¡Eres un traidor! — No habrá boda — Amor mío, ¿pero qué tontería es esta que me reclamas? — Su prom…

¿Cariño, qué tontería me estás reclamando ahora? respondió su prometido apenas echando un vistazo a la foto. Yo solo te quiero a ti, no necesito a nadie más. Seguro que eso es un montaje.

¿Ah, sí? ¿Y quién iba a querer hacer algo así, según tú? A Lidia le hirió que Arcadio tratase todo con tanta indiferencia. Incluso se defendía sin ganas.

La peluquería que su abuela le dejó como herencia nunca fue el verdadero interés de Lidia. A ella lo que le entusiasmaba era enseñar pintura a los niños en la escuela de arte. Por supuesto, no rechazó la herencia.

La peluquería daba buenos ingresos y estaba magníficamente gestionada por una administradora responsable y de confianza. Así, Lidia podía dedicarse a lo que realmente le gustaba y no le faltaba de nada. Solo echaba de menos una familia.

Tras la muerte de su abuela, a los 27 Lidia se sintió realmente sola, hasta que, un año después, conoció en una exposición a Arcadio.

Era un hombre atractivo, con una sonrisa tímida, que la conquistó a base de gentileza, bondad y un sincero interés por cómo se sentía.

Dos meses después Arcadio la invitó a cenar a casa, para presentarle a su padrastro, Don Julián.

Mi padre biológico falleció cuando yo tenía cuatro años contó el prometido. Mi madre volvió a casarse diez años después.

Nunca llegué a llamar padre a Don Julián, aunque nuestra relación siempre ha sido buena. Cuando mi madre murió hace dos años, me quedé viviendo con él.

Don Julián agradó enseguida a Lidia: elegante, mirada viva, maneras impecables no aparentaba sus 56 años.

A Lidia, a su vez, se notaba que también le cayó bien.

Menudo golpe de suerte ha tenido nuestro pipiolo dijo Don Julián, besando con galantería la mano de Lidia, ¡menuda joya de chica te has echado!

¿Pipiolo por qué, Don Julián? Arcadio fingió ofenderse, sonriendo.

Porque un hombre hecho y derecho no trabaja como encargado de materiales de ocio respondió el padrastro entre risas. Pero oye, lo importante es que hayas encontrado una novia estupenda.

Al principio, Lidia se sentía incómoda, pero pronto acabó riendo con todos los chistes de Don Julián, incluso haciendo que Arcadio se pusiera algo celoso.

A los seis meses, Arcadio le pidió matrimonio. Lidia estaba tan enamorada e ilusionada, tan inmersa en soñar con su futura familia, que al principio ni se dio cuenta de las fotos que le llegaron al móvil.

Cuando reparó en ellas, se quedó paralizada: Arcadio aparecía abrazando y besando cariñosamente a otra chica, con su habitual sonrisa tímida.

La fecha marcada indicaba que eran de hacía solo unas semanas.

Cariño, ¿qué tontería me estás reclamando ahora? repitió él, sin apenas mirar las fotos. Yo solo te quiero a ti, eso es claramente un montaje.

¿Ah sí? ¿Quién crees que ha hecho esto? le desagradó aún más a Lidia ver su apatía.

Ni idea contestó tan tranquilo. Gente rara hay en todos lados.

Lidia perdió la paciencia. Otro en su lugar se habría desvivido en dar explicaciones, hubiera jurado amor, prometido encontrar al culpable Pero Arcadio, además de traicionarla, ni siquiera parecía sentir la necesidad de disculparse.

¡Eres un traidor! ¡No habrá boda! gritó Lidia entre lágrimas, saliendo corriendo de la casa bajo la atónita mirada del novio.

Estuvo tres días llorando en casa, luego una semana sin salir, refugiada en una baja médica. Pensó en todo Arcadio, por cierto, jamás intentó contactarla. Finalmente, decidió que debía sobreponerse.

¿Y si esas fotos eran un montaje de verdad? Ahora se pueden crear imágenes de cualquier cosa con inteligencia artificial Y ella, en un arrebato, renunció tan fácilmente.

Para su sorpresa, la chica de las fotos existía: lo descubrió pronto gracias a Internet, pues encontró sus perfiles en tres redes sociales. Su rival se llamaba Verónica y accedió a verse.

Pero si esas fotos son antiguas rió Verónica al escuchar la historia y ver las imágenes. Hace más de un año de aquello.

¿Seguro? Aquí pone la fecha insistió Lidia, confusa.

¡Anda ya! Si lo fácil es cambiar la fecha Verónica le dedicó una mirada compasiva. Si de verdad tienes interés.

¿Fuiste tú quien las envió?

¡De ninguna manera! ¿Para qué iba a querer eso? Cuando salía con Arcadio fue solo un par de meses. No encajamos. Y, por cierto, pronto me caso.

¿Sí? Pues en tus redes no se ve ningún novio Lidia escudriñó su rostro.

La felicidad prefiere la discreción sonrió Verónica, ya pondré fotos de la boda cuando toque.

Así que alguien realmente había calumniado a Arcadio, y Lidia se lo creyó del tirón, haciéndole daño injustamente. Tenía que corregirlo.

