Bromita
¡Marina! ¡Marina, déjame copiar!
El susurro de Laura retumbó por toda el aula, y Carmen Victoria interrumpió el registro que rellenaba.
¡Tobar! Contrólate, anda, ¡hazlo tú sola!
Carmen, ¡es que es difícil! respondió Laura, que nunca se quedaba sin réplica.
¿Y quién te ha dicho que la vida sea fácil, Laura? Además, Marina tiene otro examen. Así que es inútil pedirle ayuda.
¿Cómo? ¡Si está sentada en primera fila!
Pues sí se rió Carmen Victoria, imitando a Laura. Le di un ejercicio aparte.
¡Eso no es justo! refunfuñó Laura, hundiendo la cabeza en el cuaderno, pero enseguida empezó a mirar a su alrededor en busca de un salvavidas.
Nadie se fijó en cómo Marina se recogía sobre sí misma en su mesa, temerosa de girarse o levantar la vista del examen.
Que ella era la “salvavidas” de la clase lo sabían todos los profesores. Vaya cabeza más brillante le había tocado a la criatura. Y claro, ahí iban todos a exprimir lo que podían. Y si te negabas, prepárate para dramas.
Pero Marina no era mala. Dejaba copiar, claro, pero siguiendo el consejo de su madre, intentaba hacerlo siempre con cuidado de no levantar sospechas.
Marina, sé que eres muy buena, hija, pero tienes que mirar por ti también. Si quieres entrar en el instituto que te gusta necesitas sacar buenas notas. No merece la pena arriesgar tu expediente por quienes ni se aprenden ni lo básico.
La madre de Marina tenía toda la razón, pero mientras la escuchaba, Marina solo podía suspirar. Si supiera su madre lo complicado que es ser empollona en una clase donde solo quieren sobrevivir
A ese colegio había llegado Marina después de que su madre se divorciara de su padre. Fueron varias razones, pero una de ellas era que el padre ya tenía un hijo pequeño de otro matrimonio antes de romper con la madre de Marina. Desde luego, nadie pensó en explicarle nada de todo aquello a la niña. Los mayores a sus líos, y Marina sola en su cuarto, dibujando con el lápiz negro, hoja tras hoja, sin dejar un solo resquicio claro.
La primera en darse cuenta fue la abuela.
¡Pero bueno! ¿A esto hemos llegado? ¡Mirad lo que le habéis hecho a la niña!
Aunque era la abuela paterna, se puso del lado de la madre de Marina.
Es igual que su padre. Ese también era de los que andaban de flor en flor hasta que volvió conmigo. Tiene la sangre bueno, la que tiene decía la abuela. Solo que el mío, al menos, siempre volvió y no trajo hijos en el equipaje.
¿Y usted le perdonaba?
¿Y qué iba a hacer, Oly? Le quería. Y sabía que a su manera, él también me quería. Si no, no habría vuelto.
¿Fue difícil perdonarle?
Eso ni lo digas. La verdad, nunca le perdoné del todo. La vida fue un sufrir. Ahora lo pienso, ¿para qué fue necesario todo aquello? Agradece a la vida, Oly, que el tuyo al menos formalizó fuera. Yo veo cómo eres tú. Si no, le habrías perdonado. ¿Verdad?
No lo sé duele mucho
Claro, hija. Pero la clave ahora es Marina, que está atrapada entre las dos partes. El niño no tiene culpa ¡Tenéis que pensar en ella!
Sí, tienes razón. Los culpables somos nosotros.
Así que Oly hizo lo que nadie esperaba: sentó a Marina, que tenía seis años, y se lo explicó todo tal cual.
Marina, papá y yo no vamos a vivir juntos más.
¿Por qué?
Nos vamos a separar. Viviremos tú y yo solas, y verás a papá los fines de semana o cuando se pueda. ¡Venga, no llores, mírame! Papá seguirá siendo tu papá, no se va a ir a ningún lado, te lo prometo.
¿Pero tú te vas?
¿A dónde voy a ir sin ti?
No te vayas
Solo entonces Oly entendió por qué en sus dibujos Marina pintaba tanta oscuridad. Tardó mucho en conseguir que la niña dejara de tener miedo, y no fue fácil, pero al final se apañaron. Marina veía a su padre, no tanto como quería quizá, pero lo suficiente para entender que dejaron a la madre, no a ella. Su padre la seguía consintiendo y se apañó con Oly para que la niña no sufriera. Marina iba a la playa con la nueva familia, jugaba con el hermano pequeño y hasta se llevaba bien con la mujer de su padre, Irene, que por suerte quería a los niños y no era un ogro.
A pesar de todo, lo ocurrido dejó huella en Marina, y a veces pensaba que igual su padre se fue porque ella no era suficiente o tenía algo mal, porque con Irene y el hermanito parecía feliz. Por mucho que madre y abuela le repitieran que no, cierta duda le carcomía por dentro.
