Querido diario,
Hoy quiero contar una historia que me ha sucedido hace poco y aún sigo dándole vueltas. Hace unas semanas contraté a una señora para encargarse de la limpieza en mi oficina de Madrid. Se llama Carmen López y es una mujer increíble; trabajadora, siempre llega antes que nadie y en menos de una hora deja todo impecable, reluciente como si fuera una casa recién estrenada. Siempre concluye su tarea antes de que llegue el primer empleado.
Un día apareció en mi despacho para cobrar su sueldo mensual. Venía arreglada, con el pelo perfectamente peinado y un toque elegante. Por un momento ni la reconocí. Nada más entrar, me preguntó con una sonrisa:
¿Es cierto que los empleados tienen descuento en el lavadero de coches?
La pregunta me dejó un poco desconcertado. No entendía para qué necesitaba aprovechar ese descuento, pero se lo confirmé y le aseguré que también se aplicaba a ella. Incluso le sugerí que trajese a su familia, que también podrían beneficiarse de la oferta ya que era empleada nuestra.
Jamás podré olvidar mi sorpresa mejor dicho, mi auténtico asombro cuando la vi aparecer por el lavadero unos días después. Llegó conduciendo un Mercedes último modelo, en compañía de su marido y de su hija, ambos en sendos coches igual de caros. Era algo que en la vida habría imaginado que podía permitirse.
La curiosidad pudo más y, conversando con ella, descubrí que limpia veinte oficinas como la mía cada día, repartidas por todo Madrid y alrededores, y que, con tanto trabajo, gana una fortuna mensual en euros. ¿Te lo puedes creer? Yo todavía sigo sorprendido.
Ahora me quedo pensando si no tendría que pedirle algunos consejos sobre cómo gestionar un negocio y cómo aprovechar tan bien el tiempo y las oportunidades, como hace Carmen.






