Luis, no te entiendo. ¿Te has vuelto loco? ¿Qué significa eso de que me voy?
Lo que has oído. Hace tiempo que tengo una amante. Es dieciséis años más joven que yo. Y he decidido que con ella estoy mejor.
¡Pero si podría ser tu hija!
¡Qué va! Ya tiene veinte años.
Luis se acerca a ella.
Además, el padre de Valeria tiene mucho dinero. Por fin voy a vivir como siempre he soñado, ¿me entiendes? Y luego me dará un hijo, no como tú.
Cada palabra suya golpea a Teresa como una bofetada. Ella intuía que tarde o temprano podía ocurrir, pues no tenían hijos. Pero jamás imaginó que todo acabaría de una forma tan humillante.
Después de casi quince años juntos, Teresa siempre creyó que lo imprescindible en una familia era el respeto. Sin eso, nada tenía sentido.
Teresa, al menos podrías llorar, para que la escena resulte más decente. Así parece que el incómodo soy yo.
Ella levanta la cabeza, llena de dignidad.
¿Y para qué debería llorar? Me alegro mucho por ti, en serio. Al menos uno de los dos llegará a cumplir su sueño.
Luis pone gesto agrio.
Siempre a vueltas con tus pinceles. Eso ni siquiera es un trabajo, ¡es nada!
Bueno, es mi afición. Pero si yo trabajase un poco menos y tú ganases un poco más, quizá podría dedicarme de verdad a ello.
Venga, por favor, ¿a qué más te dedicarías? No puedes tener hijos. Trabaja y a callar.
Teresa se gira hacia él, que intenta cerrar la maleta con torpeza.
Luis, ¿y tu nueva… pasión? Ella no trabaja, ¿cómo vais a vivir? Tú tampoco eres un gran trabajador…
¡Eso ya no es asunto tuyo! Pero, mira, hoy estoy generoso y te lo cuento: con nuestro propio dinero solo tendremos que vivir poco tiempo. Cuando Valeria se quede embarazada, su padre nos colmará de euros. Ya verás, no te preocupes.
Por fin Luis cierra la maleta y sale del piso dando un portazo. Teresa arruga el gesto, nunca soportó los ruidos fuertes. Vuelve hacia la ventana.
Casi a la puerta para un coche rojo y lujoso. De él salta una joven que se lanza al cuello de Luis. Por supuesto, todas las vecinas se quedan mirando la escena. Qué descaro, piensa Teresa, ni siquiera ha intentado evitar humillarla.
Lo extraño es que Teresa siente alivio. Las últimas semanas su vida era una farsa. Luis casi nunca pasaba la noche en casa. Ella lo sabía, pero no lograba poner fin a ese nudo que llamaban matrimonio.
Coge el móvil.
Rita, hola. ¿Qué planes tienes esta noche?
Su amiga se sorprende.
¿Hola? ¿Has salido por fin de esa depresión?
Anda, no exageres. Nada de depresión, solo un poco de melancolía. ¿Te apetece salir? Tomar algo, charlar, incluso hay motivo para celebrar.
Por un segundo la línea se queda en silencio, después Rita pregunta:
Teresa, ¿estás bien? Dime qué pastillas te has tomado hoy. ¿Dolor de cabeza, fiebre? ¿Tienes fiebre?
Rita, para ya.
Si hablas en serio, por mí encantada. Ya era hora de verte sin esa cara de amargada. Pero…
¿Qué? ¿No puedes?
No es eso. ¿Tu Luisiño te va a dejar salir? ¿Quién le llevará la cena al sofá y le limpiará los mocos?
Rita, a las siete, en El Diamante.
Teresa cuelga. Algún día matará a su amiga, y será pronto.
Teresa sonríe para sí. Tiene ganas de hacerlo desde que la conoció, pero nunca ha afectado a su amistad. Coge el bolso y sale casi corriendo. Ya es mediodía y le queda mucho por hacer.
Rita mira el reloj impaciente. Teresa jamás llega tarde, y hoy ya son cinco minutos de retraso.
Cuando Teresa entra en el restaurante, Rita se queda boquiabierta, igual que el resto de los clientes.
Teresa siempre ha llevado el pelo largo, recogido en un moño. Hoy luce un moderno corte bob, claro. Jamás se maquillaba, apenas rímel y crema. Ahora lleva un maquillaje impecable, perfecto.
