Esta historia ocurre hace apenas unos meses, en una tarde en la que Alejandro regresaba del aeropuerto de Barajas después de recoger a su madre. De camino a casa, en la autovía de Madrid, se cruza con una joven que está sola en el arcén. Decide detenerse y prestarle ayuda. Al subir al coche, Alejandro le presta su chaqueta, ya que la chica está completamente empapada después de una lluvia repentina.
La joven, llamada Lucía, le cuenta que su propio padre la ha echado de casa tras una discusión acalorada. Lucía le pide a Alejandro que la acerque a la estación de tren de Atocha, donde podrá pasar la noche y pensar con calma qué hacer al día siguiente. Pero Alejandro no puede dejarla a su suerte tan fácilmente, por lo que le propone que se quede en su piso, al menos hasta que encuentre una solución.
Así, Lucía comienza a vivir temporalmente con Alejandro en su piso del centro de Madrid. Pasan tres meses conviviendo, y entonces sucede algo inesperado.
Un día, Lucía se encuentra indispuesta y, tras acudir al centro de salud, le comunican que está embarazada. Al principio, Alejandro no sabe cómo asumir la noticia, pero rápidamente toma la firme decisión de que interrumpir el embarazo es impensable. Poco después, le propone matrimonio a Lucía.
Lo más curioso es que Alejandro presume ante sus amigos de lo exquisita que cocina Lucía y de lo bien que gestiona el hogar. Pero guarda un secreto: nunca ha sido capaz de amar a una mujer, y sigue con Lucía por pura compasión. Ignora cuánto durará su matrimonio, pero por ahora se conforma con ver sonreír a Lucía cada día y compartir con ella los pequeños momentos de felicidad.





