Mi suegra y el ahorro extremo son prácticamente la misma cosa. Ella piensa que no tiene sentido comprar nada para el recién nacido cuando ya hay niños mayores en la familia y pueden darnos ropa usada. Ya imaginas cómo llegan esas prendas tras pasar por diez manos. Por eso no quiero ese tipo de cosas.
Al principio, vivíamos en un piso de alquiler y mi suegra no se metía en nuestra vida. Pero luego compramos nuestro propio hogar y ella decidió encargarse de la reforma. Según ella, la cerámica la pondría un conocido, otro amigo haría la electricidad… Nada de contratar a profesionales.
La calidad de esos maestros deja mucho que desear. Basta ver la reforma de su propia casa: ella misma tropieza a cada paso por el suelo desnivelado. Cuando rechacé sus propuestas, mi suegra me llamó interesado y me acusó de tirar el dinero.
Empezamos a cambiar los muebles y llegó la segunda parte del drama. Mi suegra llamó a todos los parientes y empezó a recopilar sofás, vitrinas y alfombras viejas. Cuando rechazamos sus ofertas, soltó que con esa actitud pronto acabaríamos mal.
Por suerte, mi esposa estuvo siempre de mi lado. Los dos ganamos suficiente como para amueblar la casa dignamente. Hicimos todo a nuestro gusto, pese a que mi suegra estuviera que echaba humo.
Quiero aclarar que no soy un derrochador. Mi hermana suele regalarme ropa, pero siempre está en buen estado y de calidad. No acepto cualquier cosa sólo por ahorrar dinero. Prefiero comprar pocas cosas y buenas para el niño, pero que sean cómodas y bonitas.
¿Por qué despilfarras el dinero? Tenemos tantos niños en la familia se quejaba mi suegra.
Sabía que mucha ropa cambiaba de dueño una y otra vez. Cuando la vi, me di cuenta de que como mucho servía para limpiar el suelo. Todo manchado, remendado, con agujeros, sin botones ni cremalleras.
Otra parienta nos trajo una cuna que había usado su prima. Ni siquiera tenía barrotes; su esposo la intentó arreglar. Llevé ese trasto al campo y compré una cuna en condiciones.
¡Mira qué ricos estamos hechos! Ahora gastas sin pensar, pero cuando estés de baja por maternidad ya veremos si te relajas. Tendrías que haberme hecho caso, no ir tan de sobrado no paraba mi suegra.
Me da igual si se ofende o no. Tengo derecho a cuidar del bienestar de mi hijo. Si alguna vez tenemos dificultades económicas, mis padres estarán ahí. No vamos a morir por rechazar esos regalos…






