro que es criar a una niña pequeña hoy en día, y lo complicado que es llegar a fin de mes con pocos ingresos. Para colmo, mi marido decidió ayudar a su madre pagando parte de su alquiler. Apenas si logramos sobrevivir nosotros, y encima enviamos dinero a mi suegra. Mi suegra goza de buena salud y podría buscar algún trabajo a media jornada. Yo lo haría, pero tengo una niña pequeña y alguien debe cuidarla cuando sale de la guardería. Cada vez que le he pedido a mi suegra que cuidase de mi hija, siempre se ha negado, poniendo la excusa de que no tiene fuerzas y que su salud es mala. Después me enteré de que mi suegra se había ido de vacaciones y no precisamente baratas. Me lo contó mi marido, que me avisó de que mientras su madre estaba fuera, yo tendría que cruzar media ciudad para regarle las plantas. Decir que me quedé boquiabierta es quedarme corta. Sobre todo porque en vez de perder mi tiempo con sus macetas, podría estar ganando un dinero extra. Pero lo que más me sorprendió vino después. De repente mi suegra empezó a llevar una vida de lujo. Bolsos caros, vestidos de boutique y un montón de cosas más. Yo me preguntaba de dónde sacaba el dinero, porque mi marido siempre decía que su pobre madre no podía ni pagar el alquiler, y ahora esto. ¿Y ese centro de vacaciones? Quizá se ha buscado un “tío rico” que le pague todo. Un día observé que mi marido siempre iba con la misma mochila, y parecía muy pesada. Un día, mientras estaba en el baño, la abrí y vi que llevaba herramientas de reparación. Uno de los portátiles me resultó familiar: era de una amiga mía. Al día siguiente, cuando fui al trabajo, mi amiga me contó que mi marido hacía chapuzas para sacar un extra arreglando aparatos. ¡De ahí venía el dinero! Y cuando le pregunté directamente si se lo daba todo a su madre, me respondió que sí. –Así que yo y mi hija estamos sin ropa, remendando calcetines una y otra vez, y tú a tu madre la envías de vacaciones, le compras ropa de boutique… —Es mi dinero. Y lo gasto donde quiero. No hace falta decir que lo envié a casa de su madre. Si tanto la quiere, que viva con ella. ¿Acaso no es lo más justo?

Cómo mi marido mantenía a su madre en secreto y yo no tenía con qué vestir a nuestra hija

Mi marido y yo no llevamos una vida de lujos; intentamos salir adelante como buenamente podemos. Ambos trabajamos, pero nuestros sueldos son bastante ajustados. Diría incluso que más bien bajos. Además, tenemos una hija de cuatro años. Ya sabréis lo caro que es hoy en día sacar adelante a una niña pequeña y, en resumen, que no es fácil vivir con poco dinero.

Para colmo de males, mi marido decidió ayudar económicamente a su madre con el alquiler. Nosotros mismos apenas llegamos a fin de mes y aún así le damos dinero a mi suegra. Ella está perfectamente de salud y podría buscarse un trabajo a media jornada. Yo lo haría, pero me encargo de nuestra hija y alguien tiene que cuidarla en cuanto sale de la guardería. Le he pedido mil veces a mi suegra que se quede con la niña y siempre me pone excusas, diciendo que no tiene fuerzas y asegurando que su salud está mal.

Después me entero de que mi suegra se ha ido de vacaciones, y además a sitios nada baratos. Me lo contó mi marido sin ningún tapujo, explicando que mientras su madre no esté, necesitaría que yo fuese hasta la otra punta de Madrid a regar sus plantas. Decir que me quedé pasmada es quedarse corta. Sobre todo considerando que ese tiempo regando flores podría emplearlo en buscarme un ingreso extra.

