Conocí a un chico en la fiesta de cumpleaños de una amiga. Resultó ser amigo del novio de ella. Al parecer nos caímos bien y me invitó a salir por Madrid.
Cuando nos encontramos, me dijo que teníamos que pasar por el supermercado a comprar unas cosas y que después iríamos juntos a casa de un amigo suyo. Como hacía bastante frío fuera y no me sugirió ninguna otra alternativa más cómoda, como una cafetería o ir al cine, acepté sin problema.
Me propuso que comprásemos una pizza y algún que otro producto más. Entramos en el supermercado, cogimos un carrito y comenzamos a buscar lo necesario. Fue entonces cuando él empezó a llenar el carrito con una botella de brandy caro, un paquete de embutidos ibéricos, queso manchego, una piña…
Me quedé un poco sorprendida. Por mi parte, metí unas mandarinas y unas galletas, ya que no llevaba mucho dinero encima. Yo iba a una cita, no a hacer la compra semanal.
Así que pensé que era un detalle de su parte, que sería generoso.
Llegamos a la caja y había cinco personas delante. De repente, él se aparta del carrito y me dice: Ahora vuelvo. No entendí qué pasaba. Cuando me tocó a mí, cogí las mandarinas y las galletas, lo único que yo había puesto, y dejé el resto.
Salgo del supermercado y le encuentro esperándome en la puerta. Me coge la bolsa y al notar que prácticamente no pesa nada, mira dentro y, totalmente desconcertado, pregunta: ¿Dónde está todo lo demás?
Le señalé hacia dentro del supermercado. Se puso a gritar enfadado, diciéndome que era una tacaña, que podría haberlo pagado todo, que había perdido su tiempo conmigo…