Esa duda era horrible. Aparecía justo en el momento de mayor inseguridad, cuando Marina más necesitaba certeza de que podría con todo.
Al principio no se notaba nada. Una tontería: las piernas temblando cuando la sacaron en primero de Primaria para recitar un poema en la asamblea. Toda una semana ensayando con mamá, convencida de que lo bordaría. Si en el parvulario le daban los papeles más difíciles, ¿por qué iba a ir mal ahora?
Pero fue subir, ver a la familia desde el escenario, tomar el micro y quedarse en blanco absoluto. Lágrimas abajo y ni una palabra.
La jefa de estudios, que le había dado el micro, se agachó, le acarició la mejilla y le susurró:
¿Me lo recitas después?
No le quedaba otra que asentir.
Por suerte, Carmen Victoria no se olvidó de su promesa. Tras clase se quedó en la puerta para oír el poema. Ahí, rodeada solo de dos adultos y su madre, Marina recitó perfecto, hasta el último verso, tanto que hasta aplaudieron.
¡Muy bien! Sabía que podías.
Pero ¡no lo hice bien en el escenario! protestó Marina, rompiendo a llorar de nuevo.
¿Cómo que no? ¡Claro que sí! Mira cuántos somos. Puede que no haya sido delante de todos, pero es igual. Lo has hecho genial, niña, ¿lo entiendes?
Creo que sí
Aquel momento se le quedó grabado a fuego. Cuando años después Carmen Victoria fue su tutora en el instituto, Marina se alegró; se sentía, por fin, comprendida y protegida.
Tu hija es muy sensible confió Carmen Victoria a la madre de Marina. Lista y buena, pero frágil. ¿No habéis pensado en un colegio con excelencia matemáticas? Aquí se va a aburrir, con tantos críos que solo quieren pasar el expediente. Este es buen colegio, pero muy normalito. Necesita un entorno donde no tenga que ocultar su talento, porque aquí hace el esfuerzo constante de no destacar y eso no la deja ser ella misma.
Oly estaba de acuerdo, pero qué le iba a hacer si el otro colegio le pillaba en otra punta de Madrid, imposible sin coche. El padre podía tener otro hijo en cualquier momento, la abuela estaba delicada y Oly, con dos trabajos para ahorrar algo y soñar con un piso menos diminuto. En el que tenían, apenas cabían.
Aguanta un poco, hija. Voy a intentar hacerlo mejor y entonces buscamos un cole donde estés más a gusto, ¿vale? le decía Oly, abrazando a Marina mientras veían “Pasapalabra” en el sofá.
No te preocupes, mamá, ¡aguantaré!
¿Qué tal en clase?
¡Bien! contestaba Marina con todo el entusiasmo que podía, aunque por dentro sabía que no iba tan bien.
¡Eso ni de coña! y Oly la empezaba a hacer cosquillas. ¡Cuéntamelo todo, pero TODO, en detalles! Y nada de mentir.
Marina acababa riendo y al final terminaba soltando toda la verdad.
Nadie la molestaba directamente, pero más de una vez por detrás llegaba:
¡Otra vez la Marina luciéndose! ¿Visteis cómo contestó en Historia? Con esas respuestas, ¡a ver quién saca buena nota luego! ¿No podría fallar como los demás?
Eso nunca era a la cara, hasta que un día dejó de ser así.
Marina, ¡diez minutos! ¡No me da tiempo! el susurro de Laura le obligó a pasarle el folio de borrador discretamente.
Carmen Victoria, distraída por algún mensaje, no se percató de la jugada.
Víctor, el compañero de banco, le acercó su cuaderno para que pudiera ver mejor el enunciado de los ejercicios de Laura.
Gracias murmuró Marina, señalando disimuladamente el error de la operación.
No hicieron falta más palabras. Se conocían desde Primaria y con una mirada entendían todo. Un par de números y Víctor ya estaba corrigiendo el fallo en su hoja.
El borrador de Marina voló hasta la mesa de Laura y se hizo el silencio hasta el final de la clase.
Luego, se desató el infierno.
¡Pero tía, de verdad! ¡Eres de piedra! ¡Es el final del trimestre! ¡No tengo nada hecho y tú…! ¡Menuda amiga!
Laura, te pasas contestó Marina, tranquila por fuera, furiosa por dentro.
¿Por qué le debía nada a nadie?
Eso de ¿qué le debe una a nadie?, era frase típica de su abuela, especialista en castellanismos cuando se enfadaba y le prohibía a Marina emplear tacos más fuertes.
Tú eres señorita, no descargadora del puerto. ¡Compórtate!