Pero lo que realmente me sorprendió fue otra cosa. Últimamente mi suegra lleva una vida bastante pija: accesorios caros, vestidos de boutiques, y mil cosas más. Llevaba tiempo preguntándome de dónde salía ese dinero. Porque según mi marido, su pobrecita madre no es capaz de pagar ni el alquiler, y resulta que ahora se pasea tan elegante. ¿Será que ha encontrado algún tío rico que la mantiene?

Y un día me fijo en que mi marido lleva siempre consigo el mismo bolso y siempre lleno y muy pesado. Cuando fue al baño, no pude evitar abrirlo y me encontré con aparatos electrónicos. Uno de los portátiles me sonaba: pertenecía a una amiga. Al día siguiente, ya en el trabajo, mi amiga me confesó que mi marido se gana un dinero extra reparando dispositivos.

¡De ahí sale toda esa plata! Y cuando le pregunté directamente si todo ese dinero iba para su madre, me contestó que sí.
Así que tú y nuestra hija vamos remendando calcetines una y otra vez porque no tenemos ropa, y tú envías a tu madre a balnearios y le compras ropa de boutique con lo que ganas de más.
Son mis euros. Me los gasto en lo que quiero.

No hace falta ni decir que le dije que se fuera. Si tanto ama a su madre, que viva con ella. ¿No es lo más justo?

Rate article
MagistrUm
Cómo mi esposo mantenía a escondidas a su madre mientras yo no tenía ni con qué vestir a nuestra hija Mi marido y yo no vivimos con grandes lujos; intentamos salir adelante lo mejor que podemos. Ambos trabajamos, pero nuestros sueldos no son altos, diría más bien que son bastante ajustados. Además, tenemos una hija de cuatro años. Imaginaréis lo caro que es criar a una niña pequeña hoy en día, y lo complicado que es llegar a fin de mes con pocos ingresos. Para colmo, mi marido decidió ayudar a su madre pagando parte de su alquiler. Apenas si logramos sobrevivir nosotros, y encima enviamos dinero a mi suegra. Mi suegra goza de buena salud y podría buscar algún trabajo a media jornada. Yo lo haría, pero tengo una niña pequeña y alguien debe cuidarla cuando sale de la guardería. Cada vez que le he pedido a mi suegra que cuidase de mi hija, siempre se ha negado, poniendo la excusa de que no tiene fuerzas y que su salud es mala. Después me enteré de que mi suegra se había ido de vacaciones y no precisamente baratas. Me lo contó mi marido, que me avisó de que mientras su madre estaba fuera, yo tendría que cruzar media ciudad para regarle las plantas. Decir que me quedé boquiabierta es quedarme corta. Sobre todo porque en vez de perder mi tiempo con sus macetas, podría estar ganando un dinero extra. Pero lo que más me sorprendió vino después. De repente mi suegra empezó a llevar una vida de lujo. Bolsos caros, vestidos de boutique y un montón de cosas más. Yo me preguntaba de dónde sacaba el dinero, porque mi marido siempre decía que su pobre madre no podía ni pagar el alquiler, y ahora esto. ¿Y ese centro de vacaciones? Quizá se ha buscado un “tío rico” que le pague todo. Un día observé que mi marido siempre iba con la misma mochila, y parecía muy pesada. Un día, mientras estaba en el baño, la abrí y vi que llevaba herramientas de reparación. Uno de los portátiles me resultó familiar: era de una amiga mía. Al día siguiente, cuando fui al trabajo, mi amiga me contó que mi marido hacía chapuzas para sacar un extra arreglando aparatos. ¡De ahí venía el dinero! Y cuando le pregunté directamente si se lo daba todo a su madre, me respondió que sí. –Así que yo y mi hija estamos sin ropa, remendando calcetines una y otra vez, y tú a tu madre la envías de vacaciones, le compras ropa de boutique… —Es mi dinero. Y lo gasto donde quiero. No hace falta decir que lo envié a casa de su madre. Si tanto la quiere, que viva con ella. ¿Acaso no es lo más justo?