Tú no le amas, pero nosotros estábamos bien juntos, ¿y si lo intentamos otra vez, está bien?

¿No dices que no lo quieres, y nos fue bien juntos? ¿Por qué no intentamos empezar de nuevo, qué te parece?

Hace ya tres años que firmamos el divorcio, y lo hicimos como buenos amigos, sin grandes reproches, tal como pusimos en la declaración: incompatibilidad de caracteres. Nuestra hija al principio pensó que sólo era una pelea, que su padre se había marchado por trabajo durante un tiempo.

Los fines de semana se lo pasaba en grande con él; se encontraban, y al regresar por la noche, cenábamos en familia antes de que Roberto se marchase. Alina se despedía de él largamente, y se quedaba vigilando desde la ventana hasta que su padre desaparecía calle abajo…

Hace apenas una semana, mi hija cumplió seis años. El último año, Alina y Roberto apenas han tenido trato. Los motivos eran dos: Roberto conoció a otra mujer, y ya no podía dedicarle cada fin de semana a la niña; por mi parte, yo también tenía a alguien en mi vida. A Alan lo conocí durante una excursión a Doñana. Alina y yo nos rezagamos del grupo y él, despistado, también se quedó atrás. Cuando logramos alcanzar al guía y reunirnos de nuevo, surgió la conversación y terminamos intercambiando números de teléfono antes de volver a la marcha.

En comparación con Roberto, Alan era todo lo contrario: reservado, discreto, pero a la vez de confianza. Nunca decía lo que no iba a cumplir y jamás se olvidaba de nada. En todo el tiempo que lo conozco, nunca llegó tarde, nunca falló una promesa. Con Roberto, en cambio, todo eran olvidos y malentendidos; quizá por ese desinterés acabamos rompiendo…

Tanto Roberto como Alan iban a acudir al cumpleaños de mi hija. Yo estaba intranquila pensando en cómo congeniarían, cómo se comportarían entre la familia y los amigos. Alina, desde luego, esperaba a su padre ilusionada, aunque ya tenía una buena relación con Alan.

Todos los invitados llegaron puntuales, menos mi exmarido, que como siempre se retrasó. Alina pidió aguardar por él, así que llené el rato remontando anécdotas y compartiendo cotilleos con los demás.

Al fin apareció el padre, con un gran paquete envuelto para Alina, y para mí, un enorme ramo de flores. Me quedé algo desconcertada. Alan se presentó con toda corrección, pero Roberto, como si no hubiesen transcurrido estos tres años, asumió el papel de anfitrión: sentando a los invitados, dirigiendo las bandejas, en definitiva, comportándose como en los viejos tiempos.

Alina no se separó de su padre un segundo, y Alan, viendo el panorama, se mostró claramente incómodo. Yo me esforcé en atenderle, pero a pesar de todo, al poco rato Alan se excusó alegando trabajo urgente y se despidió.

Con Alan fuera, Roberto se volvió aún más familiar y relajado. Cuando fui con él a la cocina para sacar la tarta, le pedí discretamente un poco de calma. Entonces mi antiguo marido soltó de pronto:
No lo quieres realmente, y tú y yo estuvimos bien juntos, ¿por qué no volvemos a intentar empezar?

Me quedé muda por un momento, hasta que logré responderle:
No, cariño, no puede ser. Lo nuestro no funciona, sólo nos une Alina, y eso basta. Estoy contenta de que estés pendiente de ella, que ella te espere, pero yo no espero por ti; sobre todo después de verte con otra mujer.

Eso es distinto, es sólo para el cuerpo, no para el alma. No quiero pasar la vida así…

Pues precisamente por eso hay que buscar a quien te ofrezca un amor de verdad, y no conformarse con lo de siempre…

Los invitados se fueron marchando. Roberto se quedó hasta el final, me ayudó con los platos, acostó a la niña, y aún esperaba a ver si le insinúo que se quedara a dormir. Cuando se dio cuenta de que no lo haría, no se ofendió; me dio las gracias por la charla, me besó en la mejilla, y se fue sin más.

Esa misma noche llamé a Alan y le propuse salir juntos al día siguiente para hacer un picnic. Alan se alegró como un crío, me prometió que pospondría todo lo que tuviera y que vendría a recogernos a Alina y a mí a las nueve en punto de la mañana.

A las nueve sonó el timbre, y Alina gritó: ¡Sí! ¡La fiesta sigue!. Los tres pasamos un día fantástico al aire libre, en los alrededores de Madrid. Al volver le pregunté a mi hija:
Alina, ¿te importaría que Alan viviera con nosotras?

Alina me miró con seriedad y respondió:
Tú siempre lo esperas, así podrás verlo todos los días…

Así fueron aquellos días, que ahora recuerdo como si fuesen de otra vida.

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MagistrUm
Tú no le amas, pero nosotros estábamos bien juntos, ¿y si lo intentamos otra vez, está bien?