Cómo mi marido mantenía a su madre en secreto y yo no tenía con qué vestir a nuestra hija
Mi marido y yo no llevamos una vida de lujos; intentamos salir adelante como buenamente podemos. Ambos trabajamos, pero nuestros sueldos son bastante ajustados. Diría incluso que más bien bajos. Además, tenemos una hija de cuatro años. Ya sabréis lo caro que es hoy en día sacar adelante a una niña pequeña y, en resumen, que no es fácil vivir con poco dinero.
Para colmo de males, mi marido decidió ayudar económicamente a su madre con el alquiler. Nosotros mismos apenas llegamos a fin de mes y aún así le damos dinero a mi suegra. Ella está perfectamente de salud y podría buscarse un trabajo a media jornada. Yo lo haría, pero me encargo de nuestra hija y alguien tiene que cuidarla en cuanto sale de la guardería. Le he pedido mil veces a mi suegra que se quede con la niña y siempre me pone excusas, diciendo que no tiene fuerzas y asegurando que su salud está mal.
Después me entero de que mi suegra se ha ido de vacaciones, y además a sitios nada baratos. Me lo contó mi marido sin ningún tapujo, explicando que mientras su madre no esté, necesitaría que yo fuese hasta la otra punta de Madrid a regar sus plantas. Decir que me quedé pasmada es quedarse corta. Sobre todo considerando que ese tiempo regando flores podría emplearlo en buscarme un ingreso extra.
Pero lo que realmente me sorprendió fue otra cosa. Últimamente mi suegra lleva una vida bastante pija: accesorios caros, vestidos de boutiques, y mil cosas más. Llevaba tiempo preguntándome de dónde salía ese dinero. Porque según mi marido, su pobrecita madre no es capaz de pagar ni el alquiler, y resulta que ahora se pasea tan elegante. ¿Será que ha encontrado algún tío rico que la mantiene?
Y un día me fijo en que mi marido lleva siempre consigo el mismo bolso y siempre lleno y muy pesado. Cuando fue al baño, no pude evitar abrirlo y me encontré con aparatos electrónicos. Uno de los portátiles me sonaba: pertenecía a una amiga. Al día siguiente, ya en el trabajo, mi amiga me confesó que mi marido se gana un dinero extra reparando dispositivos.
¡De ahí sale toda esa plata! Y cuando le pregunté directamente si todo ese dinero iba para su madre, me contestó que sí.
Así que tú y nuestra hija vamos remendando calcetines una y otra vez porque no tenemos ropa, y tú envías a tu madre a balnearios y le compras ropa de boutique con lo que ganas de más.
Son mis euros. Me los gasto en lo que quiero.
No hace falta ni decir que le dije que se fuera. Si tanto ama a su madre, que viva con ella. ¿No es lo más justo?







