Envejecer no es algo a lo que debamos resistirnos, sino algo que debemos honrar.

En el sueño extraño de la noche madrileña, la vejez no es una sombra a la която трябва да се противопоставяш, а un templo ante el cual inclinar la cabeza. En las calles empedradas de Toledo, una voz me susurraba que los años jamás arrebatan tu hermosura, tu valía, ni esa luz interna. Más bien, las horas parecían desvestir las expectativas ajenas, como si cada capa desprendida dejase visible el reluciente corazón que existe bajo el murmullo del mundo.

El tiempo no mengua, sino que purifica, decía un reflejo en el escaparate de una vieja pastelería de Salamanca. Lima los bordes cortantes que dejaron de servir y refuerza con esmero esas partes propias que merecen perdurar. Es el ora et labora de la existencia: aprender a soltar lo que nunca te ha pertenecido, como esa necesidad insaciable de encajar en todos los rincones, de ser todo para todos, de impresionar a quienes ni siquiera nombrarías en voz alta.

Y justo cuando uno deja ir, ocurre la magia: te vas encontrando a ti misma más completa que nunca. Las líneas sobre la piel, en ese juego de luces y sombras bajo el cielo castellano, no son un adiós a la juventud, sino mapas de risas, duelos, corajes y ternuras. Entre la multitud de Segovia, me acariciaba el viento una cabellera donde el plateado era más bien corona forjada por los inviernos vividos y los veranos celebrados, constancia de batallas libradas y momentos acariciados.

Con los años, la neblina se desvanece y la claridad asoma. Aprendes a querer con intención. Tus palabras suenan más a verdad. Agarras con firmeza lo importante y dejas marchar, como hojas en la Plaza Mayor, lo que nunca tuvo peso real. En el tapiz de Castilla, la edad no quita, suma: más hondura, más juicio, más plenitud.

Por eso, cada vez que el calendario se da la vuelta y celebramos con uvas en Nochevieja, recibo el año nuevo sin temor, sólo con gratitud. Por la sabiduría hallada, la fuerza descubierta, y la maravilla de ser esa persona única en la que me convierto, día tras día, momento tras momento, entre sueños y despertares extraños bajo el sol de la meseta.

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MagistrUm
Envejecer no es algo a lo que debamos resistirnos, sino algo que debemos honrar.