Cómo lograr que la hija de mi esposo se vaya con sus abuelos: No puedo aceptar su presencia

**Cómo conseguir que la hija de mi marido se vaya a vivir con su abuela? No soporto a su niño**

Me casé con un hombre que tenía una hija de un matrimonio anterior. Su madre la abandonó y se fue al extranjero con otro hombre, dejando a la niña al cuidado de su padre. Ahora vivo en un infierno, intentando convivir con una hija que no es mía en nuestra casa de un pueblo de Segovia. Soñaba con una familia feliz, pero en su lugar tengo a una chiquilla malcriada y maleducada que me amarga la vida. Estoy embarazada y necesito que se vaya con su abuela. Pero, ¿cómo hacer que sea ella quien quiera irse?

Cuando Carlos y yo empezamos a salir, su hija Lucía vivía más con la abuela. La veía poco y pensé que podría aceptarla como parte de su vida. Pero después de la boda, todo cambió. Mi suegra dijo que ya no podía con la niña y la trajo a vivir con nosotros. Intenté conectar con ella, pero todo mi esfuerzo chocó contra su indiferencia y mala educación. No me escucha, me ignora como si no existiera. Lo peor es que actúa como si mandara aquí: deja todo tirado y se queja de mí a su padre o a su abuela por cualquier tontería.

Todos los días escucho sermones de mi suegra: «Ten más paciencia, Sofía, ¡búscale el lado!». Carlos también me pide que sea comprensiva, pero ¿por qué debo aguantar los desplantes de una niña de doce años que me falta al respeto? No es mi hija, ¡y no quiero ser su niñera! Pronto tendré a mi propio bebé y no pienso soportar sus caprichos. ¿Por qué nadie la educa? Carlos y su madre la consienten, pasando por alto su actitud grosera y su pereza. Si sigue así, se convertirá en una egoísta insoportable.

Lucía es un desastre. Deja los platos sucios, la ropa por el suelo, y soy yo quien tiene que recogerlo todo. Su comportamiento me indigna: es maliciosa, calculadora, y hace lo posible por sacarme de quicio. Carlos trabaja hasta tarde, así que pasamos mucho tiempo solas. Aunque ya no es una niña pequeña, mi marido y su madre insisten en que no puede quedarse sola. ¿Por qué debo sacrificar mi tiempo y mi paz? ¡Yo también quiero trabajar, descansar, vivir mi vida!

Mi suegra viene un par de horas, la mima, y después me regaña: «¿Por qué no juegas con ella? ¿Por qué no le enseñas?». Cree de verdad que debo ocuparme de la hija de Carlos como si fuera mía. Su presión me ahoga. Si no me exigieran lo imposible, quizá podría aceptarlo. Pero ahora me arrepiento de haberme unido a un hombre «con equipaje». Lucía nunca será como una hija para mí, y no pienso fingir que lo es.

Todo se complica con mi embarazo. No quiero separarme de Carlos, lo amo y él intenta calmar nuestros conflictos. Pero no aguanto vivir bajo el mismo techo que Lucía. Su madre llama una vez al año, le manda regalos baratos, pero no se la lleva. La niña la echa de menos, y se nota que le duele. Pero su dolor no nos acerca, sino todo lo contrario: descarga su rabia contra mí, contestando y poniéndose insolente.

Sueño con que Lucía se vaya con su abuela. Sería la solución perfecta. Mi suegra vive cerca, la quiere y podría cuidarla. Pero, ¿cómo hacerlo? La niña se aferra a su padre, y él no quiere mandarla lejos. Intenté hablarle con cariño, sugerir que pasara más tiempo con su abuela, pero solo pone mala cara. Quizá si soy más dura, ella querrá irse. O tal vez debería hablar con Carlos para convencer a su madre. No sé qué hacer, pero siento que estoy al límite.

Mi embarazo lo hace todo más difícil. Quiero paz en casa, prepararme para la llegada de mi hijo, no perder los nervios con una hija que no es mía. Lucía pertenece al pasado de Carlos, pero no tengo por qué sufrir por ella. ¿Cómo conseguir que se vaya sin destrozar nuestra familia? Estoy al borde del colapso y necesito una salida…

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