Incómodo: Tener hijos de diferentes padres

Mira, te tengo que contar una historia de unos vecinos míos aquí, en Madrid. Son un matrimonio mayor, muy de barrio, y vive con ellos su hija, que se llama Rocío, y resulta que tiene tres hijas pequeñitas. Todo el mundo la conoce porque siempre va liada con las niñas arriba y abajo. Bueno, a Rocío algunos la ven como la oveja negra, porque las niñas son de tres padres distintos, o eso se comenta.

Dicen que Rocío se casó por primera vez cuando tenía sólo dieciocho años. El chico, un tal Sergio, estaba loquísimo por ella. Sus padres no pusieron pegas, al contrario, querían que su hija fuera feliz y todo eso que se dice siempre. Así que la boda se celebró y vivieron juntos unos cinco años, pero no conseguían tener hijos. Ya sabes cómo es la gente aquí, a la mínima empiezan los rumores y le echaron toda la culpa a Rocío, como si fuera cosa suya. Que si había salido mucho de fiesta antes, que si por eso, que si por lo otro

La pobre encima no tuvo suerte con la suegra, que era muy del pueblo y todo el día le metía en la cabeza al hijo que una mujer que no da hijos no sirve para nada. Total, que Sergio escuchó a su madre y dejó a Rocío. Cuando llegó el momento del divorcio, la verdad es que ella ni se molestó en cambiarse el apellido, decía que para qué, sólo le traería más líos con el papeleo.

Al poco tiempo conoció a otro chico y, de repente, se quedó embarazada. Ahí quedó claro que el problema no era ella. Nació la niña, pero el padre desapareció en cuanto supo que iba a tener una hija, ni la quiso reconocer. Imagínate, Rocío tuvo que poner a la niña a nombre de su exmarido, por lo menos para que no estuviera sola en los papeles.

Su madre, que siempre había querido nietos, se puso contenta igual. Y, fíjate, pasado un tiempo Rocío volvió a decirles que estaba esperando otro bebé. Al menos esta vez se había vuelto a casar, así que parecía que las cosas empezarían a ir algo mejor, ¿no? Pues nada, el nuevo marido tampoco quería tener hijos tan pronto. Al final, cuando nació la niña, tuvo algunos problemas de salud, y el padre se asustó y se largó, ni siquiera llegó a tramitar el divorcio.

Pasó el tiempo, y Rocío conoció a otro hombre. A sus padres no les hacía mucha gracia, claro, porque ya tenían la casa llena y bastantes dificultades para llegar a fin de mes. Pero a Rocío no le importó, ella quería otra hija y adelante. Como siempre, el padre de la niña puso tierra de por medio antes de que naciera.

Por suerte, entre los padres y ella habían logrado comprar un pisito en Vallecas, así al menos tenía un sitio propio. Pero después de discutir con sus padres, Rocío se dio cuenta de que tenía que buscarse la vida para sacar adelante a sus tres niñas. Decidió entonces intentar pedir la pensión alimenticia. ¿Y sabes lo que pasó? Ninguno de los padres quiso saber nada, unos ni la respondían y otros incluso le amenazaron con líos.

Así es la vida de Rocío: tiene a sus hijas -que las quiere con locura- pero se ve otra vez en apuros, luchando por salir adelante. La verdad, no sé cómo aguanta tanto.

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