Cómo afrontar la vida cuando tu esposa se ha convertido en una auténtica “cerdita” en casa

Mi mujer y yo llevamos juntos doce años ¡que no está nada mal para los tiempos que corren, verdad! Al principio todo era fenomenal: yo trabajaba, ella llevaba la casa y, como quien no quiere la cosa, me regaló dos hijos estupendos, una chica y un chaval.

Hace poco me ascendieron en el curro y, claro, el sueldo subió. Lo lógico sería pensar que ahora todo es sol y jamón. Pero, amigo, los problemas vinieron del sitio más inesperado. De repente, a mi mujer le ha dado por las telenovelas. Y cuando digo telenovelas, me refiero a CUALQUIER cosa: desde policíacos españoles y amoríos turcos hasta culebrones coreanos, que ahora están tan de moda (y yo que acabo de aprender lo que es un “dorama”…).

Si sólo fuera eso, ni tan mal: cada uno se relaja como quiere. Pero la cosa se ha ido de madre: ahora se pasa el día entero pegada al sofá viendo series. Poco a poco, dejó de limpiar y hasta de cocinar. Cuando le digo algo, me dice que pidamos comida a domicilio, si es que nos llega la nómina, claro. Y sí, tirar de croquetas y tortillas del bar está bien un día, pero ¿los críos no pueden comer así todos los días?

Por otro lado, ella misma ha cogido algo de peso, normal, de estar todo el día sentada frente a la pantalla y picando. Le propuse apuntarnos juntos al gimnasio o dar unas brazadas en la piscina municipal, pero la respuesta es siempre la misma: Estoy cansada. ¿Cansada de qué, digo yo? Un día, para darle un toque de atención, contraté a una señora de la limpieza, dejó la casa niquelada. Así que mi mujer, encantada: ahora sí que no hace nada de nada. ¡Ni tiempo tiene, con tanto drama televisivo, para encargarse de los niños!

No sé cómo llevarlo. Esa mujer chispeante y divertida de la que me enamoré se ha convertido en una sombra, obsesionada con los destinos de unos actores en una pantalla. Muchas veces tengo que volver de la oficina para poner la lavadora o hacer los deberes con los peques. Mi suegra, por supuesto, siempre defiende a su niña ella, que siempre pensó que yo no llegaba ni a la suela del zapato de su hija, así que tampoco puedo contar con ella.

La verdad, ya me ronda la idea del divorcio. Siento mucho por los niños, que son al final quienes más lo sufren. Y yo aquí, más perdido que un pulpo en un garaje, sin saber si esto tiene solución…

Rate article
MagistrUm
Cómo afrontar la vida cuando tu esposa se ha convertido en una auténtica “cerdita” en casa