Él no respondía a sus mensajes ni llamadas. Dos días después, Lidia decidió acercarse a casa de Arcadio.

Llegó por la tarde, segura de encontrarlo. Justo entonces vio cómo se bajaba del coche de su vieja conocida Clara.

Habían crecido en el mismo barrio, incluso fueron amigas, pero la fuerte personalidad de Clara siempre incomodó a Lidia, así que su trato acabó siendo solo un saludo ocasional. Desde que falleció la abuela de Lidia, Clara se había acercado con insistencia para comprarle la peluquería para instalar allí su propio negocio de masajes (ya tenía dos locales pero quería aquel sitio).

Lidia sabía perfectamente el tipo de servicios que realmente ofrecían algunos salones de Clara y no quería deshacerse del suyo.

Se negó varias veces a la suculenta oferta. ¿Sería esa la razón para que le robara el novio?

Mientras Lidia cavilaba en esto, vio cómo Arcadio y Clara se despedían con cariño y esta se marchaba en su coche.

Ya te lo avisé: Arcadio es un crío escuchó la voz baja de Don Julián tras ella.

Buenas tardes, Don Julián murmuró avergonzada.

Buenas, guapa. Déjate de líos con Arcadio. Mejor cásate conmigo bromeó él, aunque sus ojos eran serios.

Perdone, ahora estoy muy ocupada masculló Lidia, marchándose a toda prisa.

Encontrar a Clara fue fácil. Al llegar a su barrio, justo la vio aparcando.

¿Así que quieres quitarme el novio? ¡Te pillé con las fotos, lo descubrí todo! desafió Lidia, firme, mirándola a los ojos.

¿Qué fotos? Clara parecía sinceramente sorprendida. ¿De qué hablas?

¡No digas que no fuiste tú la que me mandó aquellas imágenes de Arcadio con otra! ¿Tampoco te funcionó esa trampa?

Lidia, ¿estás bien? Yo no te mandé nada. Arcadio empezó a cortejarme hace una semana, creía que ya lo habíais dejado

Lidia le leyó el rostro. Parecía decir la verdad. Necesitaba estar sola y pensar.

Pues yo pensaba que ibas a vender la peluquería al final le gritó Clara cuando Lidia se iba, pero esta ni se giró.

De vuelta a casa, ya más tranquila, Lidia volvió a marcar el número de Arcadio. Para su sorpresa, respondió.

Ven si quieres, pero estoy algo malucho, no me encuentro muy bien deslizó, indiferente.

No hacía falta que se lo repitieran. Lidia fue enseguida.

Arcadio, me equivoqué. Perdóname, de verdad. Es que te quiero tanto que me dio celos. Todo parecía real Perdóname.

Bueno, vale dijo él, encogiéndose de hombros. Suele pasar.

¡Eres maravilloso! Lidia se le echó al cuello. ¡Cuánto te quiero!

Pero Arcadio, con suavidad, la apartó.

Mejor quedémonos como amigos.

¿Cómo? ¡Pero si íbamos a casarnos!

Lidia frunció el ceño él, me casaré con Clara.

¿Qué? Si decías que me amabas ¡si íbamos a casarnos!

Mejor no dramatices. La verdad es que tu carácter impulsivo me hizo cambiar de opinión. No quiero líos. Además, Clara tiene mejor negocio. Debo pensar en mi futuro.

No podía ni articular palabra. Arcadio la había usado y, sin más, la cambiaba por otra.

Lidia salió corriendo del piso, bajó las escaleras casi sin fuerza y, ya en la calle, se sentó casi desmayada en un banco.

A los cinco minutos, Don Julián se sentó a su lado.

Pobrecita mía le acarició el cabello con delicadeza, mejor que esto haya salido a la luz ahora.

Pero ¿quién montó todo este lío? Lidia rompió a llorar.

Yo respondió en voz baja Don Julián.

¿Usted? ¿Por qué? Lidia dejó de llorar por la sorpresa.

Me enamoré de ti la primera vez que viniste a casa. Decidí que quería casarme contigo, pero tú no me mirabas. Siempre “Arcadio, Arcadio”. Y ese chico solo te quiere por tu dinero.

Quise ponerte en contra de él, pero al oírle presumir ante un amigo de haberse buscado una novia rica, entendí que no se alejaría de ti. Así que lo dejé correr Ya daba igual.

¡Pero ha destrozado mi vida!

No, te la he salvado. Habrías sufrido aún más después. ¿Te casarás conmigo, Lidia?

¡Está usted loco! Lidia se levantó de golpe y se marchó a casa sin mirar atrás.

Se fue de la ciudad, pero Don Julián la buscó y siguió intentando conquistarla. Con el tiempo, solo mantuvieron una relación de amistad. Al cabo de un año, Julián falleció, dejándole a Lidia todo en herencia, aunque ella no lo celebró. Ya se había acostumbrado a su presencia.

Arcadio, por cierto, se enfadó mucho al perder el piso, pero a Lidia ya no le importaba lo más mínimo.

La vida le enseñó a Lidia que no todo lo que reluce es oro, que la deslealtad y la avaricia acaban revelándose, y que es mejor quedarse sola que mal acompañada. Aprendió que confiar en su intuición y en su propio valor era el único camino para ser verdaderamente feliz.

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