Mi marido siempre ha dicho que no soy lo suficientemente femenina. Al principio, lo dejaba caer de p…

Mira, te cuento Mi marido siempre ha tenido la manía de decirme que no soy lo suficientemente femenina. Al principio lo soltaba como quien no quiere la cosa que si debería maquillarme más, que si me pondría un vestido de vez en cuando, que si sería mejor que fuera más delicada. Pero yo nunca he sido así, nunca he sido una mujer de esas. Soy práctica, directa, nada presumida. Trabajo, resuelvo problemas, hago lo que se espera de mí. Y él siempre me conoció de esta forma, no he fingido jamás ser otra persona.

Con el paso del tiempo esos comentarios se fueron haciendo más frecuentes. Empezó a compararme con las mujeres que veía por Instagram, con las esposas de nuestros amigos, con sus compañeras del trabajo. Llegó a decirme que parecía más una amiga que una esposa. Yo le escuchaba, a veces discutíamos, pero seguíamos adelante. Nunca pensé que fuese nada importante, lo veía como diferencias normales en una relación.

Pero el día que enterré a mi padre todo eso dejó de parecerme trivial. Estaba en shock. Llevaba días sin dormir, sin comer, sin pensar en otra cosa que cómo iba a aguantar el funeral. Me puse la primera ropa negra que encontré, ni me maquillé, ni me molesté en hacerme nada especial en el pelo. No tenía fuerzas para más.

Antes de salir de casa, mi marido me miró y me suelta:
¿Vas a ir así? ¿No puedes arreglarte un poco al menos?

Al principio ni lo entendí. Le dije que no me importaba cómo me veía, que acababa de perder a mi padre. Y él, tan ancho:
Sí, ya, pero la gente hablará. Pareces descuidada.

Sentí como si se me partiera algo por dentro, como si me apretasen el pecho.

En el tanatorio él estaba con los demás, saludando, dando el pésame, muy correcto. Pero conmigo estaba frío, distante. Apenas me abrazaba, no me preguntó una sola vez cómo estaba. En un momento, pasando frente a un espejo en el salón, me murmuró al oído que debería espabilarme un poco, que a mi padre no le gustaría verme de esa manera.

Cuando volvimos a casa después del funeral, le pregunté si de verdad eso había sido lo único que había notado ese día. Si de verdad no había sido capaz de ver que yo estaba hecha polvo. Y me contestó que no exagerara, que solo decía lo que pensaba, que una mujer no debe descuidarse ni siquiera en esos momentos.

Desde entonces, lo miro de otra manera.

Pero no puedo dejarle.
Siento que no sé vivir sin él.

¿Qué le dirías tú a una mujer así, si la tuvieras delante?

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MagistrUm
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