El padre recibió un mensaje en clave de su hijo y comprendió que debía actuar de inmediato

Querido diario,

Hoy no pot dejar de darle vueltas a las preocupaciones que surgen cuando una hija adolescente sale de casa para encontrarse con sus amigas. Supongo que todos los padres españoles entendemos ese nudo en el estómago: la llamo para asegurarme de que está bien, y aunque su Sí, mamá, todo bien viene rápido y con tono seguro, nunca termina de calmar mi inquietud. Porque, igual que nos ha pasado a todos, después te enteras de que esa noche probó por primera vez un poco de vino, o a saber qué más, llevado por la presión de grupo.

Hace unos meses leí la historia de un sacerdote, don Ramón Gutiérrez, que había afrontado estas mismas preocupaciones con su hijo menor, Gonzalo, en Madrid. Ramón venía de una familia de sacerdotes y sabía bien lo complicado que es para los adolescentes moverse entre amigos sin caer en tonterías, especialmente por miedo a que se rían de ellos. Él siempre confió en Gonzalo, pero deseaba que su hijo sintiera la libertad de recurrir a sus padres en cualquier apuro, sin temor a quedar mal delante de sus amigos.

Y así fue como se le ocurrió crear una especie de código privado, muy sencillo, como una señal de socorro. Si algo se le torcía y quería salir de una situación incómoda, sólo tenía que mandar una X por WhatsApp a cualquier miembro de la familia: a Ramón, a su madre Carmen, o a su hermana mayor, Lucía. En cuanto cualquiera recibiera ese mensaje, tenía la instrucción de llamarle al móvil en cinco minutos. Cuando Gonzalo contestara, la conversación sería más o menos así:

¿Sí? Gonzalo, ha ocurrido algo en casa y necesito ir a recogerte ya mismo. ¿Pero qué pasa? Te lo cuento cuando te vea, prepárate que llego en cinco minutos.

Después, Gonzalo podía decirles a sus amigos, sin necesidad de disculparse ni justificarse demasiado, que tenía que irse porque había pasado algo en casa. Así no daba la sensación de estar huyendo, sino simplemente ocupándose de un asunto familiar importante. Y, sobre todo, no sentía vergüenza ante sus amigos.

Lo esencial de todo esto es que Gonzalo sabía que sus padres estarían siempre de su lado. Y esa confianza, curiosamente, le ayuda a estar más tranquilo y a manejar mejor lo que pasa entre los colegas.

En este país, solemos decir: Más vale prevenir que curar, y aunque criar a una adolescente en Madrid puede ser agotador algunas veces, cultivar una relación basada en la confianza recíproca, en la que tu hija aprenda por sí misma a escoger el buen camino antes que el fácil, es uno de los valores más ricos que podemos transmitir aquí. Ahora sé que nunca dejaría tirada a mi hija, ya me cueste los ahorros en euros o los nervios de toda una vida. Merece la pena.

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El padre recibió un mensaje en clave de su hijo y comprendió que debía actuar de inmediato