Tengo un amigo de 35 años que nunca ha trabajado y ahora se presenta a un puesto directivo con un sueldo alto.

Hay una mujer con la que estudié en el colegio. Pongamos que se llama Inés. Inés, por cierto, era toda una diva en clase. Al terminar el instituto, se fue a la Universidad Complutense para estudiar Derecho. Más adelante decidió sacar otra carrera y se matriculó en algo relacionado con comercio y gestión de empresas. En esta segunda carrera conoció a un chico con el que terminó casándose. Este chico tenía un sueldo bastante bueno y nunca le pidió a Inés que trabajase, así que ella pudo terminar sus estudios tranquilamente.

Cuando Inés terminó su segunda carrera universitaria, no se puso a buscar trabajo; se quedó en casa. Cuando los amigos le preguntaban por qué, ella respondía que estaba encantada con la vida que llevaba. Decía que a su marido le gustaba tener la casa limpia y acogedora, y que no podría habérselo ofrecido si hubiese estado trabajando. Su marido le daba dinero para todo lo que quisiera: desde ir a salones de belleza hasta gimnasios exclusivos.

Así vivían ellos. De vez en cuando, cuenta Inés, su esposo mencionaba lo mucho que le apetecía tener un hijo, pero ella evitaba el tema. Inés no quería tener hijos: sólo le preocupaba mantener su figura, su salud y disfrutar de su tiempo libre.

El matrimonio duró unos doce años, hasta que finalmente decidieron divorciarse. Inés nunca ha contado exactamente lo que ocurrió y yo prefiero no hacer conjeturas. Se separaron y su ex marido dejó de pasarle dinero.

Ahora es su padre, que aún sigue trabajando, quien la mantiene. Pero lo que le pasa su padre no tiene nada que ver con lo que Inés estaba acostumbrada a gastar; le resulta difícil mantener el ritmo de vida que llevaba antes. Y su padre insiste en que lo mejor sería que Inés empezara a trabajar, porque, al fin y al cabo, es una mujer hecha y derecha de treinta y cinco años.

Inés ha recurrido a nuestros antiguos compañeros de colegio para que le ayuden a encontrar empleo. Uno de ellos tiene una tienda en un centro comercial de Madrid y le propuso trabajar como dependienta. Pero a Inés le pareció fatal la idea. Dijo que, con dos carreras universitarias, no iba a estar cambiando cajas o doblando ropa.

Me parece de lo más curioso. No tiene experiencia laboral porque lleva años sin trabajar, pero sus expectativas son altísimas. Aspira directamente a un puesto de directiva con un sueldo elevado.

¿Qué opináis de esto? ¿Qué tipo de trabajo creéis que puede conseguir una persona con treinta y cinco años y que nunca ha trabajado?

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Tengo un amigo de 35 años que nunca ha trabajado y ahora se presenta a un puesto directivo con un sueldo alto.