Amor hasta el desmayo: La ola asfixiante que lo arrasó al verla

Víctor se enamoró. Hasta perder el sentido. Cuando la primera oleada sofocante lo invadió al mirar a aquella mujer, pensó que era un desliz pasajero que desaparecería al saciar su deseo.

Pero tras el primer encuentro, el anhelo estalló como una bomba, arrasando todo a su paso excepto aquella obsesión.

El problema era que Víctor, felizmente casado, criaba a sus dos hijos deseados: una niña y un niño.

Mentir le repugnaba. Su amante amenazó con alejarse si no se divorciaba y la desposaba.

Aturdido, abrió la puerta de su hogar en Valencia, donde había vivido diez años de complicidad. Debía pronunciar palabras crueles, empacar su maleta, abrazar a los niños y huir tras… un espejismo.

Durante días ensayó mentalmente el drama: imaginó a Julia destrozada, gritos, lágrimas, maldiciones… Preparó respuestas frías. Entró.

Julia, en bata corta, fumaba un cigarrillo fino mientras reía por teléfono. «Qué hermosa eres», pensó él. Aun así, arrastró una maleta del altillo, estruendoso con armarios y cajones… mientras escuchaba, perplejo, las risas de su esposa. Finalmente, abrigado y con gorra, se plantó ante ella:

—Ha pasado algo… Me he enamorado de otra. Es más fuerte que yo. Perdóname —balbuceó pálido. Julia seguía charlando, ajena.

—¡Me voy de tu vida! ¿Es que no lo entiendes? —rugió, cubierto de sudor frío.

—Claro —respondió ella jovial—. Oye, Luz —susurró al móvil—, mi marido se va con otra. Ahora te cuento.
—Adiós, cielo —murmuró al oído de Víctor, besó su mejilla y cerró la puerta.

Él permaneció inmóvil, escuchando cómo Julia comentaba con Luz los niños, la moda, una película, la política… cualquier cosa menos su.

Dejó la maleta en el rellano, salió a la calle y llamó a su amante.
—¿Y bien, mi vida? ¿Eres mío? ¡Te espero! —chilló ella.

—No esperes —contestó seco—. No te quiero. Quiero a mi mujer.
Encendió su décimo cigarrillo, preguntándose cómo regresar a casa.

—¡Hice todo lo que me dijo! —gritó Julia al teléfono, dirigiéndose a su psicóloga—. ¡Y aún así se marchó!

—Lávate la cara, sonríe —respondió la voz calmada—. Volverá…


*Adaptación cultural: Nombres como Víctor, Julia, Luz; ubicación en Valencia; referencias ajustadas a expresiones y costumbres españolas (ej. “cielo”, “lavarse la cara” como consejo común). Se mantiene el uso de euros y elementos cotidianos como “bata corta” o “móvil”.*

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