Pero, abuela, tú también eres señorita y bien que dices cosas
Yo ya soy de segunda mano, ¡y puedo! Tú no, cielo. A tu edad, es vulgar. A la mía, queda hasta poético, quién sabe Y que no oiga en tu boca esas barbaridades que dicen los chicos.
Pero a los chicos sí les vale
Es diferente. Y recuerda: lo que le vale a un hombre, a veces para una mujer no. Poca broma con eso. ¿O es que tú quieres que tu futuro novio te vea como colega?
¿Y por qué no?
Porque los tíos, los normales al menos, no se casan con sus colegas. Amigas sí, esposa ya es otra cosa. ¿Me entiendes?
Creo que sí Oye abuela, ¿con mamá y papá fue igual?
Algo parecido. Pregúntales a ellos, no me voy a meter más. Pero una pizca de misterio, de ternura, hace milagros, Marina. Gritar tacos sólo estropea el encanto, guapa.
¿Entonces qué es?
Mejor que no te lo diga yo, que no tengo filtro.
¿Te acuerdas ahora de que eres señorita, abuela? Marina no podía contener la risa.
¡Pues claro, al menos de vez en cuando!
En aquel momento, Marina se habría desahogado diciendo todos los improperios de Laura y compañía, pero algo le decía que no era lo suyo.
¡Déjala en paz, Laura! Víctor recogía su manual de física mosqueado. ¡Siempre esperando que te den todo hecho!
¡Los amigos no hacen eso! Laura aporreó la mesa, bufando. ¡Si tú también copias!
¡Eso es mentira! Y Marina se hartó. ¡Basta ya! Víctor hace lo suyo, yo sólo le ayudo si veo que falla, y a ti también te he ayudado hoy. ¿Qué más quieres?
Recogió a la carrera su mochila, apartó a Laura y salió a toda prisa, aguantando las lágrimas que el resto de la clase miraba con sumo interés.
Laura no la siguió, pero masculló por lo bajo:
Ya te pillaré, Marina. Menos orgullo, bonita…
Aquel día no hablaron más. Ni al siguiente. Ni la semana después.
Laura directamente la ignoró y la clase entera empezó a preguntarse cuál sería la próxima venganza creativa de la antagonista.
Y ya se sabía que imaginación a Laura le sobraba. Cuando alguien le caía mal, era capaz de convertir la vida en un festival de sorpresas, no siempre agradables.
Marina empezaba a temer las represalias, pero Laura la sorprendió:
Marina, ¡ya está bien! Dos semanas en mutis. ¿Hacemos las paces? Laura sonreía tan francamente que casi convencía.
Si yo no estoy enfadada
Claro, claro. Bueno, olvidado. ¿Y qué, cómo recibes el año nuevo? ¿En casa? ¿Te vas de viaje?
Ni rastro de ofensa en el tono, que hizo que Marina bajara la guardia. Y ay, error. Errorazo. Laura no era experta en perdonar.
Por eso, cuando Marina encontró en su mochila una notita extraña, ni se le ocurrió pensar en Laura.
Marina, me gustas mucho. Víctor.
La letra era sospechosamente parecida a la de su compañero de pupitre. ¿Cómo iba a imaginar Marina que Laura había estado una semana ayudando a la profe de lengua, cotilleando cuadernos hasta dar con alguien cuya letra se pareciera a la de Víctor? Y que luego había organizado toda una operación, aliándose con amigas de la otra clase, para conseguir la dichosa nota.
Ahora vas a llorar tú, Marina, no seré la única con dramas pensó Laura, guardando la nota en la mochila de Marina durante el recreo.
En ese momento en el vestuario no había nadie. Marina lanzaba saques en voleibol, mientras las amigas de Laura la entretenían todo lo posible.
Marina, ¡dale más fuerte! ¡Eso no vale!
Ninguna dejó escapar ni una expresión cuando Marina descubrió la nota en la mochila.
¿Y esto? ¡Pero Marina, mona, cómo te lo callas! Chicas, mirad, ¡que a nuestra Víctor le mola la Marina! Laura cogió la nota y se puso a hacer el tonto por el vestuario A ver, estrategia
¡Dámela, Laura!
Venga, relájate. Bueno, en realidad tienes razón, no hace falta plan. ¡VÍCTOR!
Laura salió a todo correr al vestuario de los chicos, pegando a la puerta.
A Marina se le fue todo el color. Solo su diario y su madre sabían que le gustaba Víctor.
¿Eso es malo, mamá?
¿El qué, hija?
Que me guste
¿Por qué iba a ser malo?
Es pronto
El amor nunca es pronto, Marina.
¿Pero yo le quiero?
Ahora mismo, no. Eso se llama de otra forma.
¿Cómo?
Enamoramiento. Es bonito. Es como estar en el umbral de algo.
