Es interesante
Lucía apoyaba la frente contra el cristal frío de la cocina, una taza de té olvidado entre sus manos.

Todos los vecinos conocían a Juan como un borrico patoso, incapaz de vez en cuando, torpe otras tantas.

El bullicio matutino en la Gran Vía madrileña marcaba su ritmo habitual: tacones resonando sobre adoquines

Quien yo llamaba madre Valeria estaba ante la ventana de la cocina, mordisqueando pan duro con aceite

Alicia se quedó helada al escuchar las palabras de su suegra. Los dedos se le abrieron sin querer, y

—¡No toques mi muñeca! —chilló Sofía, arrancando de las manos de su hermana mayor la figura de porcelana

Aquella celadora embarazada entregó cinco euros a un mendigo. El secreto que develó al siguiente día

Oye, pensé que me había casado bien… Mientras Almu pagaba la compra, Sergio esperaba apartado.

El marido trajo a otra Lucía miraba su vestido con ojo crítico… El traje blanco, comprado por cuatro

—¿Tú eres Eva? ¿La esposa de Adrián? —Sí… ¿Y tú quién eres? —¡Eso no importa, importa para qué he venido!