Solía vestir pantalones. Hoy lleva un vestido suelto que insinúa mucho más que unos vaqueros ajustados.
Teresa, estás… impresionante.
Teresa deja el bolso en la silla triunfante y se sienta.
¿Te gusta?
¡Ya lo creo! Pareces diez años más joven. No me digas que has echado a tu Luisiño…
No, ha sido él quien se ha ido.
Las dos amigas se miran y rompen a reír.
Media hora después, les llegan unas copas enviadas por un hombre que se sienta cerca. Es algo más mayor, cinco años quizá. Rita mira a Teresa con picardía.
Ya tienes admiradores.
Teresa sonríe y le hace una seña al hombre para que se acerque. Rita no sale de su asombro.
Hoy sí que me encantas.
La noche se alarga. Se llama Ignacio, es divertido, inteligente, atento y muy atractivo.
Despide a Rita en un taxi y a Teresa le ofrece acompañarla.
Estoy dispuesto a cruzar Madrid andando. Tengo coche, pero así no conduzco.
¡No hace falta! Vivo a dos calles de aquí.
Llegan a casa de Teresa casi al amanecer. Han paseado, han hablado de todo.
Teresa, no te he preguntado. Parecía que celebrabais algo. ¿Tu cumpleaños?
No bueno, depende de cómo se mire. Ayer, mi marido me dejó.
Teresa sonríe con su mejor sonrisa. Ignacio la mira sorprendido.
Madre mía, Teresa, sabes dar sorpresas.
Tres semanas después, Teresa y Rita charlan en una cafetería.
¿Qué tal va con Ignacio?
Ella sonríe.
Rita, creo que nunca he sido tan feliz. No le oculto nada y, de algún modo, él me entiende mejor que nadie.
Pero, ¿hay algo que te preocupe?
Bueno… Luis no se da por vencido. No sé por qué, pero me ha mandado la invitación de su boda.
Vaya ¿Y eso?
Supongo que espera verme hecha polvo. O enseñarle a su nueva mujer una ex derrotada.
Vaya tipejo… Teresa, lleva a Ignacio. Vais, le dais la enhorabuena y os marcháis. Y ya verá él…
Luis observa a Valeria.
Estás preciosa…
Lo sé. ¿Crees que vendrá mi padre?
¿Cómo no va a venir, si eres su hija?
Hija… Llevo un año sin ver un euro, siempre intenta que aprenda a trabajar. Menudo padre.
Luis la abraza.
Tranquila, que vendrá. Su niña se casa.
La boda la tienen que hacer pidiendo un préstamo. Luis y Valeria confían en que el padre termine cediendo y les abra el grifo de euros.
Luis…
¿Qué?
¿Y tu ex vendrá?
Te lo puedes creer, sí. Me llamó ayer.
¡No puede ser!
¡Sí! Seguro que es para pedirme que vuelva.
Lo más probable. Me encantan esos dramas.
Cuando Teresa le cuenta Ignacio su plan, él se queda pensativo.
¿A qué hora es la boda de tu ex?
A las dos. ¿Tienes algo?
¿Cómo se llama tu ex?
Luis. ¿Por?
¡Vaya casualidad! Por supuesto que iré contigo.
Por el camino le cuenta todo a Teresa y ella se queda tan perpleja que ni puede discutir.
Caminan juntos hasta la mesa de los novios. Teresa va cogida del brazo de Ignacio y sonríe con orgullo.
Luis y Valeria apenas disimulan su incomodidad. Se acercan.
Valeria susurra:
¿Papá?
Y Luis solo puede balbucear:
¿Teresa?
Apenas la reconoce. Jamás hubiera esperado verla así.
Ignacio entrega a Valeria un ramo y un sobre.
Me alegra mucho que te cases y empieces una nueva vida. Teresa y yo pensamos recorrer el mundo.
Se gira hacia Luis:
Comprenderás que tu futura suegra también necesita descansar. Así que, te la dejo en tus manos. Disculpa, tenemos que irnos.
Salen del restaurante. Teresa está a punto de estallar de risa, no sabe si Ignacio lo verá apropiado. Él se vuelve hacia ella:
¿Eres consciente de que ahora tendrás que casarte conmigo?
Teresa lo medita un instante, luego dice sonriendo:
Bueno, si no queda más remedio…
Y, abrazados, caminan hacia el coche. Ignacio ya reserva por teléfono billetes a algún lugar cálido, donde brille el sol y les espere el mar.







