Durante cinco años, creí que compartía mi vida con mi esposa, pero resultó que ella en realidad buscaba vivir conmigo como si yo fuera su madre.
Leticia vino al mundo en un pequeño pueblo de Castilla. Allí fue alcanzada de lleno por las flechas de Cupido. Se enamoró de Álvaro y él de ella. Decidieron entonces que dejarían atrás su pequeña tierra natal y le contaron a sus padres que se iban a Madrid para ahorrar dinero para la boda. Y en efecto, fueron para ganar dinero. Pero después optaron por no gastar en una boda tradicional.
Hicieron lo que ahora está de moda: casarse en zapatillas y vaqueros, recibir solo sobres con dinero como regalos y plantear un sencillo cóctel en lugar de un gran banquete. El dinero que les regalaron lo usaron para amortizar parte de la hipoteca del piso. No obstante, sus madres, cuando regresaron al pueblo, les organizaron una pequeña celebración familiar.
Ya habían pasado cinco años desde aquello. Los esposos decidieron postergar el tema de los hijos mientras terminaban de pagar la hipoteca, porque lo recaudado en la boda no fue suficiente. La madre de Leticia era toda resiliencia, había criado a su hija sola y en cada llamada le recordaba que deseaba ser abuela. Pero Leticia aún no se sentía lista. No había ninguna urgencia y, por tanto, no apresuraban las cosas.
Fue entonces cuando, de repente, Leticia empezó a tenerme rencor por cuestiones de antes, aunque hasta ese momento había sabido contenerse. Me llamó por teléfono y me dijo:
Se pasa horas hablando por teléfono con los amigos, y conmigo solo intercambio un hola y adiós
Cuando vuelva del trabajo tendréis tiempo de sobra para charlar tranquilos.
Después del trabajo yo quiero ver una película romántica, y él solo pone películas de miedo.
¿Cuántos televisores tenéis? Hoy en día cualquiera puede ver una película en el ordenador con auriculares Aunque cierto es que no da sensación de hogar si cada uno está a lo suyo y se ignoran en el sofá.
¡Eso mismo pienso yo! No creo que Álvaro me comprenda
Vaya acusación tan curiosa.
¿Por qué te ríes?
Perdona, no era mi intención. Leticia, ¿cuándo lo pasáis bien juntos?
Cuando estamos de vacaciones o nos visitan amigos Ahí sí, es súper atento
La charla con Leticia se alargó casi una hora. Me relató cómo se conocieron y cómo todas sus amigas sentían envidia de ella en aquellos tiempos. Saqué en claro que su gran problema era una necesidad insatisfecha de impresionar a los demás. Ese era el primer conflicto, y después
Leticia, ¿cómo sería tu matrimonio ideal?
Obligatoriamente con hijos.
Bueno, todo el mundo dice eso, pero tras tener hijos muchos matrimonios fracasan…
Mi esposo debería interesarse por mi estado de ánimo, preguntarme cómo va mi trabajo, saber apreciar mi ropa, elogiar mi cocido
¿No sientes que él te valora?
Apenas dice que está bien, pero a mí me sabe a poco.
Explícame con detalle. Por ejemplo, llega a casa, le sirves un plato de puré con filetes rusos y entonces
Se frota las manos y sonríe.
¡Eso también cuenta como elogio! Seguro que te sentaría peor si apartara el plato diciendo que no tiene hambre
Leticia guardó silencio; quizás no acababa de comprender el fondo de su queja. Sin embargo, algo le provocaba insatisfacción con su marido. Me preguntaba por qué, y para confirmar mis sospechas, le pregunté cómo era su relación con su madre.
Descubrí que su madre era muy emocional. Solía atosigarla con preguntas y comentarios, aunque, cuando algo iba mal, no dudaba en apoyarla y animarla diciéndole que todo iría bien.
A menudo se oye decir que nos casamos con personas parecidas a nuestros progenitores, o con quienes esperan darnos mucho cariño. Leticia creció sin padre, así que no sabía que no todo el mundo expresa las emociones tan abiertamente como su madre.
Finalmente, le expliqué a Leticia que llevaba cinco años siendo, en cierto modo, la esposa de su madre, esperando de mí exactamente los mismos gestos. Al principio se mostró sorprendida, pero tras reflexionar, acabó reconociéndolo.
¿Entonces cómo me divorcio de mi madre?
Es sencillo. Cada vez que sientas un reproche, piensa que Álvaro no tiene nada que ver, que quien está a tu lado es tu madre, tan atenta como siempre. Y él jamás podrá competir con ella.
¡Eso es!
¡Eso es todo! Verás como las quejas desaparecen solas.
Lección aprendida: querer es conocer y reconocer la verdadera esencia del otro, aceptar sus diferencias, y no buscar en la pareja lo que sólo nos dio una madre.






