Querido diario:
Conocí a Álvaro hace ya un año. Me confesó su lealtad y fidelidad, asegurando que sus sentimientos por mí eran sinceros. Y, la verdad, nos parecíamos mucho. Ambos habíamos pasado por matrimonios fracasados. Ambos necesitábamos apoyo y comprensión. Y yo juraba que lo habíamos encontrado el uno en el otro. Pero al final resultó ser, simplemente, un parásito que solo buscaba aprovecharse de mí en todos los sentidos.
Mis amigas me advirtieron que no me precipitara, que no le dejara instalarse en mi casa sin pensarlo bien. Pero no quise escuchar a nadie. Ni siquiera me sorprendió que, a sus treinta años, no tuviera un empleo fijo. Era prácticamente un indigente. Ni siquiera sabía conducir. Pero yo solo pensaba en el romanticismo. No razonaba como una persona adulta, sino como una adolescente tonta.
Todo cambió la noche que no volvió a casa y a la mañana siguiente me di cuenta de que faltaba dinero de mi bolso. Fue entonces cuando además de pensarlo, abrí los ojos de verdad. Así fue cómo ocurrió todo.
Incluso intenté ayudarle a encontrar trabajo. Comió durante meses a costa mía. Le compré ropa. Le llevé a sitios a los que jamás había ido: restaurantes, centros comerciales Siempre se comportó de manera educada con mis familiares y mis amigas, nunca discutía con nadie. De verdad quise creer que cambiaría, que volvería en sí.
Pero me equivoqué. Mi paciencia se agotó. No tuve más remedio que echarle de casa. Aun así, no perdió la cara y pretendía llevarse el móvil que le había regalado. Pero le paré en seco y le dejé claro que solo podía marcharse con lo que fuese suyo de antes.
¿Me sentí ofendida? ¡Por supuesto! ¿Me dolió perder un año entero por alguien que no lo merecía? ¡Sin duda! Al final, mi error me salió carísimo, en todos los sentidos. Este parásito se aprovechó de mí. Pero ahora seré más fuerte y más sabia.
Intenta que no te pase lo mismo. Ten los ojos bien abiertos y no bajes la guardia. Asegúrate de que la persona a tu lado es sincera. Si ves que no lo es, corta de raíz. No titubees. Dale exactamente lo que merece.