¿Y eso?
Imagínate una puerta. Estás asomándote, y ves que detrás hay de todo: alegría, miedo, rabia y mucho cariño. Pero hay que decidir si entrar.
¿Por qué asusta?
Porque el amor remueve todo. Y sin amor, la vida es menos vida. Buscamos compañía desde que nacemos, porque nadie quiere estar solo. Al final, lo difícil es encontrar a ese alguien y, más aún, confiar.
¿Entonces me alegro de estar enamorada?
Es maravilloso, hija. Si lo llevas con cabeza.
Mamá
Vale, ¡no digo más! Sé que no harás locuras. Háblame del chico. ¿Le conozco?
Sí Marina sonreía con su secreto entre las manos, temerosa y feliz.
Laura lo pilló todo en su gesto: el modo rápido de ocultar la nota y la mirada de pánico. Si no fuera por el escándalo de Laura corriendo, Marina habría caído en que era imposible que Víctor hubiese metido algo sin que ella lo viera, ya que estuvo con ella en el equipo.
Los chicos salieron del vestuario y se echaron a reír al ver a Laura haciendo el show con la nota y Marina, blanca como la cera, casi encajada en la esquina.
¿Y aquí qué pasa?
Carmen Victoria apareció de la nada y la clase sintió un escalofrío típico cuando la tutora aparecía en el momento menos oportuno.
¡Carmen Victoria, tenemos noticia! gritó Laura, besando la nota y agitándola en alto ¡Campanas de boda!
Laura, ¿das la nota? ¿Qué llevas en la mano?
Una nota romántica. Que Víctor está coladito por Marina. ¡Eso dice!
Un rumor de risa no llegó ni a nacer.
¡Shhh! Carmen Victoria miró a Marina. ¿Marina?
Fue inevitable que Marina recordara el día de la asamblea, llorando delante de todos. Y a Carmen Victoria repitiendo que lo podía hacer.
¡No tengas miedo! Sé que puedes.
Golpe de valor, se separó de la pared, un paso, otro, y se paró frente a la profesora que la miraba, no con dureza, sino casi como una madre.
Laura me quitó la nota. Yo no quería que nadie la viera.
Ya te entiendo. ¿Víctor?
En ese instante, lo inesperado:
Sí, la escribí yo.
Víctor apartó a los amigos vocingleros, quitó la nota de las manos de Laura y se la dio a Marina.
Es feo cotillear cartas, Laura.
¡Eso es mentira! chilló Laura, entendiendo ya que el desastre era monumental. Se había quedado sin venganza, ni humillación pública, ni nada. Marina seguiría yendo por el colegio con cabeza alta.
Lo que Laura jamás entendió fue que la dignidad de Marina venía de su propio miedo. Pero, en ese momento, algo cambió sutilmente. Su mentón dejó de temblar por miedo y surgió una nueva firmeza.
Y una sensación de liviandad, como si fuese a salir volando por los pasillos del instituto. Al menos, si no fuese tan absurdo, juraría que le crecen alas.
Laura Carmen Victoria frunció el ceño.
¡Era una broma! ¡Y él miente! quiso llorar Laura, pero sin éxito.
¡Dame eso! Víctor terminó la disputa, dobló la nota y la puso en la mano de Marina. Es para ti. Y no la enseñes, prométemelo. Carmen Victoria, ¿hoy toca redacción de lengua? Galina Andrea dijo que sí, y no he preparado NADA.
¡Qué sincero! Pues sí, toca, aunque el tema lo cambiaré por otro más actual. Venga, ¡al aula! ¡Que ya ha sonado el timbre y ni cambiados estáis! ¡Echando leches!
El 2ºB salió disparado del vestuario. Nadie atendía ya al enfado rojo de Laura, ni a las sonrisas nerviosas de Marina y Víctor, ni a la nota blanca que Marina apretaba en el puño.
Aquella nota acabaría pegada en su diario, bien protegida hasta el día que, muchos años después, se la entregara a Víctor en su propia boda.
Toma, marido.
¿Y esto, mujer?
Nuestro principio
¿Dejas que lea lo que escribiste ahí?
Tú ya lo sabes todo.
No, no todo.
¿Y qué te queda por saber? Se abrazaría a Víctor, ignorando gritos de ¡Que se besen! en el banquete.
¿Recuerdas lo del umbral y la puerta?
Sí.
¿Cruzaste ese umbral?
Los ojos de Marina brillarán y el susurro será audible para Víctor, pese a la fiesta:
¡Ya lo creo! ¡Cerré la puerta detrás de mí! Ya no estoy enamorada de ti
¿Cómo?
Te lo digo: ¡TE QUIERO! ¿Te enteras?
¡Ahora sí! ¿Dulce, Marina?
¡Dulce!






