El comportamiento de mi sobrina se ha convertido en una preocupación para la familia, ya que sus padres la han consentido tanto que se cree una princesa y trata a todos a su alrededor como si fueran sus sirvientes. La situación ha empeorado porque está a punto de empezar el colegio, pero sigue confiando en contar con los dedos.

Querido diario,

Últimamente, el comportamiento de mi sobrina se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para toda la familia. Sus padres la han consentido tanto que está convencida de que es una princesa y trata a todos los de su entorno como si fuésemos sus criados. El asunto ha empeorado porque dentro de nada empezará el colegio, pero todavía se conforma con contar solo con los dedos.

Recuerdo que todo empezó nada más nacer; toda la familia sintió que tenía que volcarse con ella y mimarla en exceso. Incluso mi suegra se instaló en el piso, ya de por sí pequeño, de su hijo para ayudar con la recién nacida. Por desgracia, en vez de enseñarle límites y dirección, los adultos daban respuesta a todos y cada uno de sus caprichos. Así la aprendió que, llorando o gritando, conseguía todo lo que se le antojaba.

Con tan solo seis meses ya había pillado el truco y manejaba a los adultos a su alrededor. Esto generaba un caos constante en casa y los demás miembros de la familia pasamos a un segundo plano. A la desesperada, mi cuñado optó por marcharse pero siguió malcriándola incluso después del divorcio. Le compraba vestidos, cosméticos y zapatos a montones, tratándola literalmente como a una princesa. Cada intento, ya fuera nuestro o del profesorado, de corregir este comportamiento y devolverla a la realidad acababa siempre en discusiones sin fin.

La educación de mi sobrina giró tanto en torno a esta imagen de princesa, que ella no mostró ninguna motivación por aprender o desarrollar habilidades básicas. Ahora que está a punto de entrar en primero de primaria, sigue contando con los dedos, y ni siquiera posee los conocimientos más elementales que sí tienen la mayoría de los niños de su edad. Sus padres defienden una crianza sin reglas, basando su método en dejar que la niña tome sus propias decisiones siempre, sin restricción alguna. Sin embargo, la profesora sostiene que una pequeña debería mostrar más humildad y saber, al menos, comunicarse con los adultos de forma básica.

Decepcionados y agotados por las faltas de respeto y la falta de educación de la niña, los adultos a su cargo han decidido limitar el contacto con ella para proteger su propia tranquilidad mental. Creemos firmemente que son sus padres quienes deben hacerse cargo, inculcarle unos valores y enseñarle principios fundamentales para desenvolverse en la vida.

Rate article
MagistrUm
El comportamiento de mi sobrina se ha convertido en una preocupación para la familia, ya que sus padres la han consentido tanto que se cree una princesa y trata a todos a su alrededor como si fueran sus sirvientes. La situación ha empeorado porque está a punto de empezar el colegio, pero sigue confiando en contar con los dedos.