En la puerta esperaba un desconocido. Desde el instituto, Víctor siempre estuvo enamorado de Juana….

En la puerta apareció un desconocido.

Desde los días de instituto, Javier había estado enamorado de Lucía. Le escribía notitas, intentaba destacar como fuera, buscaba captar su atención con cada gesto torpe y sincero.

Pero Lucía tenía los ojos puestos en Álvaro, un chico alto y rubio que jugaba al voleibol con ella en el equipo del colegio.

Javier, con su aspecto desaliñado y su rendimiento académico mediocre, apenas lograba una mirada de Lucía.

Tiempo después, Álvaro empezó a salir con Teresa, la chica de la clase paralela.

Al terminar el instituto, Javier no se rindió y volvió a intentar llamar la atención de Lucía.

Incluso se atrevió a proponerle matrimonio la noche del baile de graduación…

Pero Lucía fue tajante: «¡No!». Ni siquiera quería pensar en él como pareja.

Después de la universidad, Lucía consiguió trabajo como contable en una empresa de Madrid. Su jefe, don Marcos García, un atractivo moreno diez años mayor que ella, causó en Lucía una profunda admiración. Le fascinaban su profesionalidad, inteligencia y presencia arrolladora.

Entre ambos surgieron sentimientos. Lucía no se preocupaba por el hecho de que Marcos estuviera casado y tuviera un hijo pequeño.

Marcos le prometía que se separaría, jurando que sólo la amaba a ella.

Pasaron los años, y Lucía se acostumbró a pasar los fines de semana y las fiestas sola, esperando a que su amante cumpliera su palabra.

Una tarde, mientras hacía la compra en el Mercado de San Miguel, vio a Marcos paseando con su esposa, quien además estaba embarazada. Él la sujetaba con ternura y después tomaba las bolsas, antes de subir juntos al coche.

Lucía, al contemplar aquella escena idílica, rompió a llorar.

Al día siguiente, pidió la baja en la oficina y presentó la carta de renuncia.

El Año Nuevo se acercaba. A Lucía no le apetecía comprar comida, ni adornar la casa, ni preparar la celebración. Su ánimo estaba por los suelos.

Un día, al llegar a casa una pequeña vivienda en las afueras de Alcalá de Henares notó el frío intenso. El gas no funcionaba. El viejo termoestato estaba completamente averiado.

Intentó llamar a un técnico, pero con las fiestas cerca, todos pedían precios desorbitados, especialmente al oír que debían ir hasta las afueras.

Desesperada, telefoneó a su amiga Carmen, cuyo marido trabajaba en el oficio y quizás podría echarle una mano.

Carmen le prometió hablar con él enseguida.

Dos horas más tarde, Lucía escuchó timbrar la puerta.

Al abrir, reconoció tras ese rostro desconocido a Javier, su antiguo compañero de clase.

Hola, Lucía, ¿me cuentas qué ha pasado aquí?

¿Cómo lo supiste? musitó ella, sorprendida.

Mi jefe me llamó, me pidió venir a esta dirección porque aquí estaban pelándose de frío. ¿Has vaciado el circuito del radiador, para que no se congele?

No, no tengo ni idea de cómo se hace.

Madre mía Así podrías quedarte sin calefacción todo el invierno. Menos mal que por lo menos no hiela mucho.

Javier vació el circuito en un momento, trasteó con el termo y después se marchó.

A la hora, regresó con las piezas necesarias.

Pronto, la casa de Lucía volvió a llenarse de calor. Javier se lavó las manos, y le preguntó:

Lucía, la llave del grifo gotea y la bombilla del pasillo parpadea ¿Tu pareja no puede arreglar estas cosas?

No tengo pareja dijo ella, bajito.

¿Y eso? ¿Sigues buscando al hombre ideal?

¿Qué va? No hay nadie en mi vida se sinceró, dejando escapar un leve suspiro.

¿Entonces por qué me rechazaste aquel día? sonrió Javier, con ese aire travieso que le resultaba tan familiar.

Ella no respondió.

Javier arregló la llave, cambió la bombilla y se despidió.

Lucía, entre recuerdos, volvió a ver al niño rechoncho de antaño, aquel que solía mirarla con ojos llenos de anhelo.

Javier había cambiado mucho: ahora era alto y delgado, de intensa mirada castaña. Pero su sonrisa, esa sonrisa sincera, seguía siendo la misma de antes.

Ni siquiera le preguntó si estaba casado ahora.

El 31 de diciembre, sonó inesperadamente el timbre.

Lucía, sorprendida, fue a abrir la puerta. No esperaba a nadie esa noche.

En el umbral estaba Javier, vestido con un traje nuevo y un ramo de flores en las manos.

Lucía, vengo a preguntarte una vez más: ¿Te casarás conmigo o seguirás esperando a un príncipe azul hasta la jubilación?

Las lágrimas brotaron de los ojos de Lucía. Asintió emocionada, sin dudarlo.

A la segunda, la propuesta fue aceptada…

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MagistrUm
En la puerta esperaba un desconocido. Desde el instituto, Víctor siempre estuvo enamorado de Juana….